Una de las imágenes más estremecedoras que dejó el huracán Melissa fue de hambre. Una madre con tres niños pequeños pedía comida ante la cámara del influencer Noly Black en el municipio de Cacocum, en Holguín, una de las localidades más golpeadas por el fenómeno meteorológico. La familia lo había perdido todo y no tenía dónde dormir ni qué comer. "Yo no quiero nada, lo único que necesito es comida", dijo la madre, de unos veintitantos años, visiblemente avergonzada.
Más allá del huracán y de otros desastres, la supervivencia en Cuba se ha vuelto una ecuación imposible. Según el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, el 89% de la población vive en pobreza extrema, siete de cada diez personas sacrifican al menos una comida diaria y solo el 3% accede a los medicamentos en la red de farmacias del país.
El Programa Mundial de Alimentos de la ONU, presente en contextos de hambruna extrema en países de África o en Haití, hoy asiste a niños cubanos tras una petición del Gobierno de Díaz-Canel en febrero de 2024.
Aunque el organismo ha brindado apoyo a la Isla desde los años 60, fue la primera vez que el Gobierno solicitó ayuda públicamente. También fue inédito que un jefe de Estado haya declarado crítica la situación de la Isla —incluida la generación térmica— y "parcialmente paralizada" la economía, como hizo Díaz-Canel este mes en el pleno del Partido Comunista.
Sin luz
"Vedado, 6:00 de la mañana. Las luces son hoteles", escribió el periodista Boris González Arenas el 3 de diciembre en su perfil de Facebook, junto a una imagen de La Habana sumida en la oscuridad, con diminutos rectángulos luminosos. La avería en una línea de transmisión clave había desconectado a gran parte de la región occidental del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) y solo se veían las luces de las habitaciones hoteleras. No es un incidente aislado: el martes 16 hubo otro apagón masivo en la capital. Cuba se apaga, pero los extranjeros no se enteran.
"La economía nacional resulta estar en peores condiciones que durante el 'Periodo Especial'", aseguró el economista cubano Juan Triana Cordoví en el libro Miradas a la economía cubana. Apuntes para una reforma (Fundación Friedrich Ebert, 2025).
Entre 2018 y 2023, la generación eléctrica disminuyó un 26%, como resultado del envejecimiento acelerado del parque termoeléctrico, de fallas técnicas recurrentes y de una crónica falta de combustible. Los apagones dejaron de ser episodios excepcionales para convertirse en parte del paisaje cotidiano. Solo en el último año, se han producido cinco caídas totales del sistema.
Economistas cubanos estiman que el país necesitaría entre 8.000 y 10.000 millones de dólares en una década para recapitalizar el sector electroenergético y elevar la participación de las energías renovables en la matriz energética nacional, donde apenas alcanzan un 5% actualmente. Sin esa inversión, advierten, la economía seguirá atrapada en una espiral de apagones, de improductividad y de deterioro social.
El diagnóstico, recogido en el libro, subraya que el colapso energético no es solo técnico, sino también financiero e institucional. Sin crédito externo, sin reformas profundas y con una inversión pública mal orientada, la recuperación resulta inviable.
"Hay que desmantelar el modelo actual, pero es lo que no quieren", recalcó Ricardo Torres, investigador en la Universidad Americana de Washington a EFE.
Mientras tanto, el régimen ha instalado generadores para blindar al sector turístico frente a cualquier percance energético y garantizar que los hoteles sigan operando como "servicios vitales", incluso por delante de los destinados a proteger la vida. Así, durante las casi 12 horas que duró el apagón de 3 de diciembre, los procedimientos quirúrgicos fueron reordenados o suspendidos, los semáforos dejaron de funcionar, el bombeo de agua se detuvo, y en miles de hogares resultó imposible cocinar o conservar alimentos básicos.
La Habana culpa al embargo de EEUU, pero la incautación de un tanquero de bandera venezolana en aguas internacionales destapó una verdad incómoda: una parte considerable del petróleo que Venezuela vende a Cuba a precios subvencionados, el régimen la revende a países como China, dejando a los habitantes de la Isla a merced de la oscuridad, el calor y los mosquitos, incluso en medio de la peor sindemia (sinergia de varias epidemias a la vez) que haya vivido el país.
Al parecer, es una movida calculada; han tenido al menos cinco años para preverlo.
Un país que pierde sus fuentes de oxígeno
Entre 2018 y 2023 Cuba sufrió un retroceso severo en la mayoría de sus fuentes de ingresos externos. El turismo, durante décadas uno de los pilares de la economía, se desplomó un 53% y no logró recuperar los niveles previos a 2018, ni siquiera tras la reapertura postpandemia de Covid-19. Hoteles nuevos con habitaciones vacías, mientras el país sigue asignando recursos escasos a un sector que no logra reactivarse.
