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Ensayo

El Che de Korda

'Más allá de sus cenizas apócrifas, el Che de Korda sigue en 2026 frunciendo el ceño desde la fachada del Ministerio del Interior en La Habana, cuna de nuestro teatro represivo nacional'.

Nueva York
Korda con su foto original del Che.
Korda con su foto original del Che. Vanity Fair

Mi abuela solía prenderle una vela, aunque el ídolo de la foto hubiera sido en vida un ateo atroz. Ese recuerdo aún baila en mi memoria junto a una luz que agoniza. De niño, a finales de los años 70 en La Habana, durante los apagones interminables, me aterraba aquella coreografía de sombras sobre el rostro del Che.

Su famosísimo rostro, impreso en un enorme cartel que mi abuela había recogido de la calle tras un desfile militar, lucía heroico, aparentemente inmortal. Sin embargo, ya había pasado una década desde que lo mataran en una escuelita paupérrima de Bolivia, un país al que por entonces yo no sabría localizar en un mapa.

Mi abuela le rezaba a una especie de San Che. Ella no era revolucionaria ni la cabeza de un guanajo, pero sí creía en los espíritus fuertes que se niegan a abandonar este mundo así como así. Por eso, al principio pensé que le rezaba a un tal Sánchez y que eso de Che era solo un diminutivo de cariño.

Luego, en la escuela, aprendí que se llamaba Ernesto Guevara de la Serna. Y que la foto que lo inmortalizaba en el poster era obra de un antiguo fotógrafo de moda llamado Alberto Díaz Gutiérrez, quien más tarde cambiaría su nombre por Korda.

Yo ignoraba que el Che de Korda, tan prominente en las sombras chinescas de mi infancia, era ya una de las imágenes más reproducidas de la historia, rivalizando con la Mona Lisa y con Marilyn Monroe levantando su falda al viento en el cine.

La deidad Guevara se volvió viral mucho antes de la existencia de YouTube, Twitter, Snapchat y Facebook. De Bolivia al Congo, de Vietnam a Sudáfrica, de la URSS a los USA, el Che de Korda devino apóstol del anticapitalismo y sumo icono de los activistas sociales del siglo XX, a pesar de que el Che había predicado la violencia como herramienta para forjar al "Hombre Nuevo" que borraría la explotación sobre la faz de la Tierra.

Che y Korda le dieron la vuelta al mundo. En las barricadas estudiantiles de París, 1968. En la portada del álbum American Life de Madonna. En los pósteres psicodélicos de Jim Fitzpatrick. En las gafas de sol de Jean-Paul Gaultier. En las cajas de puros. En los paquetes de condones. Cristo y Gay, de dormitorio en dormitorio en las universidades. También, en los campamentos de refugiados y las prisiones. Y en la fachada fascistoide del Ministerio del Interior cubano, a ras de la Plaza de la Revolución, en La Habana.

Este Che icónico, fue un significante vacío, híper adaptable. Patrick Symmes, intentando discernir entre el hombre y el mito en su libro Chasing Che: A Motorcycle Journey in Search of the Guevara Legend, le dijo a un reportero de The New York Times: "Mientras más pasa el tiempo, más chic se vuelve el Che, porque cada vez significa menos".

*

El Che no era cubano. Pero en febrero de 1959 se le concedió la nacionalidad cubana "por nacimiento". No era economista. Pero en noviembre de ese mismo año Fidel lo hizo presidente del Banco Nacional de Cuba, donde firmaba el dinero con su seudónimo de tres letras. Ni siquiera era tan apuesto como aparenta, pues sus rasgos se habían abultados tras una vida entera luchando contra el asma. Pero es recordado como el ídolo más fotogénico no solo de la Revolución Cubana.

Para los cubanos de cualquier generación, el Che de Korda no tiene nada que ver con la estética guerrillera, sino con una mezcla sentimental de superstición y socialismo, de ideología e ignorancia, de fidelidad y pavor. Muchos veneran su ausencia como un símbolo de lo que la Revolución Cubana pudo ser y no fue, sin detenerse a pensar que el Che les resultaría hoy insoportable, por su desprecio a toda comercialización mundana.

