Como parte de su programa político, en 1959 el Gobierno cubano apostó por la construcción masiva de viviendas y equipamientos sociales. Aunque más adelante el proyecto se torció y luego casi se disolvió, hay ejemplos exitosos que dan muestra de la capacidad adaptativa y talento de los arquitectos cubanos. Entre ellos están algunos conjuntos habitacionales muy bien concebidos desde la integralidad de su diseño urbano y la alta calidad artística, técnica y constructiva de los inmuebles.
Hoy puede decirse que engrosan el patrimonio moderno de la nación. Sin embargo, es un patrimonio difícil de resignificar y poner en valor, porque se percibe fuertemente asociado a una ideología política fallida, a su comitente, provocando rechazo o resistencia por reconocer que, por sus valores arquitectónicos, trasciende su momento histórico e incluso el ámbito constructivo nacional.
En otras ocasiones hemos presentado la Unidad Vecinal No. 1 (1961) o Camilo Cienfuegos, en La Habana del Este, como paradigma de la vivienda social de la década de 1960, construida por el Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda (INAV). Este conjunto ha sido reconocido Monumento Nacional (1996) por su concepción integral del hábitat y su aplicación coherente de los postulados del urbanismo moderno. Junto a él destaca el Reparto Lenin (1961), también construido por el INAV, en Camagüey. En su diseño y ejecución participaron los arquitectos Germán Delamartter-Scott Tapia, Elena A. Ramos Ledón y Eric Agras Guillén.
Menos difundido que su par habanero, constituye uno de los exponentes más logrados de la vivienda social de los primeros años revolucionarios, el más grande fuera de la capital y una pieza clave para comprender la transformación urbana de Camagüey en la década de 1960. Se localiza en el kilómetro 5 de la Avenida Finlay, a medio camino entre el aeropuerto y el Hospital Provincial Amalia Simoni.
El proyecto aprovechó una zona de expansión prevista desde la República y dio respuesta a parte de la demanda habitacional camagüeyana. Su ubicación periférica le facilitó aplicar con libertad los principios del Movimiento Moderno. Lejos de la trama compacta del centro histórico, estructuró a partir de una avenida principal viales secundarios que generan supermanzanas, donde no se reprodujo la ocupación tradicional cerrada. La jerarquización vial y la separación de los edificios por amplias aceras y franjas de vegetación, que incluyen parques y espacios públicos favorecieron a su vez el confort climático y ambiental.
Uno de sus valores radica en su concepción integral. La nueva urbanización articuló un sistema de servicios capaz de dotarle de relativa autonomía: comercios, escuelas, centros de salud, negocios de servicios, instalaciones deportivas, etc. Estos equipamientos se concentraron en la planta baja de los inmuebles en torno a la Avenida Principal, configurando un eje terciario, sin limitar la presencia de algunos otros en parcelas interiores para descentralizar funciones –propuesta que más recientemente defiende y aplica el Nuevo Urbanismo.
El conjunto inicial comprendía 39 edificios de dos y tres plantas (170 viviendas), 64 viviendas de dos plantas (128 viviendas) y 202 de una planta, para un total de 500 unidades. La clasificación tipológica respondió a la composición familiar, con viviendas de entre dos y cuatro dormitorios, hasta dos baños; y podía incorporar despensa, patio de servicio, balcón y car-porch. La variedad evitó la monotonía y demostró una voluntad creativa poco común en desarrollos posteriores.
Formalmente, el reparto asumió el lenguaje moderno con volúmenes puros y una composición sobria y funcional, no exenta de encanto. El tratamiento dinámico de algunos elementos como las cajas de escaleras, las cubiertas, las celosías, y la inserción de murales artísticos y elementos escultóricos aportaron gran riqueza visual al paisaje urbano. Estos detalles, armoniosamente integrados en la concepción del inmueble, crearon espacios distintivos, quebraron la regularidad de las fachadas, generaron ambientes, diferenciaron modelos y evidenciaron soluciones técnicas acertadas con una alta calidad de diseño. Algo muy positivo, que en la década siguiente se perdería, fue el uso de sistemas mixtos que combinaban técnicas tradicionales con elementos prefabricados, para un mayor equilibrio y riqueza constructiva.
