Si el transporte público en La Habana era ya un paciente en estado crítico, los acontecimientos geopolíticos en Venezuela le han desconectado el respirador. La captura de Nicolás Maduro y el giro radical de la Administración de Caracas, provocaron un corte de suministros cuyo impacto para la capital cubana se traduce en depósitos de combustible secos, paradas repletas y una ciudad que camina para no detenerse.
En la intersección de la Calzada de Diez de Octubre y Acosta, el silencio inusual en la mañana retrata la magnitud de la parálisis. En la céntrica esquina, los grupos de transeúntes se aglomeran con la mirada perdida en el horizonte, esperando una guagua o una GAZelle que, según los operadores de ese servicio en los puntos de salida y retorno, pudiera no pasar.
Las cifras oficiales reflejan que en la ciudad apenas funcionaba el 30% de los ómnibus estatales, pero tras la interrupción abrupta de envíos de petróleo desde Venezuela (que se suma a la escasez crónica de partes y piezas que antes se importaban con ayuda de créditos provenientes del país sudamericano) el panorama de movilidad se muestra aún más sombrío.
Según confirma a DIARIO DE CUBA un empleado de la terminal El Calvario, de Arroyo Naranjo, en la última semana la entrega de combustible a las bases de transporte público se redujo drásticamente, restringiendo sus operaciones. "Nosotros mismos nada más podemos salir tres o cuatro veces al día. Terminales como Santiago de las Vegas, La Fortuna, Lawton o Playa tienen rutas que casi no funcionan", resalta.
Desde la terminal El Calvario operan las líneas P6 y P8. Según la fuente citada, los problemas de funcionamiento afectan la movilidad diaria de miles de personas, ya que ambas rutas atraviesan Arroyo Naranjo y Diez de Octubre —los municipios más poblados de la urbe—, además de transitar por Centro Habana y La Habana Vieja —los de mayor población flotante—.
Aunque el Gobierno promociona un grupo de acciones dirigidas a mejorar el transporte habanero, puntualiza el entrevistado que en las actuales condiciones será imposible. "Este mes entran los primeros carros recuperados. No se sabe a qué terminal irán, lo que sí es seguro es que van a ir a parar a un parqueo, sea la terminal que sea, porque con cuál petróleo van a caminar", puntualiza.
El pasado día 7 de enero, autoridades locales reportaron desde la plataforma de Facebook que los microbuses GAZelle se sumaban a las flotas afectadas por la crisis energética. En la publicación se daba a conocer que "solo un grupo pequeño" de estos vehículos se mantendría circulando, con limitaciones, "hasta que el combustible lo permita".
Dos días más tarde, una nueva publicación anunciaba el retorno de las "gacelas". Sin embargo, la percepción de los usuarios cuenta una normalización con intermitencia, de suspensiones y reanudaciones cotidianas. "A veces son las 8:00AM y todavía no ha entrado la primera del día. Si confías en ellas, te embarcas y llegas tarde", ilustra Carla Vázquez Lorenzo, estudiante universitaria.
En el Parque La Normal, punto de partida de la ruta 17, la incertidumbre ha llevado a que disminuyan las personas que hacen cola para tomar una de las gacelas. Ni siquiera los operadores que en esa cabecera controlan aspectos como horarios o cantidad de vueltas que debe completar cada microbús, tienen la certeza de cómo funcionará el servicio en el día.
"La gente se molesta como si la culpa fuera nuestra, y aquí no se sabe cómo va a empezar el día o cómo va a terminar. Lo mismo salen tres [gacelas] por la mañana y al mediodía queda una sola, que a las 11.00AM ya se fueron todas. Se trabaja hasta donde alcance el petróleo", refiere uno de los operadores.
A los boteros no les dan las cuentas
La crisis se extiende al sector privado, donde las cuentas a los boteros comienzan a no dar. Desde los sucesos en Venezuela el precio del diésel en el mercado negro no ha parado de subir, marcando un ascenso superior al del dólar. A inicios de semana el litro de petróleo regular rebasó la barrera de los 500 pesos por vez primera desde 2024, y apunta a saltar el listón de los 600 pesos.
La primera reacción de los transportistas fue incrementar 50 pesos al precio de sus tarifas máximas y por tramos, una medida que han continuado aplicando en la medida que el petróleo es más escaso y caro. Una segunda alternativa fue comprar el combustible en los servicentros habilitados para vender en dólares, a 1.10 dólares el litro, lo que por unos días resultó mejor negocio que adquirirlo en el mercado negro.
"Salía más o menos igual que en la calle, la ventaja era que siempre había. Pero el dólar subió, demasiado. Además, eso se volvió un negocio, había que pagar la multa que te piden los trabajadores del CUPET o comprar un turno a los coleros. El gasto se iba por encima del presupuesto", describe Gonzalo Marchán Rivas, quien piensa parquear su Chevy de 1951 "hasta que la cosa mejore".
En la piquera del Parque El Curita, donde se concentran rutas hacia Playa o Guanabacoa, Yunior Chaviano Bolaños asevera que adquiere el litro de petróleo a 570 pesos. De su trabajo depende la economía familiar, de modo que lo paga "al precio que sea". Para recuperar la inversión y ganar algo debe subir los pasajes. "Da pena, pero quien quiera resolver tiene que pagar", dice.
Entre ómnibus que no pasan y boteros con precios en escalada, la peor parte la cargan personas como Laura Delgado Alonso, que cada mañana y tarde debe caminar unos cuatro kilómetros para asistir a trabajar y luego retornar a su casa. Tiempo atrás no le preocupaba que no hubieran guaguas, podía costear el corto viaje en un taxi particular.
"En dos semanas los tramos valen dos y tres veces más, depende del chofer que te tropieces. Con 200 pesos iba y venía, de Vía Blanca a La Habana Vieja la distancia es corta. Ahora con eso muchas veces ni siquiera voy porque hay choferes que te piden 200, otros 250 y hay quien hasta 300. Incluso los triciclos subieron, cobran lo que les da la gana porque nadie controla nada", lamenta la mujer.
Con Batista,no había problemas de transporte,basura en lomas,apagones,hasta se criticaba al dictador en la prensa,pues restauró las garantías constitucionales, si ponemos las bodegas de barrio repletas y sin libreta de abastecimiento ya tendrán una idea de lo malo que era....
Los precios del combustible están alimentando la inflación.
Los transeúntes (zombies) tal vez estén esperando por el buque de petróleo que zarpó de Togo y debe llegar al campo de concentración socialista a principios de febrero, solo para después enterarse que ese cargamento es para los carros de policía, el suministro de electricidad de Siboney y Atabey, y los autos y yates del cartel de Punto Cero.
No hay problema, pronto China volverá a enviar bicicletas como hicieron en los 90.