En la era global donde todo vale, el Che ya no tiene que representar nada en particular, pues puede representar infinitas cosas. Si antaño fue un símbolo de una sociedad que aspiró a la abolición del dinero, hoy el Che es otra de las marcas capitalistas. Una pieza de museo y una pose cool.

Cuando los Rolling Stones tocaron en 2016 en la Ciudad Deportiva (provocadoramente, un Viernes Santo), el Che de Korda les dio la bienvenida a "Sus Satánicas Majestades" con su habitual pose heroica, más el añadido de una anglófona lengua roja saliéndole de la boca.

Mucha gente que en Cuba ya no puede ganarse la vida dignamente con su profesión, por los salarios insolventes con que les paga el Estado, han aprendido a fabricar y vender baratijas del Che, que se agotan como pan caliente en los mercadillos turísticos.

Todavía hoy, cuando los funcionarios del Gobierno invocan al Che, tienden a repetir un par de frases hechas del Guerrillero Heroico: "El grado más alto de la especie humana es ser revolucionario" y "El verdadero revolucionario está guiado por grandes sentimientos de amor".

Muchos mantienen su foto de Korda en las oficinas, como amuleto de pureza ideológica. Incluso el trovador Frank Delgado, que admira la mítica primigenia del Che, condena lo que considera parte de la decadencia revolucionaria actual:

Y a los que te utilizan como tema del sermón
y hacen todo lo contrario,
no les permitiremos más discursos en tu honor
ni que usen tu retrato si van a predicar…
lo que no son.

Curiosamente, la canónica foto de Korda, hoy tan omnipresente, al inicio fue un gesto al azar. Una imagen periodística captada al vuelo, por instinto, y que ese mismo día un periódico cubano descartó, con el membrete de "no publicable".

De ahí que Korda la colgara como decoración en su estudio y, por un buen tiempo, prácticamente se olvidó de su obra maestra.

*

El viernes 4 de marzo de 1960 un barco explotó en el puerto de La Habana, matando a más de un centenar de trabajadores e hiriendo a muchos más, incluidos transeúntes que acudieron a ayudar. Se trataba del buque La Coubre, cargado con toneladas de armas compradas por el Gobierno cubano en Bélgica y transportadas en secreto al Caribe, sin las mínimas medidas de seguridad.

Los detalles del desastre son confusos, pero es obvio que las armas y municiones fueron descargadas por estibadores comunes para disimular la operación ante los "enemigos del pueblo". Es decir, los grupos opositores locales y los contrarrevolucionarios "agentes de la CIA" que vigilaban de cerca cada movida de Fidel Castro.

Alberto Díaz Gutiérrez, fotógrafo del periódico Revolución, fue asignado a cubrir los funerales al día siguiente, en el cementerio de Colón. Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, fascinados por una utopía tropical que podía darle color al gris estalinismo del comunismo soviético, se encontraban entre los invitados de honor ese día. Cerca de ellos estaba el Che, quien años antes había firmado sus cartas familiares "Stalin II", jurándole a una tía, "delante de una estampa del viejo y llorado camarada Stalin, que no descansaré hasta que vea aniquilados a esos pulpos capitalistas".

En su discurso fúnebre, como era de esperar en aquella Guerra Fría ya no tan fría, Fidel en persona anunció que la explosión había sido un sabotaje. De paso, acusó a EEUU del crimen, sin más pruebas que su propio monólogo ante las masas, lo que él llamaba la "democracia directa". Fue ese sábado cuando el líder pronunció por primera vez su consigna de "Patria o Muerte", transformando radicalmente el lema prerrevolucionario de "Patria y Libertad".

Por entonces, Alberto Díaz Gutiérrez ya era conocido como Korda. De hecho, antes del triunfo del Ejército Rebelde en enero de 1959, su amigo Luis Antonio Pierce y él habían registrado su estudio fotográfico con esa marca, Korda, en honor a dos directores de cine húngaros. No eran más que fotógrafos de moda de la alta sociedad, aprovechando la luz natural para comercializar ropa cara y promover a las estrellas del cine y la televisión.

