La vulnerabilidad a la que el régimen cubano ha relegado a miles de personas en la Isla es cada día más aguda, así como el abandono al que las instituciones estatales condenan a quienes más lo necesitan. Esta situación ha provocado que sea la sociedad civil la que empiece a suplir las labores asistenciales que, por mandato constitucional, corresponden al Gobierno. Estos casos, denunciados por activistas en las redes sociales, así lo demuestran.
En las últimas semanas ha crecido la campaña "Ayudemos a que Valentina, Milena y Yeilín vuelvan a casa", que hasta ahora ha recaudado 2.482 dólares de los 12.500 necesarios para comprar generadores de electricidad que permitan que estas tres niñas con enfermedades graves, que han pasado buena parte de sus vidas en hospitales, puedan volver a sus casas y permanecer enchufadas a los equipos que las mantienen con vida y que no pueden quedarse sin electricidad, algo imposible de garantizar en medio de los ingentes apagones en la Isla. De ahí la urgencia de los generadores.
La periodista independiente y activista Mónica Baró, una de las impulsoras de la campaña, escribió en su perfil de Facebook: "Los fondos recaudados se destinarán exclusivamente a la compra de tres generadores eléctricos confiables, que no son iguales a las plantas comunes, y a los gastos directamente asociados a su adquisición, transportación e instalación en los hogares de estas familias".
"Un generador no cura una enfermedad, pero permite respirar, alimentarse, dormir y vivir en casa. Permite que una niña deje de crecer entre paredes clínicas. Permite que una familia vuelva a estar junta. Permite que la vida cotidiana no sea una emergencia permanente", agregó, evidenciando cómo los apagones remarcan la vulnerabilidad y precariedad de decenas de familias en la Isla.
En cuanto a las niñas, se trata de Valentina Ramos, de un año y nueve meses. "Nunca ha vivido fuera de un hospital", indicó Baró, quien detalló que la menor tuvo "un episodio grave al nacer" que le provocó "algún tipo de atrofia muscular". Ramos respira y se alimenta con asistencia médica, por lo que una interrupción eléctrica pondría en riesgo su vida.
Otra de las niñas es Milena Acosta, de seis años, quien padece síndrome de Lennox-Gastaut, un trastorno neurológico severo que provoca epilepsias frecuentes. "En más de una ocasión, su padre ha tenido que auxiliarla en plena madrugada, sin luz, sin poder encender equipos médicos ni comunicarse con los servicios de emergencia. Un generador significaría seguridad básica y noches sin terror", sostuvo Baró.
La tercera de las niñas a las que busca beneficiar esta campaña es Yeilín, de dos años, diagnosticada con atrofia muscular espinal tipo 1. "Después de un paro respiratorio, un respirador mecánico sustituyó la función de sus pulmones. Desde entonces, su vida depende por completo de que ese equipo funcione las 24 horas", detalló la periodista independiente y activista.
Otro caso que también da cuenta de la pérdida total del contrato social en Cuba y de las deplorables condiciones de vida impuestas por el régimen es el de un anciano que, "en evidente estado de vulnerabilidad, permanecía tendido en plena vía pública, generando gran preocupación por su salud y su vida". El hecho ocurrió en Santiago de Cuba y fue denunciado por el periodista independiente Yosmany Mayeta.
"Según testimonios recogidos en el lugar, el señor presenta signos visibles de enfermedad, una movilidad muy limitada y tiene una venda en la pierna izquierda", informó, al tiempo que sostuvo que "el hombre se encuentra desorientado y sin fuerzas para incorporarse por sí mismo".
En un texto reciente publicado por DIARIO DE CUBA, la periodista Annarella Grimal enfatizó: "El declive del país no debe medirse en plazos, sino en vidas quebradas. Cada día sin reformas radicales profundiza el deterioro y eleva el costo humano, que golpea sobre todo a los más vulnerables".
En tal sentido, alertó: "La pregunta no es cuándo llegará el final, sino cuánta presión más puede soportar la sociedad antes de que el sistema deje de sostenerse".