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Educación

Más que un regreso a clases, un viacrucis: familias cubanas narran el arranque escolar

El 'todo garantizado' de la ministra de Educación choca con aulas vacías, falta de maestros, colectas que exprimen a los padres, cuadernos reciclados y base material de estudio incompleta.

Madrid
Una madre cubana con sus hijas en el arranque del curso escolar en La Habana.
Una madre cubana con sus hijas en el arranque del curso escolar en La Habana. Diario de Cuba

El inicio del curso escolar 2025-2026 en Cuba, celebrado oficialmente con discursos que aseguran la "total garantía de recursos", ha dejado frustración entre numerosas familias. En redes sociales como Facebook, madres y padres narran una odisea para lograr que sus hijos vuelvan a clases en condiciones mínimamente dignas. Sus relatos contradicen de manera frontal las declaraciones de la ministra de Educación, Naima Ariatne Trujillo Barreto, quien reiteró que la apertura estaba "asegurada en todo el país".

Libros reciclados y libretas a cuentagotas

"¿Ya desbloquearon el nivel de empezar a borrar los cuadernos?", ironizó una participante en el grupo "Madres cubanas luchadoras". Denunció que este material entregado a los niños es reciclado del curso anterior y que los libros escasean en muchas escuelas.

Iliana Muñoz se quejó de que a su sobrina de tercer grado le entregaron apenas cuatro libretas y "ni un solo libro". En contraste, Yeraisis Pérez contó que en la escuela de sus hijos sí hubo libros nuevos, aunque en otros centros visitados en busca de traslado encontró aulas sin mesas ni sillas.

Algo más de 1,5 millones de menores regresaron a las aulas de los más de 10.000 centros docentes de Primaria, Secundaria, Preuniversitario y Enseñanza Técnica Profesional repartidos por toda Cuba, con una cobertura docente que no llega al 100% de las plazas en ninguna provincia y en medio de la opacidad habitual. Las autoridades no han aportado cifras nacionales, solo han difundido algunas, pero de niveles administrativos inferiores y de forma incompleta.

Aulas sin maestros ni mobiliario, carga financiera sobre los padres y el estrés de lo apagones

Una publicación acompañada de fotos desde una escuela habanera mostró un aula de quinto grado desprovista de todo: "Cero mobiliario, cero electricidad, cero maestro. Y después la ministra dice que todo está garantizado. Mentiras", escribió indignada una integrante de "Madres cubanas luchadoras" que publicó de forma anónima.

Más allá de la falta de recursos básicos, las familias denuncian la presión económica constante. Se organizan colectas de hasta 1.500 pesos para comprar ventiladores, pese a que cada año se repite la compra de estos equipos.

Otros gastos desbordan cualquier bolsillo: una simple cartuchera metálica con lápices, goma y sacapuntas cuesta 1.000 pesos, mientras un set de mochila con merendero y una botella se cotiza en el mercado informal en 6.000 pesos, cifras exorbitantes frente a salarios estatales que en muchos casos no superan los 6.600 pesos al mes (el mínimo ronda los 2.100 pesos).

"Uno entra al grupo de WhatsApp de la escuela y es todo el tiempo: dinero para pintura, dinero para ventilador, que las madres limpien el aula, que arreglen las mesas. Y uno a veces no tiene ni para comer", resumió una madre.

Ante esas críticas, algunas delegadas de aula, como Yadira Pérez, defendieron su papel: "Yo sí pido dinero, pero soy la primera en estar ahí pintando o limpiando. Las maestras bastante hacen por una miseria de salario".

El drama de la infraestructura se suma al de los apagones. Monica Rives relató entre lágrimas cómo tras invertir todo su esfuerzo y dinero en preparar el uniforme, la mochila y los útiles de sus hijos, en la noche previa al inicio del curso les cortaron la electricidad desde las 8:00 PM hasta la mañana siguiente: "Niños sin dormir, tristes, con calor. No pudieron ir a su primer día de clases. Cuba nos duele y nuestros niños están hartos de esto".

Un sistema educativo en crisis

Mientras en redes sociales decenas de madres narraban la odisea que significa mandar a sus hijos a la escuela en Cuba, la ministra de Educación pedía a las familias "comprensión" y "confianza" en un mensaje previo a la apertura del nuevo periodo lectivo.

"Primero, comprensión. Tenemos que estar compartiendo todo para poder comprender unos y otros qué va a estar pasando (…) Y no importa qué nos falta. Lo más importante es cuánto nos sobra", dijo Trujillo Barreto en un video difundido por el portal oficial Cubadebate. Según la ministra, sobran "empeño, preparación, sensibilidad y humanismo", aunque reconoció que el país enfrenta un déficit de recursos y de docentes, sin entrar en estadísticas.

Sin embargo, los pocos números difundidos son elocuentes: solo en Matanzas, una de las provincias con mayor crisis educativa, faltan más de 2.000 profesores de los 9.511 proyectados. La carencia se intenta cubrir con contratos por hora, estudiantes en formación y hasta bibliotecarios convertidos en docentes improvisados. Además, de los 529 centros escolares de la provincia, 25 no pudieron abrir por su mal estado constructivo.

Entre tanto, los materiales escolares llegan con retraso o no existen: los libros de texto de primaria, secundaria y preuniversitario que acompañan el llamado "perfeccionamiento educativo" aún no están impresos, y las autoridades admiten que tendrán que trabajar con "adaptaciones curriculares" y copias digitales.

La ministra Trujillo Barreto aseguró que "a los niños cubanos no les falta la oportunidad de estudiar, a diferencia de otros países", pero la realidad es que miles de familias viven la escuela como un campo de batalla, entre apagones, improvisaciones y gastos imposibles.

En los últimos años, DIARIO DE CUBA ha documentado los problemas estructurales que arrastra el sistema educativo cubano: déficit de más de 17.000 maestros desde 2023, aulas masificadas, deterioro de la infraestructura escolar y un mercado negro de útiles escolares con precios inalcanzables. Mientras el Ministerio de Educación insiste en que "nadie quedará sin clases", la realidad es que muchas familias tienen que suplir con su bolsillo y "trabajo voluntario" lo que el Estado no provee.

Los apagones diarios en casi todo el país repercuten directamente en las escuelas, donde los niños deben soportar calor extremo sin ventilación adecuada después de haber sufrido noches enteras de insomnio en casa. Y mientras tanto, la escasez de materiales obliga a reciclar libros y cuadernos, o a que los padres se conviertan en proveedores improvisados de mobiliario y hasta de pintura.

La apertura del curso escolar en Cuba, lejos de ser un día de alegría, se ha convertido en un espejo de la crisis nacional: familias exhaustas y endeudadas, maestros sobrecargados y desmotivados, y un Estado que insiste en un discurso triunfalista en total desconexión con lo que ocurre en las aulas y los hogares.

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