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Sociedad

Crisis funeraria en Cuba: en la vida como en la muerte, la dignidad rota

Ataúdes de cartón, traslados en hamacas, velorios a oscuras, horror en los cementerios.

Madrid
Una tumba rota en el Cementerio de Colón, en La Habana.
Una tumba rota en el Cementerio de Colón, en La Habana. Diario de Cuba

"No les preocupan los vivos. Dime tú los muertos", se queja Susana, sobrina de la difunta María. Su prima hermana no quiere hablar, solo llora por la agonía que ha vivido con la muerte de su madre, una agonía que siguió a duros meses de enfermedad y al doloroso final.

La muerte en Cuba, como la vida, se ha vuelto una experiencia atravesada por la precariedad. El sistema funerario nacional —parte del "modelo social" del castrismo— atraviesa un colapso estructural que impacta de forma dramática y cotidiana a las familias. Escasez de ataúdes, transporte funerario casi inexistente, condiciones indignas en velatorios y cementerios abandonados configuran un panorama desolador que muchos cubanos enfrentan en uno de los momentos más difíciles de sus vidas.

Susana cuenta que su tía estuvo más de un día tendida en su lecho de muerte en su vivienda en un pueblo en las afueras de Santiago de Cuba, a la espera de un traslado a la funeraria. Finalmente, la velaron en casa, desde donde realizaron gestiones infructuosas para conseguir que el carro fúnebre trasladara el cuerpo a una bóveda propiedad de un amigo en un cementerio de la provincia.

"Durante el velorio, ni agua y ni luz en casa, como es la rutina diaria. Cuando llegó el ataúd aquello daba espanto, medio roto, parecía como de cartón", relata Susana, que se encargó de gestionar una camioneta a falta del carro fúnebre y para evitar tener que pasar otro día con el cadáver dentro de la casa.

Esta situación no es aislada, en múltiples provincias cubanas se reporta una alarmante falta de ataúdes y transporte para trasladar a los muertos a su morada final. En localidades como Caibarién, en Villa Clara, las familias dependen de la producción limitada y deficiente de una fábrica provincial, que no logra satisfacer la demanda.

En Santiago de Cuba y Holguín se han utilizado estructuras improvisadas, como cajas de cartón o envases de refrigeradores, para enterrar a los difuntos. En ocasiones, esos ataúdes improvisados se rompen durante el traslado, según han documentado medios independientes y afectados en las redes sociales. Algunos usuarios han denunciado incluso que los cristales de los ataúdes se reutilizan entre fallecidos, exponiendo prácticas dolorosamente indignas, como reflejó una denuncia del periodista Yosmany Mayeta Labrada.

Transporte funerario deteriorado

El colapso del transporte funerario está expuesto en las cifras oficiales, siempre conservadoras. En Ciego de Ávila, en febrero, solo ocho de los 19 carros fúnebres estaban operativos, según recogió el periódico Invasor, mientras que en Santiago de Cuba, solo tres de 16 vehículos prestaban servicio recientemente.

La escasez de vehículos obliga a muchos a cargar los ataúdes a pie, en carretillas, camiones de volteo, motos, tractores o incluso autobuses escolares, como sucedió en San Antonio de los Baños. En un caso extremo, el féretro de un niño fallecido fue trasladado en una hamaca desde una comunidad montañosa hasta el cementerio de Imías, en Guantánamo.

Velorios a oscuras y embalsamamientos precarios

La crisis energética afecta también al último adiós. En funerarias de varias provincias se han reportado apagones durante los velorios, obligando a las familias a iluminar los cuerpos con linternas o velas, como ocurrió recientemente en el caso de Rafael Junior Chávez Carrera, un niño cubano que falleció esperando un trasplante, y cuyo velorio se realizó entre la oscuridad y el desconcierto.

En Sancti Spíritus, algunos cuerpos han sido velados en camillas de hospitales ante la falta de ataúdes, según testimonios recogidos por El Toque. Además, los familiares deben aportar insumos básicos como cemento, ladrillos, tablas o incluso máquinas de afeitar para preparar al difunto, debido a la falta de recursos estatales, como recogió el periódico oficial Escambray.

Cementerios colapsados y sin mantenimiento

Los camposantos en Cuba no escapan al deterioro. Tumbas abandonadas, nichos saturados y lápidas rotas son parte del panorama en lugares como Santiago de Cuba, Las Tunas, Bayamo, e incluso en la capital. Familias han denunciado la mezcla de restos humanos y la desaparición de cuerpos debido a la falta de controles y mantenimiento.

Julita relató DIARIO DE CUBA la amarga experiencia que vivió cuando fue a exhumar los restos de su padre en el cementerio de Colón. "No eran los huesos de mi padre, por muy empeñados que estuvieran en decir que sí. Los clavos en su fémur izquierdo, implantados tras una caída de unas escaleras, no estaban".

Sus reclamaciones no sirvieron para nada. "No he tenido ninguna respuesta. A nadie le importa lo que pasa después de que te mueres", lamenta.

Además, la ausencia de crematorios en la mayoría de las provincias limita aún más las opciones de las familias ante la muerte. Incluso La Habana, que cuenta con este tipo de instalaciones, tiene restringidos los servicios. Isabel tuvo que pagar por la izquierda para cremar los restos de su difunta tía "y conseguir combustible".

Costos ocultos y trauma emocional

Aunque el Gobierno cubano insiste en que los servicios funerarios son gratuitos, en la práctica muchas familias deben pagar por velorios decentes y traslados mínimos. Carpinteros particulares han hecho de la confección y venta de ataúdes un negocio, ante la total incapacidad del Estado de cubrir la demanda.

A través de anuncios en redes sociales, Israel Galán ofrece ataúdes que van desde los 20.000 pesos cubanos hasta los 500 dólares, dependiendo de los materiales utilizados.

"Tengo una caja de muerto disponible acabada de terminar. Era un encargo pero me atrasé buscando la tela que no me alcanzó y no pude terminarla a tiempo. El carro me la trajo de vuelta. Interesados al privado, mensajería en toda La Habana (solo Habana). Precio 23.000", escribió Galán en una publicación el 27 de junio.

En otra publicación con imágenes del trabajo realizado, de indudable calidad, el carpintero anunció: "Hago ataúdes también para religiosos, como este ejemplo para un hijo de Obbatalá. Solo en La Habana. Hay de todos los precios".

"El impacto emocional de esta situación es devastador. A la pérdida se suma la humillación de no poder enterrar dignamente a un ser querido". "El estrés, la rabia y el trauma son terribles", resumen Susana e Isabel.

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1 comentario

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No hay respeto ni por los muertos. Violan las tumbas, sacan a los muertos para meter a otros muertos, bueno, no hay palabras para explicar la falta de principios que impera en la Cuba de hoy.