La cubana Dianelis Arozarena Piedra, quien habita un local sin las condiciones mínimas para una vida digna junto a su hija Sirenai, una menor que padece microcefalia y epilepsia, denuncia a DIARIO DE CUBA que las autoridades del habanero municipio Boyeros han incumplido la promesa que le hicieron a finales de mayo de construirle un baño y cocina.
"Del baño y la cocina todo es mentira; aquí no se ha hecho nada", dice Arozarena Piedra, 21 días después de dar a conocer en Facebook que por fin ella y su hija contarían con esas condiciones básicas dentro del local.
Ahora, las autoridades de Boyeros le han puesto un nuevo pretexto para retardar, aún más, la construcción. Encima, las condiciones de Dianelis y su hija han empeorado, porque en el local hay chinches.
"Ahora me dicen el primer secretario (del Partido Comunista de Cuba) y el presidente (de Boyeros) que hay que esperar que la gobernadora (de La Habana) apruebe un documento para que esta entidad, donde yo estoy, pase al Gobierno, para entonces ellos empezar a hacerlos (el baño y la cocina)", cuenta Dianelis.
"Ahí pueden pasar meses y pueden pasar años, porque esto lleva años esperando", critica. "Entonces, yo no puedo esperar más. Ahora, me cayeron chinches. Parece que en este lugar había chinches, que son como unas cucarachitas que van a los colchones. Tuve que quemar cosas; no te puedo explicar (…). Estoy durmiendo en el piso con mi niña. Ya yo estoy desesperada. Ya no podemos más. ¿Hasta cuándo?", cuestiona.
La historia de Dianelis y Sirenai parecía próxima a tener un final tan feliz como era posible en Cuba y en sus circunstancias, hace poco menos de un mes. Parecía que, al menos por vergüenza y por tratar de sostener el discurso oficial de que en la Isla nadie queda desamparado, las autoridades de Boyeros al fin complirían su palabra.
A finales de mayo, Dianelis anunció en Facebook que, finalmente, después de hacer pública la precaridad extrema de su situación en las redes sociales, ella y su hija podrían hacer sus necesidades fisiológicas en un baño y tener una cocina.
"Ya el primer secretario del Partido (Comunista de Cuba) me aseguró que comenzará la construcción. Y vinieron los inversionistas acá al local. Yo espero que sea verdad", contó entonces a esta redacción, a la que días antes había explicado las condiciones precarias en las que vive con su hija.
Pese a su felicidad porque el baño y la cocina mejorarían la vida de Sirenai, afectada también por cuadriparesia espástica, que es la forma más grave de parálisis cerebral, Dianelis confesó en Facebook en aquel momento que tenía "un sinsabor".
Ella había tenido que exponer, tanto en las redes sociales como en una entrevista con DIARIO DE CUBA, que ella y su hija tenían que hacer sus necesidades en un cubo, por no contar con un baño.
No fue hasta que reveló en Facebook y a esta redacción ese detalle íntimo de su vida, que el primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC) en Boyeros le garantizó que se comenzaría a construir un baño y una cocina en el local, en el que ella se vio obligada a penetrar y a instalarse con su hija hace más de un año.
El pasado 5 de mayo, Dianelis se plantó junto a otras madres cubanas con hijos severamente enfermos en el Ministerio de Salud Pública (MINSAP) y en la sede del Gobierno de La Habana para exigir soluciones. Desde esos escenarios, describió en una directa las condiciones de vida de ella y Sirenai.
Más de 20 días después de esa denuncia, Dianelis contó a esta redacción que no había recibido ninguna solución de las autoridades.
"No ha cambiado nada; hasta este minuto, todo son promesas", criticó entonces esta madre.
Relató entonces que, en marzo de 2024, se vio obligada a invadir el local a convertirse en una de las madres okupas que proliferan en Cuba y que la prensa estatal ha llamado a sancionar, porque vivía "en una comunidad en el municipio Boyeros, pero demasiado distante de un centro de salud, no había bodegas. No había no había condiciones para para niños enfermos y la niña empezó a tener convulsiones propias de su enfermedad", explicó.
La entonces vicegobernadora y actual gobernadora de La Habana Yanet Hernández Pérez, aprobó un cambio de vivienda. Pero la ejecución de esa decisión quedó en manos de las autoridades del municipio Boyeros, que no resolvieron el problema.
Dianelis se vio atrapada entre promesas, "babas", cambios de mandato y corrupción. "La intendenta del municipio cayó presa por corrupta y el viceintendente también. El actual presidente quedó en que me iba a resolver, que me iba a ayudar", contó hace menos de un mes.
La solución no apareció y Dianelis seguía aislada, sin forma de llevar a su hija a un hospital cada vez que sufría las convulsiones, que se volvieron más frecuentes. Por esta razón, el 21 de marzo, se metió en el local con su hija. Una vez dentro, se dio cuenta de que no había baño ni condiciones, pero no tenía otra opción porque en el municipio Boyeros no quedan locales.
Enseguida llamó al Gobierno municipal para informarles que había entrado en el local, porque no quería estar escondida, sino que apareciera una solución. Las autoridades de Boyeros pretendían sacarla, pero Dianelis se puso firme y dijo que solo saldría muerta.
El presidente del municipio le dijo que le conseguiría una taza de baño, pero pasaron los meses y los meses se convirtieron en un año. Sirenai se cayó, mientras hacía sus necesidades en el cubo y Dianelis, que nunca había recurrido a las redes sociales, hizo la primera directa de su vida. Desde entonces, consiguió más —principalmente, ayuda de personas que le han facilitado alimentos y medicamentos para su niña— que con seis años de silencio.
De las autoridades, como ha quedado demostrado una vez, esta madre y su hija solo han recibido falsas promesas.