La crisis multidimensional que atraviesa Cuba, marcada por apagones prolongados y una inflación galopante, ha derivado en una grave problemática de salud mental que ha llegado a los titulares de The Guardian. En medio de llamados de "resistencia" por parte del régimen de La Habana a una población agotada y ante la incertidumbre y el desabastecimiento, cada vez más cubanos recurren al mercado negro para obtener psicofármacos.
Cris Sánchez, quien regresó a La Habana en 2018 para cuidar a sus padres tras años viviendo en Londres, es uno de los rostros de esta crisis. Sánchez admite haber recurrido a antidepresivos para mitigar el desgaste de la vida cotidiana en la Isla. "Solo para suavizar las cosas", confiesa, al describir el contraste entre su vida anterior y la precariedad actual bajo el sistema cubano.
Un profesor de Psicología en Santiago de Cuba, que prefiere el anonimato por temor a represalias, vincula directamente el deterioro mental con la falta de servicios básicos: "Alguien puede despertarse sin electricidad, sin la certeza del desayuno o sin saber cómo llegará al trabajo. Esto genera depresión, ansiedad intensa y fatiga mental".
"Ha habido un aumento en el número de personas que consumen medicamentos psicotrópicos sin receta", dijo el académico y psicólogo. Según el reporte, solo hace falta una llamada para que las pastillas, a menudo en paquetes con escritura cirílica, india o china, lleguen en bicicletas eléctricas, pero a un coste que no todos pueden asumir.
Un cuidador citado por el medio, que también pidió permanecer en el anonimato, dijo que durante el Periodo Especial las autoridades se esforzaron por financiar la fabricación de fármacos psicoactivos a diferencia de lo que sucede hoy. "Sabían que el país consumía en exceso este tipo de medicamentos, y el efecto que tienen, pero les convenía mantener a la gente tranquila", señala.
En el interior del país, la carestía obliga a alternativas más rudimentarias. Rosangela Reyes, de 28 años y residente en El Cobre, relata cómo la falta de divisas para comprar en el mercado negro obliga a la población a recurrir a las infusiones de hierbas como tilo o manzanilla para manejar el estrés. Sin embargo, en las ciudades, el fenómeno es más peligroso: el consumo de psicotrópicos como el clordiazepóxido y el clonazepam se mezcla con el auge de drogas sintéticas como "el químico", ante la falta de horizontes.
La soledad de los ancianos, tras el éxodo masivo de los últimos cinco años (cerca del 20% de la población), agrava el cuadro clínico nacional. Gabriel Menéndez, un maestro en Santa Clara que vivió la crisis de los 90, asegura que el escenario actual es más desolador. Mientras que en el "Periodo Especial" existía una "idea a la que aferrarse", hoy solo queda "aceptar la cruel realidad de lo que viene".
Para los expertos, el factor determinante es la incertidumbre. Mientras el Gobierno de Miguel Díaz-Canel insiste en consignas políticas, la población enfrenta un trauma psicológico acumulado sin un final a la vista, buscando en la automedicación el alivio que el sistema sanitario, hoy en ruinas, no puede proveer.
Pedido de medicamentos desde Miami
El sacerdote cubano José Conrado Rodríguez volvió a denunciar el deterioro de las condiciones de vida en la Isla y lanzó un llamado a la emigración para recolectar medicamentos, en medio de una crisis sanitaria que sigue golpeando a la población.
Durante una entrevista con Martí Noticias, el párroco de Trinidad —conocido por su postura crítica frente al régimen— describió un país marcado por la escasez, la inflación y el colapso de servicios básicos. "Hay mucha hambre en Cuba", afirmó, al tiempo que señaló que los bajos salarios y los altos precios dificultan el acceso a alimentos, medicinas y otros recursos esenciales.
Conrado cuestionó además la falta de espacios de diálogo dentro del país, al contrastarla con la disposición del Gobierno a negociar con actores externos. "Ellos aceptan el diálogo con Estados Unidos, pero con el pueblo de Cuba no", dijo.
El sacerdote, que en 1994 hizo pública una carta dirigida a Fidel Castro en la que advertía sobre el rumbo del país, sostuvo que muchos de los problemas actuales ya eran previsibles entonces. A su juicio, el modelo vigente ha limitado derechos fundamentales y ha deteriorado la vida cotidiana de los cubanos.
Desde su experiencia en comunidades vulnerables, insistió en que la crisis no solo es económica, sino también social, con un impacto directo en la vida familiar y en las libertades individuales. Pese a ello, consideró que una parte creciente de la población es consciente de la magnitud del problema y aspira a un cambio.
En este contexto, el sacerdote permanecerá durante varias semanas en Miami, donde ha convocado a la comunidad cubana en el exilio a donar medicamentos para enviarlos a la Isla. Las entregas pueden realizarse en la Ermita de la Caridad, a través de la religiosa Sor Eva Pérez.
La iniciativa se produce en un escenario de fuerte deterioro del sistema sanitario. Una encuesta de DIARIO DE CUBA realizada por Cubadata entre febrero y marzo reveló que solo el 4,8% de los consultados pudo conseguir medicamentos sin dificultad, mientras que el 80% reportó problemas para acceder a atención médica.
Los testimonios recogidos por The Guardian y la convocatoria del padre Conrado ponen el foco en una crisis que, más allá del discurso oficial, continúa agravándose y sigue obligando a los cubanos a depender de redes informales y de la ayuda exterior para cubrir necesidades básicas.