Las remesas, el otro gran sostén del consumo interno, se redujeron de 3,6 billones de dólares a 1,97 billones, lo que representa un 45%. A las sanciones estadounidenses se sumaron restricciones operativas, cierres de canales financieros y una menor capacidad de envío desde una diáspora que, paradójicamente, crece en número, pero también enfrenta precariedad en los países de destino.
La exportación de servicios profesionales, considerada la primera fuente de ingresos del país, cayó un 36%. De ella, la venta de servicios médicos se redujo de 6,4 a 4,8 billones de dólares (un 30%) en el mismo periodo. La cancelación de programas en América Latina dejó al descubierto la vulnerabilidad de un modelo que depende de acuerdos políticos inestables y de la sobreexplotación de su capital humano. Solamente el fin del programa Más Médicos en Brasil ocasionó pérdidas anuales de unos 332 millones de dólares para el régimen.
Las cifras oficiales más recientes confirman que la crisis no solo persiste, sino que se reproduce en la estructura misma de la inversión pública. Datos de enero a septiembre de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) muestran la persistencia de la concentración de recursos en el turismo, con una participación del 22% en los ingresos del país.
Sin embargo, según datos correspondientes a los primeros nueve meses de 2025, por primera vez en décadas el 35,8% de la inversión total en el país se destinó a electricidad, gas y agua, que, junto con el turismo, concentran más del 55% de los recursos.
El patrón de inversiones continúa sin ir a la raíz de la crisis estructural, dejando apenas un 2,3% de los ingresos a la agricultura y la ganadería, una cifra reveladora cuando se la compara con otros sectores clave para la reproducción social y productiva del país: educación (0,4%), salud y asistencia social (1,3%), y ciencia y tecnología (0,4%). En conjunto, estos rubros esenciales concentran una porción mínima de los recursos, como expresión de una estrategia que profundiza la dependencia, el desabastecimiento y la crisis.
Lo que crece cuando todo cae
En Cuba algunos indicadores "crecen", pero en la dirección equivocada. Las estadísticas oficiales de la ONEI confirman un incremento sostenido de la mortalidad general, que solo en el último año aumentó en 10.000 fallecidos, y un repunte de la mortalidad infantil, que rompió una tendencia histórica de décadas. Los fallecimientos en la Isla superan en al menos un 40% los nacimientos, confirmando una tendencia demográfica regresiva que desborda los servicios sociales y funerarios.
El país experimenta un envejecimiento acelerado: más del 22% de los cubanos tiene hoy 60 años o más, mientras la población en edad laboral se contrae año tras año. A este cuadro se suma un éxodo sin precedentes: solo entre 2022 y 2024 más de medio millón de personas salieron del país, en su mayoría jóvenes en edad productiva, según datos migratorios de países receptores y estimaciones académicas.
La consecuencia es una pérdida masiva de capital humano que acompaña —y profundiza— el colapso productivo. Médicos, enfermeros, ingenieros, docentes, científicos y técnicos abandonan un sistema que ya no garantiza salarios suficientes ni condiciones mínimas para ejercer. La crisis deja de ser exclusivamente económica para convertirse en demográfica, social y estructural, con efectos directos sobre la sostenibilidad de los servicios públicos, la innovación y el crecimiento futuro.
En este contexto, la suspensión del Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) —el principal evento político del país— adquiere un significado particular. La postergación indefinida de la cita partidista, convocada a definir lineamientos estratégicos, refleja la incapacidad del poder para articular una hoja de ruta creíble ante el deterioro. La señal es contundente: mientras los indicadores sociales se deterioran y la población se reduce, ni siquiera el núcleo del sistema político parece tener respuestas claras para recomponer lo que se desmorona.
¿Crisis o colapso?
El deterioro del mercado interno confirma que la crisis dejó de ser coyuntural. La inflación acumulada se mantiene en niveles persistentemente altos —estimados entre el 25% y el 30%— y ha erosionado de forma sostenida el poder adquisitivo de los salarios y las pensiones. El salario medio real, ajustado por la inflación, ha perdido más del 30% de su capacidad de compra desde 2018, lo que ha empujado a amplios sectores de la población a una economía de subsistencia, dependiente de remesas, de mercados informales o de endeudamiento doméstico. El consumo interno, lejos de dinamizar la economía, se ha convertido en un factor de fragilidad social.
A esta contracción se suma la presión creciente sobre las redes de protección social. Los programas de asistencia y subsidios han sido recortados o restringidos de forma dramática, lo que ha reducido la cobertura efectiva para los sectores más vulnerables en un contexto de encarecimiento generalizado de alimentos, medicamentos y servicios básicos. La combinación de inflación alta y menor apoyo estatal ha hecho colapsar los pilares de justicia social del modelo, ampliando las brechas de desigualdad y dejando sin amortiguadores a los hogares con ingresos estatales o en situación de dependencia.
