Finalizado un 2025 marcado por la incapacidad absoluta del régimen cubano para timonear una Revolución que ya no existe, habaneros hicieron a DIARIO DE CUBA un recuento de cómo vivieron uno de los años más duros de la perenne crisis de la Isla.
"La importancia del tiempo y su estrecha relación con la calidad de vida es lo que más lacera, y de manera irreversible, la angustiosa vida del cubano de a pie. Ese mismo cubano que apenas tiene tiempo para la contemplación del entorno que lo asfixia", dijo la socióloga Nidia Céspedes.
"Ya sea en colas para obtener una canasta básica que no es canasta ni básica, o en gestiones bancarias y notariales, o en embajadas y consulados que representan la casilla de salida para formar parte de la estampida hacia la emigración y la salvación, la inversión del tiempo y cómo se administra ya no está en control del individuo, sino condicionada por las desacertadas políticas que el Partido Comunista inventa, ejecuta y monopoliza en detrimento de un pueblo al que ese mismo Partido utiliza como solar yermo", añadió Céspedes.
En un país que se distingue también por su arraigado machismo —cuya eliminación jamás ha sido prioridad para la oficialista Federación de Mujeres Cubanas (FMC)— la violencia intrafamiliar y de género ha mostrado un aumento, con sus consecuencias más trágicas y horrendas. La renuencia del régimen cubano a implementar estructuras funcionales en favor de preservar la vida de las víctimas, y con ello la integridad de la familia, es la única responsable del dolor y del luto que marca a innumerables hogares. Instrumentos como el Código de las Familias no han sido acompañados por una voluntad política real.
"Negar la activación de refugios para víctimas de violencia de género, negar la aceleración de los protocolos de alerta temprana ante las denuncias de maltrato y negar la tipificación del feminicidio en el Código Penal son señales que hablan por sí mismas sobre cuál es la verdadera importancia que el Gobierno otorga a la mujer cubana que, sin ninguna duda, se encuentra en franca indefensión", señaló la joven habanera Ameley Rovira.
"El aumento y normalización de los delitos violentos contra la mujer son consecuencia de la interpretación arcaica y maniquea que la Revolución impone. Una interpretación sumamente peligrosa, si tenemos en cuenta que ninguno de esos programas gubernamentales, con sus rectificaciones o decretos, han logrado frenar la ocurrencia de este fenómeno en el país. El régimen asume, desde una convicción aterradora y cínica, que las leyes vigentes son severas contra el feminicidio. Y no sorprende ya que diga que este tipo de delitos es herencia del sistema capitalista", añadió Rovira.
Los habaneros consultados coincidieron, por otra parte, en que tanto la escasez como el encarecimiento de medicamentos y alimentos básicos ocuparon las primeras preocupaciones de la familia cubana el año pasado. En un país que pasó del quinto al primer puesto en envejecimiento poblacional de su área geográfica, la desnutrición, el agravamiento de la salud y la desatención de la tercera edad aumentaron el número de ancianos en situación de calle, y de mendigos con trastornos psiquiátricos sometidos a largos períodos sin acceso a sus tratamientos médicos.
"Estamos hablando de que todos los días aumenta la cifra de ancianos deambulando en las calles de cualquier municipio. Andan desorientados, en pésimas condiciones físicas, buscando alimentos entre la basura o pidiendo limosnas. La respuesta del Gobierno ante este fenómeno, también de carácter pandémico, ha sido negar la existencia de mendigos y de los llamados 'buzos'", critica Iván Abel Martín.
"¿De quién es la responsabilidad? Si las cifras tanto de ancianos deambulantes como de mendigos o personas con trastornos mentales crecen, es porque muy poco o casi nada hace el Gobierno por garantizar el cuadro básico de medicamentos o un aumento de la chequera de jubilación o de pensión. Y para colmo, también desaparecen personas que luego sus familiares encuentran muertas y enterradas, así, sin más. Es de terror la realidad que estamos obligados a asumir los millones de cubanos que mantenemos a los zánganos del Gobierno", fustigó Martín.
