La Batería de San Felipe del Morrillo, en Matanzas, fue declarada Monumento Nacional en 1979. Como en muchos otros casos, la declaratoria guardó relación con dos mártires de la Revolución, Antonio Guiteras y Carlos Aponte, asesinados en las inmediaciones de la fortaleza en 1935. Entonces era un sitio abandonado junto a la costa, por lo que fue elegido como escondite por los miembros de La Joven Cuba, para aguardar la embarcación que viabilizaría su exilio a México. No obstante el dramático suceso, el espacio tiene otros valores que lo hacen merecedor de tal categoría, pero que quedan invisibilizados ante la preferente y habitual lectura política.
Más allá del citado episodio, El Morrillo es una de las pocas baterías que perviven y son representativas de una tipología militar colonial que, al igual que los castillos, reductos y torreones defendieron la costa cubana durante varios siglos. En su historial conserva anécdotas asociadas al control de la piratería, a la toma de La Habana por los ingleses y a la guerra de 1898. Sumando otra capa más antigua que engrosa sus valores patrimoniales, está en el más extenso e importante espacio arqueológico de un asentamiento agricultor-ceramista en el occidente de Cuba. De conjunto, estos elementos definen a El Morrillo como un sitio de valor excepcional y consecuentemente así debería ser gestionado.
Su historia prehispánica se descubrió gracias a la campaña arqueológica realizada por la Academia de Ciencias, entre 1962 y 1975. En las últimas décadas las excavaciones realizadas han continuado brindando datos muy valiosos sobre la cultura agroalfarera asentada en este paraje privilegiado, junto a la bahía matancera, del lado oeste de la desembocadura del río Canímar.
A pesar de la poca estratigrafía del lugar, el sitio ha aportado muchísimas evidencias sobre la existencia de un poblado aborigen, definido por algunos autores como Yucayo, que debió existir entre 1251 y 1468. Exámenes de radiocarbono realizados a muestras de carbón vegetal extraídas de un posible fogón, marcan la fecha de 1360. En las inmediaciones de la Batería se han encontrado vasijas, burenes, utensilios de trabajo y restos de dieta, principalmente marina (peces, moluscos y quelonios), que corresponde con los datos aportados por los cuerpos enterrados en el sitio. Uno de ellos, excavado en 2009 y que se conserva en el actual museo, certificó haber tenido una dieta alta en proteínas de origen marino, lo que tal vez ilustra la elección y persistencia del asentamiento, y la intensa interrelación de la comunidad con los recursos naturales que este le ofrecía, más allá de las habilidades desarrolladas para la agricultura.
Entre 2004 y 2005 se encontraron huellas de postes correspondientes a una vivienda de planta circular, de unos 8,5 metros de diámetro, que constituye el primer vestigio de su tipo en Cuba socavados en la roca estructural. Aprovechando la gran estabilidad que El Morrillo ofrecía, esa vivienda debió pertenecer a una familia de diez miembros, teniendo en cuenta los datos aportados por Bartolomé de Las Casas sobre otras regiones y las similitudes con vestigios encontrados en el oriente del país.
A pesar de que la campaña arqueológica que antecedió y acompañó la restauración de la Batería del Morrillo, en 1975, determinó que era el asentamiento más significativo de su tipo en el occidente del país, no impidió que fuera bastante dañado por la construcción de un campo de tiro de las FAR. En introspecciones recientes se ha comprobado el destrozo ocasionado por el desplazamiento de equipos pesados y los grandes desplazamientos de tierra realizados durante la obra. Según los arqueólogos, este sitio no se encuentra incluido en el Área Protegida del Río Canímar (1999) y por tanto carece de protección patrimonial. A su vez la declaratoria de Monumento Nacional de 1979 atañe únicamente al edificio colonial.
La Batería de San Felipe del Morrillo, fue construida por el ingeniero Dionisio Valdenoches entre 1777 y 1779. No obstante, desde siglos anteriores su emplazamiento había sido definido como punto estratégico de vigilancia, y su fortificación fue la segunda —de las nueve que tuvo la bahía de Matanzas— después del Castillo de San Severino. Su objetivo era evitar la entrada de lanchas por el río Canímar.
Lo primero que se construyó fue una torre, terminada en 1740. Era una estructura de cantería de 11 metros de alto con diámetro externo de 8,64 metros, construida con piedras locales. Era muy similar al Torreón de San Lázaro y a otros tantos que, como en España, se emplearon para vigilar las costas. En realidad, era una torre artillada con dos cañones y, probablemente, tenía una dotación de cuatro soldados que pertenecían a la tropa de San Severino.
