Mientras los hospitales cubanos enfrentan una severa escasez de medicamentos, insumos y personal, el Gobierno cubano afianza acuerdos internacionales con fines comerciales. Esta vez, el vínculo se estrecha con el municipio brasileño de Maricá, en el estado de Río de Janeiro, mediante un convenio con instituciones del grupo estatal BioCubafarma, recogió la oficial Agencia Cubana de Noticias (ACN).
Según informó la propia entidad en la red social X, un encuentro en La Habana abordó "aspectos estratégicos" de la colaboración bilateral, como la transferencia de tecnologías, la exportación de productos biofarmacéuticos y el desarrollo de proyectos de investigación conjunta.
En ese marco, la Alcaldía de Maricá y su Instituto de Tecnología de Innovación firmaron acuerdos con el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) y el Instituto Finlay de Vacunas, ambas entidades controladas por el Estado cubano.
El CIGB calificó el convenio de "histórico", pues permitiría producir en territorio brasileño medicamentos como el Heberprot-P —destinado al tratamiento de úlceras del pie diabético— y vacunas desarrolladas en la Isla. El objetivo es crear una empresa mixta que combine tecnología cubana con capacidad industrial brasileña, lo que, según los firmantes, refuerza la llamada "cooperación Sur-Sur".
Sin embargo, no se han divulgado detalles sobre los términos económicos del acuerdo ni cómo se traducirán estos convenios en beneficios tangibles para una población que, en medio de la peor crisis sanitaria de los últimos 30 años, ve menguadas sus posibilidades de acceso a fármacos básicos y atención médica de calidad y recurre al mercado negro o a familiares en el exterior para conseguir desde una aspirina hasta una jeringuilla.
En las últimas semanas el Gobierno cubano ha realizado varios anuncios relacionados con su industria biofarmacéutica que apuestan por la inversión extranjera.
La Empresa Laboratorios Farmacéuticos AICA presentó una propuesta de negocio para la construcción de un centro de plasmaféresis, gestionado por BioCubaFarma, para la extracción de plasma y su futura comercialización, informó el medio oficial Granma, en una nota cuya primera parte estuvo dedicada a culpar al embargo estadounidense por "las limitantes" de la industria farmacéutica de Cuba.
Así, el régimen cubano hizo oficial un negocio de exportación de derivados de la sangre, casi diez años después de que la organización no gubernamental Archivo Cuba denunciara esa práctica lucrativa con las donaciones altruistas de los cubanos, que la entregan sin recibir remuneración.
El director de Inversiones de la empresa, que pertenece al monopolio farmacéutico estatal BioCubaFarma, el ingeniero John Wilber Arrazcaeta, dijo a Granma que el proyecto se inserta en la modalidad de inversión extranjera.
En marzo, el polo estatal informó que "como parte de una fructífera colaboración bilateral", se prevé concretar durante 2025 la creación de la primera empresa mixta con Rusia en el sector biofarmacéutico, para fortalecer la presencia de los productos cubanos en el mercado euroasiático.
El vicepresidente primero de esa institución, Eulogio Pimentel, y otros directivos de empresas cubanas sostuvieron un encuentro con representantes de empresas farmacéuticas rusas en Moscú.
Según BioCubaFarma, "la colaboración se realiza en dos direcciones: transferencias de tecnologías cubanas para beneficio del pueblo ruso y el registro de medicamentos rusos que aportarán a la salud en Cuba".
Ante el resquebrajamiento integral del sistema de salud cubano y las carencias para el desarrollo científico del país, el Fondo Ruso de Inversión Directa (RDIF, por sus siglas en inglés) anunció en junio de 2024 que destinaría más de 11 millones de dólares para desarrollar junto a BioCubaFarma "medicamentos innovadores contra enfermedades geriátricas y oncológicas".
Los números reales de las exportaciones biotecnológicas cubanas no son públicos, pero sí se sabe que es uno de los negocios principales La Habana. En un artículo para DIARIO DE CUBA, la economista Rafaela Cruz escribió: "Nadie podría decir si está siendo rentable y si fue o no una buena decisión económica. Que hoy sea una industria autosostenible (que ingrese más de lo que gasta) no significa que se hayan amortizado las enormes inversiones hechas para crearla".