Nunca olvidaré la experiencia de un encuentro que tuve en Nueva York con unos amigos cubanos de mi exnovia Nubia. Habíamos quedado en vernos en el lobby de nuestro hotel y cuando finalmente nos encontramos cara a cara, el señor le dijo a su esposa: "Aquí esta una prueba fehaciente, de lo que siempre te he dicho. Estos son negros cubanos de salir, a diferencia de los afroamericanos, que son unos acomplejados y se ofenden por cualquier cosa".
El señor completó su argumento, apostando que al negro cubano se le puede llamar "negro de mierda", y que jamás se ofendería, porque está consciente de que se trata de un chiste. Por mi parte, me quedé callado reflexionando e hice uso de la sabiduría práctica y la soberanía verbal. Porque estaba consciente que la ofensa verbal no es una señal de fuerza, sino un grito desesperado de debilidad.
Pero Nubia reaccionó inmediatamente de una manera diferente y le aclaró al señor que existen estándares que son inquebrantables. "Bueno, si tú me llamas 'negra de mierda', entonces yo me resingo en tu madre".
Demás esta decir que se produjo un silencio, seguido por un mutis de ambas partes. Lo que se suponía iba a ser un encuentro cordial y amistoso entre compatriotas, terminó abruptamente de una manera nada agradable. Esta experiencia me demostró que las expresiones racistas se han hecho tan normales entre cubanos que los protagonistas no perciben el daño que hacen y que el racismo es un fenómeno que a todos los afrocubanos les molesta, incluso hasta el nivel de la vida cotidiana. Pero cada interlocutor reacciona y filtra esta experiencia, basado en su autoconciencia y dignidad.
En la actualidad el racismo rara vez se presenta físicamente con el rostro brutal y explícito de otros tiempos y suele esconderse detrás de la risa, el comentario "ingenioso" y la ironía disfrazada de humor, y ahí reside su peligrosidad: en su capacidad de herir mientras aparenta inocencia. Las bromas de mal gusto y el sarcasmo se convierten en armas predilectas de los racistas cobardes, porque permiten atacar sin asumir abiertamente la responsabilidad moral de la agresión. Son formas de violencia simbólica que buscan degradar al otro, mientras preservan la apariencia de una simple diversión.
El chiste racista no es un acto inocente. Detrás de cada burla existe una estructura de poder. El humor puede ser una expresión legítima de creatividad y crítica social, pero también transformarse en un mecanismo de humillación cuando se utiliza para reafirmar prejuicios históricos. El racista que se ampara en la ironía no pretende hacer reír, pretende marcar territorio, establecer jerarquías invisibles y recordar quién ocupa según su visión el lugar "superior", y quiénes son los subordinados. El sarcasmo funciona entonces como un sofisma de superioridad: un recurso retórico que busca justificar la discriminación bajo el disfraz de la inteligencia o la agudeza verbal.
La cobardía del racismo moderno y de los microrracismos consiste precisamente en esa ambigüedad calculada. El agresor lanza el "dardo envenenado" y, cuando la víctima reacciona, se refugia en la excusa de que "solo era una broma". De esta manera, el ofendido queda atrapado en una trampa psicológica: si calla, legitima la agresión; si protesta, es etiquetado como "acomplejado", "resentido" o incapaz de entender el humor. Esta estrategia resulta extremadamente eficaz porque desplaza la atención del acto discriminatorio hacia la reacción de la víctima. El problema deja de ser el racismo y pasa a ser la sensibilidad de quien lo denuncia.
En ese sentido el racismo necesita del silencio para sobrevivir. Como afirma el escritor Gilberto Dihigo, el racismo es un parásito que se alimenta del silencio y la pasividad social. Cada vez que una sociedad minimiza estos comentarios o los considera inofensivos, contribuye a normalizar una cultura de desprecio.
Las palabras no son simples sonidos vacíos; moldean percepciones, legitiman conductas, construyen imaginarios colectivos y moldean y crean la realidad. Un chiste repetido durante generaciones puede convertirse en un prejuicio aceptado y un prejuicio aceptado se transforma en exclusión social, desigualdad y hasta violencia. Además, el racismo disfrazado de humor revela una profunda frustración interior. Muchas veces, quien ridiculiza al otro necesita degradarlo para reafirmarse a sí mismo. El desprecio hacia los otros no nace de una auténtica superioridad, sino de inseguridades y temores profundamente arraigados. Por eso el racista necesita constantemente rebajar al otro, porque su identidad depende de mantener una falsa escala de valor humano superior. La burla se convierte así en un mecanismo de ataque y de defensa psicológica y social.
Sin embargo, la historia demuestra que las estructuras de discriminación comienzan a debilitarse cuando las víctimas dejan de guardar silencio. Denunciar el racismo no es una señal de inferioridad ni de complejo; todo lo contrario, es un acto de rebeldía, dignidad y valentía. Resistirse a la humillación significa rechazar la jerarquía que el racista intenta imponer a través de la censura y la eliminación del pensamiento crítico. Pero la conciencia crítica y la memoria histórica son herramientas esenciales para desmontar estas formas encubiertas de violencia.
Podemos llegar a la conclusión de que las bromas racistas y el sarcasmo discriminatorio no son simples expresiones de humor, sino instrumentos de dominación simbólica. Bajo la apariencia del humor y el ingenio, esconden la intención de herir, humillar y perpetuar desigualdades históricas. El racismo contemporáneo es proteico y ha aprendido a disfrazarse de la ironía y el sarcasmo para sobrevivir en sociedades que lo condenan abiertamente, pero continúan tolerando y alimentando formas más sutiles. Frente a ello el silencio no puede ser la respuesta. Nombrar el racismo, desenmascararlo y enfrentarlo es una forma de defender la dignidad humana y de impedir que la burla siga funcionando como una máscara aceptable del desprecio.