En las viviendas unifamiliares, el jardín perimetral y el portal reforzaron la relación con el entorno. Para la especialista Adela María García Yero, la orientación de los inmuebles favoreció la ventilación cruzada y el aprovechamiento de la luz, mientras las lucetas coloreadas o las celosías tamizan el sol. Interiormente, se buscó privacidad para las áreas íntimas sin sacrificar amplitud. El resultado fue un hábitat donde la sencillez formal convive con soluciones climáticas inteligentes, adaptadas a las condiciones locales.
El Reparto Lenin incorporó amplias áreas verdes, parques y plazas que remiten a la tradición de la ciudad jardín. La presencia de zonas de parqueo y, en algunos casos, garajes individuales revela una previsión funcional que entendía la movilidad como parte del proyecto urbano. Además, estableció conexión directa con el resto de la ciudad a través de la Avenida Finlay, aunque su sistema de servicios le otorgó una independencia relativa respecto al núcleo histórico.
Comparado con la emblemática experiencia habanera, el INAV camagüeyano compartió la aspiración de integrar vivienda, servicios y espacios libres bajo una lógica moderna, demostrando que también era viable y útil en el contexto provincial, sin desechar la tradición constructiva local. Pese a la ausencia sistemática de mantenimiento y a transformaciones individuales que han alterado parte de la imagen original, el estado constructivo general sigue siendo favorable gracias a la calidad de ejecución inicial. El envejecimiento y las intervenciones no siempre afortunadas no borran el valor urbano del conjunto: una estructura coherente, el equilibrio entre edificación y áreas verdes, y la diversidad tipológica que evita la repetición mecánica.
El Reparto Lenin de Camagüey representa una etapa en la que coexistían la iniciativa profesional y la gestión estatal, y en la que el diseño aún gozaba de margen para la experimentación. Rescatar su historia y comprender sus valores permite ampliar el mapa de la modernidad en Cuba más allá de La Habana. El INAV camagüeyano no es una réplica menor, tiene espacio propio en la aspiración de construir ciudad desde la vivienda. En él pervive la ambición de un proyecto urbano que, pese al deterioro, sigue ofreciendo lecciones sobre cómo pensar el hábitat con visión integral, desde la plena capacidad profesional del arquitecto y atendiendo a las aspiraciones de la sociedad receptora.
Sra. Leal. Tal vez no sea el mejor ejemplo, pero fue construido por ese tiempo (1964-1965) el Reparto Lenin (también Lenin) de Holguin, detrás del Hospital del mismo nombre, 22 casas, solo 22.
Sra Yaneli si se les acabo los temas sobre arquitectura NO ESCRIBA, el castrocomunismo no ha dejado legado arquitectonico, ese reparto es una aberracion, como lo refleja su nombre
Sin dudas la etapa del INAV fue lo mejor de las construcciones de viviendas posteriores al 59. Todavía el nuevo Estado no había asumido los esquemas de gobernabilidad vertical que adoptó después. Y como quedó probado, sin libertades, sin un mínimo de ellas, ni la arquitectura se salva. Gracias a Yaneli por este trabajo.
Reparto Lenin, vaya chealdad de nombre. Al menos donde yo me crié no le cambiaron el nombre original.
Por lo demás, interesante artículo, gracias.
Vayan preparándose para rebautizarlo como Reparto Trump o cualquier otra cosa, porque el nombre de ese asesino de Lenin es inaceptable en una Cuba libre.
Estaba pensando justamente en eso. Toda la toponimia de la isla irá a cambiar. Por suerte.