Después de 1959, la épica de la Revolución Cubana los convirtió en reporteros gráficos comprometidos con la epopeya. De todas formas, los negocios privados ya iban siendo nacionalizados (o abandonados por la estampida migratoria), así que ambos comprendieron que pronto Fidel Castro sería el único empleador en la Isla y que habría que poner sus lentes de lujo en función de él y de lo que antes se consideraba "la chusma".

Korda recordaría más tarde aquel instante mágico en que tomó la foto kordiana del Che: "Al pie de la tribuna, toda de luto, el ojo pegado a mi vieja Leica, fotografiaba a Fidel y a todos los que le rodeaban. De repente, frente al objetivo de 90 mm surgió el Che. Me sorprendió su mirada… Por reflejo, disparé dos veces: una horizontal y otra vertical. No tuve tiempo de hacer una tercera, porque se había retirado discretamente a la segunda fila… Todo ocurrió en medio minuto…"

De vuelta a casa, Korda recortó la toma horizontal hasta convertirla en un retrato vertical, porque en el encuadre completo aparecía otro hombre junto al hombro derecho del Che, además de unos penachos de palma a la izquierda. Los editores del periódico Revolución rechazaron esa noche la copia en blanco y negro, sin explicarle por qué. Simplemente, prefirieron publicar las fotos de Korda donde salía el comandante en jefe y sus intelectuales invitados: Sartre y Beauvoir.

Korda colgó la imagen descartada del Che en su propio cuartico. Solía llamarla "El guerrillero heroico" y le gustaba describir al Che que él captó en plata sobre papel como un tipo "encabronado y doliente", con "la mirada tan fuerte que tenía", dada "la pura ira por las muertes ocurridas el día anterior y el dolor de sus familias".

*

A pesar de haber tomado cientos de fotos del Che, Korda insistía en que al argentino-cubano no le gustaba que lo fotografiaran. Al Che no le interesaban la gobernabilidad ni la diplomacia, sino exportar la revolución por cualquier medio: una misión demasiado sagrada como para perder el tiempo posando para las cámaras detrás de la verborrea de Fidel Castro. Era un hombre de acción y pronto necesitaría volver a la acción.

En 1965, el pueblo cubano no supo nada del "guerrillero heroico" durante seis meses, hasta que Fidel en persona hizo pública una carta de despedida de su supuesto camarada en la lucha antiimperialista. Allí el Che renunciaba a todos sus cargos civiles y militares, incluso a su nacionalidad cubana, porque, según escribió, "otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos".

Aunque Korda y el Che habían nacido con apenas meses de diferencia, en 1928, el fotógrafo sobreviviría a su sujeto por más de 33 años. Ernesto Guevara de la Serna fue ejecutado por la soldadesca de Bolivia, en octubre de 1967, tras ser capturada su guerrilla con la ayuda de un exiliado cubano que trabajaba para la CIA.

Un par de meses antes de la muerte del Che, el empresario italiano Giangiacomo Feltrinelli llamó a la puerta de Korda en La Habana. Había llegado a Cuba directamente desde Bolivia y le entregó una carta de Haydée Santamaría, entonces presidenta de Casa de las Américas, donde ella le indicaba a Korda que le proporcionara a Feltrinelli su mejor foto del Che.

A Korda le ocurrió señalar hacia la pared de su estudio, donde aún colgaba la foto ignorada por Revolución, un periódico que para entonces ya ni siquiera existía. "Esta es mi mejor foto del Che", le dijo al comunista italiano.

Feltrinelli le encargó dos copias y al día siguiente Korda hizo las dos impresiones de ocho por diez pulgadas. Cuando le preguntó por el precio, Korda lo sorprendió diciéndole que las fotos eran un regalo personal, por Feltrinelli haber venido recomendado por quien lo recomendó.

Puede que fuera cierto, pero igual aceptar dinero habría sido arriesgado para el autor. El Gobierno ya estaba a punto de extinguir todos los negocios privados y la posesión de moneda extranjera era un delito castigado con cárcel o algo peor.

Heredero de una de las familias más ricas de Italia, Feltrinelli volcó sus energías y finanzas en las causas más radicales de la izquierda. Con el cadáver del Che aún caliente en Bolivia, comenzó a vender millones de pósteres, en los que comercializaba la foto de Korda sin darle crédito al tirafotos cubano. Cuando Fidel Castro le entregó una copia del manuscrito del Che en la selva boliviana, Feltrinelli de inmediato lo publicó, imprimiendo anónimamente la foto de Korda en portada.