Llevan razón quienes afirman que en Cuba se ha copiado lo peor de EEUU, incluido el problema racial. Sea por simpleza de mentalidad o por ignorancia de la propia historia cubana. Pero me parece que la sociedad cubana dividida en razas nunca dejó de existir, y con eso bastó para que el problema continuara, aunque el proceso del 59 con legislaciones haya declarado el asunto saldado. En las mentes de muchos nunca ha dejado de existir. La revolución era tan perfecta que con una varita mágica sacada del Palacio de la Revolución se borraba el lenguaje, chistes, actitudes y acciones discriminatorias. Todo quedó en el marco de la conciencia de cada quien. Si eras negro, habías tenido relaciones románticas con negros, o habías presenciado o sufrido en carne propia cómo para determinados puestos de trabajo se favorecía al blanco, alcanzabas un grado de conciencia individual sobre el asunto. (cont)
(CONT) Ese Estado nunca dedicó el más mínimo esfuerzo por contrarrestar las actitudes y prejuicios de los llamados blancos en Cuba contra negros y mestizos, al tiempo que no les permitió asociaciones ni voz propias, y eso habla de esa realidad que se ha arrastrado. Tan es así, que ante la magnitud del asunto Raúl Castro emitió en los años 90 un dictamen populista para la militancia del PCP y la ciudadanía intentando promover a cargos de dirección a los negros, que al incluir también a jóvenes y mujeres, se corrió el choteo de que si eras una joven negra tendrías éxito. Cuando se confunde la discriminación en Cuba --donde nunca se ha llevado a cabo una campaña nacional en contra-- con el wokismo, pienso que no se aborda bien ese problema. Es un asunto, pienso, más complicado, porque se encuadra en la esfera de la conciencia de los ciudadanos.
En 124 años de existencia de Cuba despues que salio la España colonial, los ultimos 67 han sido bajo de la bota del peor gobierno RACISTA.
El familiango kagastro siempre han tenido UN SOLO NEGRO DE TURNO A LA VEZ. Almeida ocupo ese "cargo" hasta su retiro. Entonces vino Robinson hasta que los desaparecieron por enfrentarse a la familia "real" (proceso de rectificacion de errores). Despues el "cargo" lo ocupo el Mono Lazo (bautizado asi por el propio kagandante).
Si hoy en dia hay par de ellos es porque la china pamelaheredo el mono de su hermano, el ya traia al suyo: Salvador.
Negra con blanco SE PULE
Blanca con negro SE PUDRE
Nuvia lo dejo por que no queria terminar PODRIDA su vida con un individuo como Ud
Los racistas desprecian la concentración de melanina en la piel🤣
Llevamos 67 años de tiranía comunista sin visos de terminar y ya estamos importando lo peor de EEUU: su sociedad dividida en "razas".
Lo de afrocubano me suena tan ridículo..
No es el espíritu emprendedor, el imperio de la Ley o el optimismo antropológico. No. Lo que queremos importar de EEUU es su insana división por "razas" y el insidioso wokismo que pretende perpetuarla con el pretexto de resolverla.
Prosco siempre es más cómodo buscar la causa de tus problemas fuera de ti. A todas las "minorias", incluidos los afro...., se les ha servido en bandeja de plata una teoría con que justificar su incapacidad. En Cuba hubo y hay millones de problemas pero si algo hay que alabar en estos 67 años es que el que no sea médico, ingeniero, no tenga alguna profesión o simplemente se haya largado a buscar mejor suerte es porque no ha querido, y eso no es solo problema de los negros, tengo jóvenes en la familia que andan sacándose los mocos y me duelen los c... de aconsejarle que estudien, si no has hecho lo que te corresponde vete a llorar a maternidad, eso aplica para todo el mundo.
Está claro que el racismo es repudiable en cualquiera de sus formas, pero la corrección política ha ido demasiado lejos con sus principios sobre el racismo que ya superan el ridículo. A nadie que conocía y de confianza en mi círculo de amistades y a alguno le llamé negro(a), mulato(a) o chino(a), gallego, etc. se molestó. Era un práctica habitual en Cuba en la comunidad entre gente que se conoce y se aprecia, porque a ningún desconocido se le llama por su raza por una cuestión que es obvia por sí misma, Es el wokismo es el que ha venido a enturbiar las relaciones sociales con esa extrema y falsa sensibilidad.
Wokismo disfrazado de antiracismo ...
😊 Alcalde, el articulista ha recibido un curso intensivo de DEI con Kamala.
O sea, ya está prohibido aquello de : "Oye mi negra…"; “…Mulata hace tiempo que no te veía…"; o "…Oye chino te llamé ayer…"
Para mí esto es historia antigua, digerida, aprendida y devuelta como algo íntegro en mis maneras de expresión y comportamiento. El racismo, sea contra negros, chinos, indígenas, contra cualquier persona, es despreciable. Al menos yo no tengo que ponerle etiquetas de afro... lo que sea, me basta con respetar a la persona, porque pienso que con una etiqueta lo estoy ya señalando, como no señalo a alguien de supuesta raza blanca. E igual que al referirme a alguien de aparente raza blanca no menciono su color, al referirme a cualquier otro con otro color de la piel tampoco lo hago.
El racismo es un acto deplorable, todo eurocubano que discrimine a un afrocubano debe ser condenado.
Jajaja 🤣