Los números oficiales de casos confirmados de dengue y chikungunya en Cuba se mantienen a la baja por tercera semana consecutiva, lo que ha llevado al Gobierno a declarar que la epidemia de estas arbovirosis, que se extendió por toda la Isla, se encuentra en el "canal de seguridad". No obstante, se trata de un subregistro, toda vez que buena parte de los aquejados por estas dolencias no acuden a las instituciones de salud, hacia las que crece la desconfianza.
En una reunión sobre el tema con el gobernante Miguel Díaz-Canel, la viceministra de Salud Pública, Carilda Peña García, detalló que la semana pasada los casos disminuyeron en un 29,3% en relación con la anterior.
La tendencia decreciente fue confirmada a través de modelos matemáticos utilizados por La Habana para predecir el comportamiento de las arbovirosis en el país. Modelos que, sin embargo, no tienen en cuenta factores clave como la ingente acumulación de basura en las calles, la falta de medicamentos y de higiene en general, fuertemente golpeada por los problemas en el abasto de agua y los apagones.
El experto en matemáticas y director de Ciencia y Técnica de la Universidad de La Habana, Raúl Guinovart Díaz, responsable de dicho modelo, sostuvo que la tendencia se verifica en todas las regiones, especialmente en occidente y centro. En la oriental, dijo, la caída de casos es menor, pero también muestra una disminución.
En medio de la declarada falta de recursos en todos los aspectos de la vida social y económica del país, Peña García informó que "los recursos para la campaña antivectorial en el primer semestre del año están garantizados, incluidos los ciclos de abaticida programados". Dijo, asimismo, que su ministerio trabaja para "garantizar la continuidad de las acciones en el segundo semestre".
A pesar de la tendencia a la disminución exhibida por las autoridades sanitarias del régimen, hace apenas dos semanas el Servicio Federal de Supervisión de la Protección y el Bienestar del Consumidor (Rospotrebnadzor) de Rusia recomendó a los nacionales que viajan a Cuba tomar medidas para protegerse de las picaduras de mosquitos, debido a "la difícil situación epidemiológica asociada a las enfermedades infecciosas transmitidas por vectores", como el dengue y el chikungunya.
Cuba ha padecido desde el verano una epidemia combinada de diferentes arbovirosis, que ha dejado decenas de miles de contagios reconocidos oficialmente y 55 muertes hasta fines de diciembre. Cifra que pudiera ser notablemente mayor, pues el propio Ministerio de Salud Pública reconoce que un número indeterminado de enfermos no va al médico y, por tanto, no es registrado.
Así, el Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana (OCAC) estima que al menos 8.700 personas han fallecido como consecuencia de la actual crisis epidemiológica.
El estudio sostiene que la emergencia sanitaria que atraviesa el país no responde a factores coyunturales ni a eventos excepcionales, sino que es el resultado de un proceso prolongado de deterioro institucional. De acuerdo con el OCAC, el colapso es consecuencia directa de decisiones políticas sostenidas durante años que han debilitado la capacidad del Estado para garantizar servicios básicos de salud.
Las autoridades cubanas insisten en que "hay que seguir el control de los vectores, porque son los causantes de las transmisiones de la enfermedad". Sin embargo, antes de la expansión de la epidemia, el Gobierno suspendió durante años la fumigación regular de barrios y hogares, al tiempo que los basureros y las aguas albañales en las calles se convirtieron en algo común.