Según su hijo Carlo, Feltrinelli bautizó la obra maestra de Korda como "Che en el cielo con chaqueta", un juego de palabras con "Lucy en el cielo con diamantes". Lo irónico es que en esa misma época las canciones de los Beatles estaban estrictamente censuradas en Cuba y los amantes del rock (esos "enfermitos" y "seres extravagantes") eran detenidos junto a los homosexuales, los testigos de Jehová, los peludos hippies no conformistas, y todos eran enviados en rastras a los campos de trabajo forzado de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), donde se suponía que "El trabajo os hará hombres".

En 1972, Giangiacomo Feltrinelli, el hombre que en los años 50 ayudó a sacar clandestinamente la novela Doctor Zhivago de Boris Pasternak de la Unión Soviética, apareció reventado cerca de Milán, aparentemente víctima de sus propios explosivos, junto a una línea de alta tensión que se sospechaba que él intentaba sabotear. Todavía hoy su muerte sigue rodeada de sospechas de asesinato, porque los soviéticos nunca olvidaron su rol en la promoción en Occidente de Pasternak, tal como tampoco le perdonaron al Che su admiración de Mao y sus críticas públicas a la "complicidad tácita" de la URSS con los países imperialistas.

*

Durante décadas, Korda no ganó ni un centavo con la distribución masiva de su imagen icónica. Lucrar con ella habría sido una desviación ideológica en aquella Cuba de carácter obligatoriamente voluntario. No por gusto Fidel Castro se había preguntado: "¿Quién le paga a Cervantes sus derechos de propiedad intelectual? ¿Quién le paga a Shakespeare? ¿Quién les paga a los que inventaron el alfabeto, a los que inventaron los números, la aritmética, las matemáticas?", solo para concluir que en Cuba "consideramos todos los acontecimientos técnicos un patrimonio al cual tiene derecho toda la humanidad, y que tienen especialmente derecho los pueblos que han sido los pueblos más explotados".

Poco antes de morir, Korda sí presentó y ganó algunas demandas legales sobre su derecho de autor y a la postre logró que el Tribunal Superior de Londres fallara a su favor. Gracias a esto pudo impedir el uso de su Che en los anuncios del vodka Smirnoff, argumentando que esa explotación comercial era un insulto al legado del Che. Korda insistía ante la prensa en que ni él ni su héroe retratado bebían alcohol. Como compensación, recibió 50.000 dólares que, para no levantar sospechas de enriquecimiento lícito, decidió donarlos íntegramente al Estado cubano.

Así y todo, el capitalismo es tan fuerte como aquella fe fanática de Guevara en su destrucción. Y el Che de Korda terminó incrustado en las monedas y billetes cubanos de tres pesos (sin valor de cambio fuera de Cuba, pero que se cotizan generosamente en el mercado internacional).

Más allá de sus cenizas apócrifas, el Che de Korda sigue en 2026 frunciendo el ceño desde la fachada del Ministerio del Interior en La Habana, cuna de nuestro teatro represivo nacional. Su rostro continúa siendo enmarcado en los penúltimos selfis del socialismo, tomados por los turistas que visitan la alguna vez llamaba Plaza Cívica. Hasta el presidente norteamericano Barack Obama vino, en marzo de 2016, a tomarse su fotico de referencia en la Plaza de la Revolución.

Lo cierto es que la utopía de los obreros y campesinos tendrá que seguir esperando "hasta la victoria siempre", que era el mantra de guerra de Ernesto Guevara de la Serna, aquel Che "encabronado y doliente" que un exfotógrafo de la moda burguesa cubana canonizó, por los siglos de los siglos, para consumirlo hasta el cansancio como un tótem de la cultura pop.


Orlando Luis Pardo Lazo nació en La Habana en 1971. Sus libros más recientes son Espantado de todo me refugio en Trump (Hypermedia, Miami, 2019). Uber Cuba (Hypermedia, Miami, 2021) y Diario de Saint Orlando Louis. 59 poemas de desamor y una canción esperanzada (Editorial Casa Vacía, Richmond, 2022). 