El impacto de la pobre inversión en educación, ciencia y salud agrava el panorama estructural: el país compromete su capacidad para generar innovación, productividad y capital humano, especialmente cuando enfrenta un envejecimiento poblacional acelerado y una emigración masiva. La descapitalización de estos sectores no solo afecta el presente, sino que limita severamente cualquier posibilidad de recuperación futura, sin un sostén de crecimiento a largo plazo.
Una crisis supone choques transitorios o desequilibrios corregibles con ajustes de corto o mediano plazo; Cuba, en cambio, acumula fallas simultáneas y persistentes: servicios básicos que dejaron de funcionar o colapsan de manera recurrente, una fuerza laboral en retracción también debido a la falta de incentivos, ingresos externos en descenso crónico sin sustitutos viables, una inversión pública desbalanceada y finanzas e indicadores sociales —mortalidad, natalidad, demografía— en deterioro continuo.
"Cuba se encuentra en un tipo de crisis de la que el país no se puede recuperar desde dentro de los marcos del sistema, sino que tiene que superarse con reformas sustantivas", apuntó el economista Pedro Monreal en entrevista con EFE.
El declive del país, por tanto, no debe medirse en plazos, sino en vidas quebradas. Cada día sin reformas radicales profundiza el deterioro y eleva el costo humano, que golpea sobre todo a los más vulnerables.
La pregunta no es cuándo llegará el final, sino cuánta presión más puede soportar la sociedad antes de que el sistema deje de sostenerse. ¿Cuándo será suficiente?
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País de fertilidad legendaria donde se decía que si caía una semilla, al rato salía una mata, en la Cuba socialista la carestía alimentaria siempre, SIEMPRE, ha sido por diseño.
Cuenta en el libro de sus “memorias”, la traductora oficial al español que acompañaba a Nikita Krushchev, que cuando Nikita le propuso a Fidel Castro aumentar la ayuda en productos alimenticios pues las noticias de la insuficiencia de comida en Cuba le estaba haciendo mala propaganda al “Socialismo” en el extranjero, Castro le dijo que NO, que él prefería la “austeridad”.
Muy buen artículo Annarella, creo que tu pluma prestigia a DDC, sólo una cosa, desde Noviembre de 2021 hasta la fecha han emigrado más de 1,5 millones de cubanos, según Albizu Campos, el mejor demógrafo de Cuba, la población a cierre de este año debe bajar de los 8 millones de habitantes, lo que evidencia una crisis demográfica enorme, no hay suficientes recursos humanos para sacar al país del marasmo económico en que se encuentra, urge cambiar el destino de la nación o corremos el riesgo de una haitianización del país. Dato: en el 2024 hubo menos nacimientos que en 1899 !!!!!
AQUELLO NO SE HA CAÍDO PORQUE LO SOSTIENEN SOLO TRES COSAS:
1-Guarapitos boinas negras y g2stapo muertos de hambre
2-7 millones de carneros con pendejitis
3- Los cubanos enviando remesas, comida , etc
Cuando uno SOLO de esos factores o todos fallen, se acabó LA DICTADURA.
PUNTO
La diferencia en mi opinión es que la situación general del país hoy día es más calamitosa que en los 90 porque en aquella época el régimen conservaba un tejido de protección social y una canasta básica de racionamiento que aún les funcionaba. Hoy día además de los apagones y la escasez de transporte y los míseros salarios prácticamente han desaparecido los productos de la "libreta" racionados, pero sobre todo la situación calamitosa del sistema de sanidad y la higiene urbana colapsada, comparables a los paíse más miserables del mundo, hace que la crisis sea sistémica. Agregémosle la crisis demográfica y la falta de liderazgo en una cúpula corrupta y sin legitimidad ninguna y tenemos la crisis terminal del sistema. Aquello se mantiene porque lo que sí les funciona es el sistema de control de masas copiado de la ex-URSS y la represión sin piedad del aparato represivo. Lo que está por ver es si aparecerá un ala reformista dentro de ese régimen que trate de salvar lo que queda del barco
Los sometidos hace años colapsaron del hambre, la insalubridad y el miedo inculcado, pero los amos socialistas conservan sus billones de dólares, sus oxidadas armas rusas y una jauría de hienas amaestradas a su servicio y dispuestas a aniquilar a los descontentos.
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El gobierno todavía entrega algo de subvenciones, y mantiene infraestructuras para escuelas y hospitales. Sin embargo, todo funciona tan mal que parece que se pierde el orden moderno en la sociedad cubana.
cada dia me alegro mas que mis padres me hayan mandado en el año 60 con los Peter Pan con solo 6 años hoy 65 años despues tango mi compañia y logre mis metas , aprendo mucho aqui sobre lo que es el comunismo y lo unico que hasta ahora funciona que es el capitalism’s.