La gran erosión del frente de mar que causó el huracán Irma, en 2017, dejó al descubierto nueve huellas de horcones en la roca estructural, que sugieren la construcción de un inmueble de madera junto al torreón del que no había registros previos. La pérdida de depósito arqueológico y la intensa erosión causada por el fenómeno meteorológico impidieron no obstante avanzar en su estudio.
En 1762, cuando los ingleses tomaron La Habana, el territorio ocupado se extendía desde El Mariel hasta Matanzas. Para evitar que hicieran uso de esta plaza, el comandante voló parcialmente el Castillo de San Severino, y desde El Morrillo partió hacia Villa Clara. A pesar de la escasez de fuentes documentales, se sabe que gran parte de la población matancera también abandonó la ciudad en este periodo. Recuperada un año después, se hizo en El Morrillo una batería provisional de madera, en lo que se reconstruía la Fortaleza de San Severino (1768-1777).
Inmediatamente después se levantó la batería definitiva del Ingeniero Valdenoches, que resultó una plataforma en forma de herradura con frente defensivo a barbeta descubierta, es decir con dos semibaluartes, lo que la inscriben como tipo hornabeque, igual a las empleadas en la Península Ibérica para el control de la costa frente a los bereberes. Entonces tenía una sola planta y un foso, y dependencias para cocina, almacenes, cuartel de milicias, aljibe, letrinas, horno de cal y cuatro cañones.
En 1807 el torreón fue demolido y la batería ampliada con una segunda planta, tal como luce hoy. Del antiguo torreón se conserva intacta su base circular labrada en la piedra estructural junto a la batería. A finales de siglo se le agregó un artillado lateral con dos cañones Howitzers y una batería complementaria en la playa para evitar desembarcos. Así le hizo frente, en 1898, a tres barcos de la flota norteamericana (USS New York, Puritan y Cincinnati) durante la guerra de independencia, sin sufrir daño alguno.
A inicios del siglo XX fue utilizada como oficina de aduana y apostadero naval. Sin embargo, para 1934 se dice abandonada y solo vigilada por un custodio. Esto nos lleva de vuelta al episodio del 8 de mayo de 1935, cuando mueren los dos jóvenes que 40 años después motivaron la rehabilitación del fuerte, convertido desde 1978 en Museo Memorial y donde descansan sus restos mortales.
Guiteras fue presentado por La Revolución de Fidel Castro como uno de sus mártires. De igual forma que Mella. No importa la cronología porque eran “Cien Años de Lucha”. De cualquier manera, resaltar ese detalle sólo demuestra la tendencia de la mayoría de los foristas a politizarlo todo. Una pena, porque los artículos de Yaneli Leal son puro oxígeno en esta página.
Muchas gracias por esta información. Bien curioso para mí, esos descubrimientos tras el huracán Irma.
Pienso que no estaría de más añadirle "contra el primer mandato de Batista", o algo así, a la aseveración: "...la declaratoria guardó relación con dos mártires de la Revolución...." De esa manera se aclararía que los hechos no tuvieron que ver con el proceso del 59. Que Fidel Castro haya declarado que la revolución cubana se extiende de 1868 a 1959, con lo cual persiguió y dio por terminada toda insurrección en la isla, no deja de ser una falacia sobre la historia de la nación. Estoy segura que fue un desliz de la autora, tan precisa y minuciosa en sus artículos.
El desliz es un detalle que muestra hasta qué punto la narrativa castrista de la Historia de Cuba ha quedado insertada en la psiquis de las generaciones nacidas en robolución.
Obviamente Guiteras no tuvo nada remotamente que ver con la revolución castrista. Ni Mella, ni Mártinez Villena.
Puedo recordar el momento en que me pregunté cómo un tipo del siglo XIX podía ser "autor intelectual" de un ataque a un cuartel en 1959, algo que mi mente infantil había asimilado ya como un dogma de fe.
Estimado Proscopito, me parece que su aseveración de "hasta qué punto la narrativa castrista de la Historia ha quedado insertada en la psiquis de las generaciones nacidas en robolución" solo aplica, en este caso, a usted mismo. Evidentemente, la autora se refiere a la revolución del 33, tras la cual Guiteras fue asesinado. El único que está identificando aquí el término "revolución" con la "robolución" me temo que es usted. Pues como sabemos, en Cuba ha habido más de una.
"Aplica" en mí también que crecí estudiando historia de Cuba por Hortensia Pichardo, Emeterio Santovenia y Portell Vilá, porque no se especifica en el texto, y al leer pensé en "LA revolución" del 59. La cantaleta de Fidel Castro y de sus historiadores oficiales con lo de una sola revolución del 1868 al 1959 fue constante y se quiera o no queda en la psiquis de muchos cubanos después de 6 décadas. No hay pecado en eso. Pienso que hay desliz de la autora y los editores. Lo que para alguien es "evidente", para otro no lo es.