Una reciente publicación de la UEB División Territorial de Comercialización de Combustibles en Santiago de Cuba se quejó de que se estaban "generando noticias en la población sobre la comercialización de gas licuado en dólares" en la provincia. "Esto es falso, en ningún medio oficial de comunicación del país (radio, televisión, prensa, etc.) se ha informado esta decisión al pueblo", reaccionó la entidad.
El rumor popular se basaba en la creencia de que un buque de gas licuado estaba en el puerto santiaguero y las autoridades callaban al respecto.
Lo cierto es que a la agonía de comer de los cubanos se suma la de cómo cocinar los pocos alimentos que pueden conseguir. La escasa información oficial sobre la disponibilidad de gas licuado y los largos apagones han obligado a la población y a entidades estatales, como centros de estudios y unidades gastronómicas, a usar leña y carbón para cocinar.
Conseguir leña en la ciudad es complicado. Los árboles ornamentales son intocables, hay que ir a la periferia a buscarla. Es lo que hace Raimundo, un jubilado de 70 años que vive en el barrio de Marimón, para ayudar a su hija.
"Antes, en la mañana, me iba a la panadería para esperar el pan. Ya no hay pan; ahora me voy para el camino viejo de El Cobre a buscar leña", dice. "En la casa ya no queda ningún mueble viejo que romper. No hay luz brillante, ni aserrín para hacer un fogón como en el Período Especial. Además, la leña sale gratis. El carbón está caro y es un dinero que te quitas para comprar comida", explica.
El precio del carbón en las ferias que realiza el Gobierno los fines de semana se ha elevado de 500 a 1.000 pesos el saco, mientras los particulares lo venden en 1.200 pesos. La lata de carbón, que es la más comprada por la población, cuesta en las ferias a 250 pesos y en los particulares a 350 pesos.
"Todo es un problema porque, aunque tengas carbón o leña, ¿cómo lo enciendes? Aquí no hay acelerantes —explica Raimundo—, hay que encender con papel y jabitas de nylon, y abanicar y soplar bastante, toda una técnica".
La crisis del gas toca especialmente a las instituciones educacionales, obligadas a cocinar con leña. Según un trabajador de un seminternado que pidió permanecer en el anonimato, a su escuela "no le falta la leña para cocinar. El Gobierno envía camiones con leña cada dos o tres días y no falla. Es buena leña, está seca y prende bien", explica.
Para encender la leña para una cocina tan grande, el Gobierno también provee petróleo como acelerante.
"Esta semana lo que están dando es repollo con picadillo y calabaza", dice Yuneisi, madre de una niña que va al seminternado Micro 2 del distrito José Martí. "Casi siempre dan a los niños el mismo menú toda la semana; hace rato no les dan arroz. Son comidas hervidas, sin especies. Cuando hacen chícharos, quedan duros, y es un desperdicio. Tenemos que mandarle refuerzos para el almuerzo; un fufú de fongo, un poquito de arroz, lo que se pueda. El sabor de la comida con leña es distinto, sabe a humo".
Las madres solteras sufren doblemente la precarización de la vida en Cuba. Enfrentan solas los desafíos de la alimentación de los hijos, agobiadas por la inflación.
"La degradación de nuestro nivel de vida es cada día mayor", dice Karina, bibliotecaria de una escuela y madre de dos niños. "Desde hace dos meses estoy cocinando con carbón, gracias a que lo compro en la feria los fines de semana que es más barato. No he cocinado con leña todavía, pero el día que no traigan carbón a la feria, tendré que hacerlo; ya desbaraté una mesita vieja de bagazo porque sé que me va a tocar cocinar con leña. En Cuba hoy todo es retroceso", lamenta.
"Estamos en modo supervivencia", señala Karina. "Todo es muy precario y elemental. Los más pudientes cocinan con carbón y los más pobres con leña. Nada, que vivimos en la comunidad primitiva".
Eso es vergonzoso.