Nada más educativo para los jóvenes cubanos y el pueblo en general, que en el nonagésimo aniversario del natalicio de Ernesto "Che" Guevara, recordar su desafortunada teoría del "hombre nuevo".
Si la desaparición del ciudadano está entre las principales causas del retroceso sufrido por la sociedad cubana, el "hombre nuevo" fue el proyecto de ingeniería social para lograrlo.
Aunque el Ejército Rebelde fue la matriz del poder establecido en 1959, la instauración de un régimen totalitario basado en la eliminación de la propiedad privada, las libertades individuales y la estatización de todos los sectores sociales, requería sustituir al ciudadano (ente de derechos y deberes) por la masa (sujeto colectivo caracterizado por la impulsividad y ausencia de razonamiento, moldeada por la voluntad de un líder). Para ese fin el Estado se adjudicó el derecho único de crear centros docentes, erradicó la enseñanza privada y eliminó la autonomía universitaria.
Para perfeccionar la enseñanza en Cuba no se requería del monopolio del Estado. La prueba de ello está en el juicio por el asalto al cuartel Moncada en 1953, donde su autor, Fidel Castro, no la incluyó entre lo que él consideró como prioridades. La idea surgió posterior a la toma del poder, cuando el Gobierno orientó la brújula hacia la dictadura totalitaria: cierre de las escuelas normales formadoras de maestros que existieron antes de 1959, adoctrinamiento mediante la Campaña de Alfabetización, escuelas al campo y en el campo, y creación de contingentes estudiantiles.
La conversión del pueblo en masa, devenida proyecto de Estado mediante la creación de un hombre nuevo, la teorizó Ernesto "Che" Guevara en su ensayo "El socialismo y el hombre en Cuba": un intento voluntarista de convertir las acciones de un puñado de guerrilleros en conductas cotidianas. La idea fue copiada de proyectos similares, como el "homo sovieticus" (1928) y "el nuevo hombre socialista" (1949), en la Unión Soviética y China respectivamente.
Repasemos algunas citas del ensayo guevarista.
El 26 de julio de 1953 "un grupo de hombres dirigidos por Fidel Castro atacó el cuartel Moncada, el ataque fue un fracaso, el fracaso se transformó en desastre y los sobrevivientes fueron a parar a la cárcel, para reiniciar, luego de ser amnistiados, la lucha revolucionaria". Según el "Che", esa lucha guerrillera se desarrolló en dos ambientes distintos: el pueblo, masa todavía dormida a quien había que movilizar, y su vanguardia, la guerrilla, motor impulsor del movimiento. Esa vanguardia —afirma— fue el "agente catalizador que creó las condiciones subjetivas necesarias para “la victoria".
Sin tener en cuenta la carta de José Martí a Máximo Gómez en 1884, en la que advirtió al generalísimo: "Un pueblo no se funda, general, como se manda un campamento", el "Che" extrapoló la experiencia de las guerrillas a la sociedad cubana: "El grupo de avanzada es ideológicamente más avanzado que la masa […]. Mientras en los primeros se produce un cambio cualitativo que les permite ir al sacrificio en su función de avanzada, los segundos solo ven a medias y deben ser sometidos a estímulos y presiones de cierta intensidad; es la dictadura del proletariado ejerciéndose no sólo sobre la clase derrotada, sino también, individualmente, sobre la clase vencedora".
Para el "Che", la masa tenía que ser espoleada por la vanguardia (los guerrilleros) para marchar al sacrificio. Es, según sus palabras, la dictadura del proletariado ejercida sobre toda la sociedad. Ignora, con esa tesis, que el pueblo cubano a pesar de no haber alcanzado la madurez cívica suficiente para impedir la implantación de un sistema totalitario, no calificaba como masa: una condición resultante de su proyecto ingenieril.
"La libertad, porque esta no existe todavía, no existirá hasta el completo desarrollo de la sociedad nueva", afirma. Entiende por sociedad nueva el resultado de su proyecto. Allí, en ese lugar, los cubanos reducidos a masa alcanzarían la libertad.
Como los proyectos se miden por los resultados, seis décadas después los cubanos no solo carecen de la libertad prometida, sino de las necesidades más elementales para sobrevivir: alimentos, agua, medicamentos y electricidad.
En otro momento de su ensayo sostiene: "La culpabilidad de muchos de nuestros intelectuales y artistas reside en su pecado original; no son auténticamente revolucionarios. Podemos intentar injertar el olmo para que dé peras, pero simultáneamente hay que sembrar perales".
Esta cita evidencia la reticencia de los intelectuales cubanos a apoyar un proyecto de esa índole y explica las palabras de Fidel Castro el 30 de junio de 1961: "Dentro de la Revolución, todo. Contra la Revolución, nada".
En "El socialismo y el hombre en Cuba" puede leerse también: "Los dirigentes de la Revolución tienen hijos que en sus primeros balbuceos, no aprenden a nombrar al padre; mujeres que deben ser parte del sacrificio general de su vida para llevar la Revolución a su destino; el marco de los amigos responde al marco de los compañeros de la Revolución. No hay vida fuera de ella […]. El revolucionario, motor ideológico de la Revolución dentro de su partido, se consume en esa actividad ininterrumpida que no tiene más fin que la muerte, a menos que la construcción se logre en escala mundial".
El llamado al sacrificio subordina las personas, que siempre debe ser lo primero, a la Revolución; un propósito ajeno a la idiosincrasia de los seres humanos. Y la muerte, asumida como alternativa por los revolucionarios, se impone a todo un pueblo.
Su ensayo continúa: "Si un hombre piensa que, para dedicar su vida entera a la revolución, no puede distraer su mente por la preocupación de que a un hijo le falte determinado producto, que los zapatos de los niños estén rotos, que su familia carezca de determinado bien necesario, bajo este razonamiento deja infiltrarse los gérmenes de la futura corrupción".
La preocupación de los padres por sus hijos, una manifestación natural del papel y responsabilidad de la familia, no conduce ni ha conducido a la corrupción. Se trata de una conclusión forzada. Lo que sí propicia la corrupción es la pérdida de la soberanía popular para participar en los destinos de su nación, como lo conforma el holding GAESA, que no tiene que rendir cuentas a nadie.
Las tesis expuestas por el "Che", contrarias a la naturaleza humana, explican el fracaso de su teoría. En 1972 cientos de miles de jóvenes cubanos ni estudiaban ni trabajaban. En abril de ese año, Fidel Castro redefinió la forma de realizar el proyecto con el principio del estudio y el trabajo y decidió convertir a Cuba en una gigantesca escuela; es decir, en un gigantesco campamento. Desde esa fecha cientos de miles de "hombres nuevos" huyeron del país. El 11 de julio de 2021 marcó el fracaso definitivo cuando, en más de 50 pueblos y ciudades de Cuba, los jóvenes escenificaron la mayor manifestación popular de nuestra historia. Y hoy, en 2026, identificamos al hombre nuevo por el consumo generalizado de drogas.
El hombre nuevo se fue....