Bueno, el régimen ya colapsó, ya colapsó el desgobierno, ya colapsó la familia, el pueblo, la sociedad, ya colapsó todo el país, pero la familia Castro y sus secuaces de Gaesa no han colapsado, al contrario, la cobardía y el desinterés de todos los cubanos, nuestra apatía por linchar a los culpables, la vocación y conformidad a seguir esclavos por siempre de todos los habitantes de la isla, hace sentirse tranquilos, ricos y seguros a la familia real de Birán, ya colapsó aquello, hace un buen rato, solo quedaría hundir todo el archipiélago cubano, y así de una vez y por todas, por fin terminar traicionando "La gloria que se ha vivido".......
Las crisis en Cuba serán cada vez peores porque ya no cuentan con un paganini a largo plazo. El petróleo que reciben de Venezuela y México lo revenden a China para obtener divisa líquida, pero eso no le resuelve el problema del país, sino que le da respiros para mantener al círculo del poder viviendo al margen de la miseria . Un país sin producción de bienes, sin economía y sin fondos solo se mantiene por la fuerza de la represión.
A pesar de la miseria que está viviendo Cuba, creo que la de los 90’s, fue peor o al menos más generalizada. Los apagones en los 90 eran de 12 horas consecutivas alternando con 12 de alumbrones en La Habana ( no recuerdo en otras provincias) a consecuencia de la falta de combustible. Hoy todavía en la capital apagones tan duraderos ocurren, pero no son la norma y tienen la agravante que no solo se deben a la falta de combustible, sino también al grave deterioro de las termoeléctricas y la infraestructura. El hambre y las necesidades fueron más generalizadas en la población en los 90 que en la actualidad, pues no habían remesas ni mipymes y los ingresos extras al salario estatal, eran todos en el marco de la ilegalidad. Lo que hoy para muchos es una necesidad como un aire acondicionado o una simple mochila para la escuela, era todo un sueño para la mayoría del pueblo. De todas las penurias que existen hoy, todavía no he escuchado del picadillo de cáscara de plátano o el bistec de toronj
Yo nunca pensé que el régimen iba a soportar tanto tiempo sometiendo al país a tantas penurias y sin embargo lo soportó, por lo que no soy más optimista hoy en que la debacle actual provoque el estallido necesario, aunque existe a favor de ello una sociedad más apática y menos comprometida con el gobierno, también más informada y cada vez más incrédula y desesperanzada en sus barrigones dirigentes. Todo en la vida es relativo, que la gente viva peor hoy que en los duros 90’s no lo veo así, que esta generación es otra que una gran parte de ella solo conocen del triste Periodo Especial por referencia de sus padres o abuelos, como muchos de nosotros conocimos de otras épocas duras como el Machadato, no provoca conformidad, viendo como la vida es corta y se les va sin la más mínima esperanza de mejoría.
Casino los alumbrones en las provincias son de 2 horas a veces cada 20 y pico o más de 30 horas. Nada parecido a los 90, agreguele enfermedades, suciedad, falta de todo, el período especial se recuerda porque sucedió después del único periodo de "bonanza" que ha tenido Cuba en más de 60 años, el período de la red Amistad y el Mercado libre campesino en los 80, en mi opinión la crisis actual supera con creces la de los 90.
Casino, la diferencia fundamental entre la situación de los noventa y la actual, es la figura de Fidel Castro. En la Cuba de hoy ya no hay ideología ni liderazgo. La Revolución está muerta. Más temprano que tarde los reformistas dentro del gobierno se verán obligados a facilitar los cambios.
El régimen se ha sostenido de crisis en crisis, unas peores que otras. Recuerdo en la segunda mitad de los 60 que la tela para culeros de canastilla que vendían por la libreta no alcanzaba para 48 horas seguidas de un recién nacido haciendo sus necesidades, y había que inventar, después de hacer colas de dos días frente a una tienda porque "iban a sacar". No había otras opciones. Para no hablar cuando al bebé le caía mal la leche, o empezaba a comer y no había malangas u otra cosa y la compota Bebito no había llegado a la bodega. Y eso que usted cuenta del período especial fue así, con los bistecs de toronja incluidos, o los desayunos con té de hojas de naranja (no olvidar la epidemia de neuropatía periférica por insuficiencia del complejo de vit B en la alimentación). La diferencia es que ahora no existe un "mecenas" que se eche encima a Cuba, como hizo la URSS primero, y después Chávez. Y los sesudos del régimen siguen dando vueltas en redondo sin haber incentivado ...cont.
(cont) ... la actividad productiva, ni en la industria, ni la agricultura, mientras ordeña los recursos existentes hasta el agotamiento. Lo triste es que hasta el momento no dan señales de intentar revertir la actual situación.