Este texto pertenece al libro Olvidos y obituarios, de próxima aparición en Agni Ediciones, que publican Daniel Díaz Mantilla y Zurelys López Amaya.

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7 comentarios

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El argentino era un incompetente, el titulo de medico nunca apareció. No sabia de medicina, de economia ni de industria. No me vayas a decir ahora que era escritor.

Profile picture for user NARCO

Ahh! Y no lo soñó, fue de veras un escritor. Tú no has escrito jamás una narración como los "Pasajes de la guerra revolucionaria", ni creo que podrías hacerlo aunque te alzaras en Time Square con un batallón de Furry Creatures.

Profile picture for user NARCO

Esto es completamente estúpido: "A pesar de haber tomado cientos de fotos del Che, Korda insistía en que al argentino-cubano no le gustaba que lo fotografiaran. Al Che no le interesaban la gobernabilidad ni la diplomacia, sino exportar la revolución por cualquier medio: una misión demasiado sagrada como para perder el tiempo posando para las cámaras detrás de la verborrea de Fidel Castro. Era un hombre de acción y pronto necesitaría volver a la acción". No era un hombre de acción, era un fotógrafo. Llevaba una camara a todas partes, tomaba fotos, escribía relatos, algunos pertenecen al canon literario latinoamericano. Es el autor del primer "selfie" de la historia: en Dar el Salam, donde lo tenían encerrado sin posibilidad de retorno a Cuba, se autofotografió. Fue la Cindy Sherman de la Revolución Cubana. OLPL es un diletante y un falsificador.

Profile picture for user Proscopito Arrechabaleta

Se le fue la musa con lo del "canon literario latinoamericano". Afloje el sarcasmo.

Profile picture for user Orlando Luis Pardo Lazo

Amigo apócrifo (se te ve la carita): Korda insistía en que "al argentino-cubano no le gustaba que lo fotografiaran". Por otra parte, es un hecho histórico que "al Che no le interesaban la gobernabilidad ni la diplomacia, sino exportar la revolución por cualquier medio: una misión demasiado sagrada como para perder el tiempo posando para las cámaras detrás de la verborrea de Fidel Castro. Era un hombre de acción y pronto necesitaría volver a la acción". Ernesto Guevara era un hombre que vivía para transformar físicamente el mundo a través de la muerte de los demás: no era artista como Cindy Sherman, aunque sí soñó con ser escritor y escribió mucho, incluso poesía. Lo de "estúpido", "diletante" y "falsificador" son medallas de honor para el mejor escritor vivo cubano. Las llevo sobre mi pecho como un escudo contra las clarias.

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Como buen konsomol desconoces la historia de tus héroes. La patraña, repetida por Taibo II y por el comuñanga Lee Anderson, de que Ernesto Guevara ardía en deseos de regresar a la jungla tropical y a la santa guerrilla, no es más que eso, una falsedad. Estaba encantado en su despacho, en su chalecito de Tarará, en su vidita de funcionario y esposo, viajando por el mundo y encontrándose con personalidades del jet set rojo (Mao etc.). En una de esas fue a África, y en Argelia dio un discurso en el que se embarcó. Era un discurso crítico de las políticas económicas de la URSS. A su regreso, Fifo lo despachó al Congo (era el único blanco del grupo de negros) en misión relámpago, leyó su carta de despedida adelantada, que él oyó en la radio del Congo, y de ahí a Tanzania y luego a Praga. Desaparecido argentino. De ahí rapidito a Pinar del Río, cuatro semanas, y a morir al matadero de Bolivia. Era artista, la guerrilla era un artistaje, la barba y la melena un disfraz. Diletante, como tú.

Profile picture for user Orlando Luis Pardo Lazo

Escribe a los editores de Diario de Cuba y conviértete en un columnista habitual. Te estás desgastando aquí en los comentarios, sin relación con el artículo original. Mi idea es simple: Korda dijo que al Ché no le gustaba posar para las fotos; el Ché no resistía ser un funcionario acomodado tras la retórica de Fidel Castro y gestionó otros escenarios de acción. Quiso ser escritor y tenía talento. Era un ser humano despiadado, como tú conmigo sin conocerme.