Las protestas masivas del 11 de julio de 2021 marcaron un antes y un después, en referencia a que el régimen cubano mostró su verdadero rostro contra ese mismo pueblo al que, durante más de seis décadas, ha exigido año tras año "sacrificio", "confianza en la alta dirección" y "unidad ante las agendas imperialistas".
"Quien protagonizó aquel evento sin precedentes en la historia de Cuba fue el pueblo, así que no pudieron culpar ni a los opositores ni a los periodistas independientes", recordó Pavel Albertini. "Reaccionaron en consecuencia y reprimieron y encarcelaron al proletariado. El aumento de la represión policial y militar desde aquel entonces no ha parado, el Gobierno continúa encarcelando a quienes protestan pacíficamente, ya sea por los apagones o por el pésimo servicio de agua potable. No hubo a partir del 11J piedad siquiera con adolescentes y jóvenes que, además, fueron utilizados como chivos expiatorios y para el escarmiento", agregó.
"El 2025 no fue diferente para mí, pues lejos de aplacarse, la violencia social y la violencia policial, se mantienen", opinó Albertini.
La palabra "represión" fue también la más utilizada luego de que el 30 de mayo la Isla despertara con otra vuelta de rosca del apartheid económico impuesto por el régimen, que los cubanos bautizaron "el tarifazo de ETECSA": el racionamiento de datos móviles, y por ende del acceso a internet, anunciado por el monopolio estatal de las telecomunicaciones.
"El tarifazo quedó incluido en el listado de esas mezquindades que el Gobierno ha cometido durante décadas contra un pueblo urgido por el hambre y por la extinción de cualquier acto fe", dijo la estudiante universitaria Laura Raquel Miyares.
"Entre los primeros sentimientos que compartí con otros estudiantes estuvieron la estupefacción, la ira, la impotencia y el deseo de que todo lo malo de este mundo se volcara sobre cada uno de ellos", recordó.
"Fue la afirmación más clara, descarada y soez de censurar que los cubanos habláramos entre nosotros. Que solo se podía permitir el diálogo entre familiares si había previamente una recarga desde el exterior. Que solo tendríamos seis gigabytes mensuales, como las míseras libras de arroz de los mandados. Eso sentimos muchísimos estudiantes. Nunca fuimos ingenuos, pero jamás creímos que una traición de esa índole apuntaría contra el Alma Mater", agregó Miyares.
Una ciudad sucia, maloliente, llena de salideros de aguas albañales, en la que montículos de basura cercan cada barrio: ese ha sido el panorama ideal para desatar la pandemia de los arbovirus y, entre ellos, el de más impacto, el Chikungunya.
"Cuando los cubanos creíamos que ya lo habíamos sufrido todo, llegó el Chikungunya para corregir nuestra equivocación, y ya de paso exponer que el Estado cubano es el verdadero globo inflado", dijo Leslie Montalvo.
"Todos esos cubanos que nunca dejarán de ser pioneros porque llevan la pañoleta en el corazón, sufrieron en carne propia lo que significa ser engañados y abandonados en el medio de una manada de arbovirus cuyos riesgos de contagio nadie sabía, incluyendo a los médicos, y que dejan largas secuelas como recordatorio", criticó Montalvo.
"Cómo es que de repente Cuba se llena de virus que, por si fuera poca cosa, se transmiten por el mismo mosquito que ha sido durante décadas inquilino de cualquier casa, de cualquier salidero de agua, ya sea albañal o potable, de cualquier montón de basura. En medio de este desastre, el Gobierno cubano, sin un medio en el bolsillo, fue a lo de siempre: culpar al bloqueo, resucitar al pobre Durán, vacunar al pueblo con el agua tónica que les sobró del Covid-19, y mentir mucho, muchísimo", concluyó Montalvo.