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Arquitectura

Terremotos y arquitectura en Cuba

Todavía hoy se considera que el cubano carece de una cultura sísmica que lo motive a ser previsor y no sabe construir acorde a estas necesidades.

Madrid
Teatro Heredia, Santiago de Cuba.
Teatro Heredia, Santiago de Cuba. Cuba Plus

Circunscritos en Cuba a la región oriental, los terremotos son una realidad que, cada cierto tiempo, sacude con violencia y causa estragos. No tiene un cemí que lo represente, pero sí una santa, Nuestra Señora de los Dolores, considerada por los cristianos patrona contra los terremotos desde 1766. Declarada así en Santiago de Cuba, durante mucho tiempo se le dedicó una fiesta anual para solicitar su protección y benevolencia.

Situadas en un área de potencial riesgo sísmico, algunas de las primeras villas coloniales como Baracoa, Bayamo y Santiago de Cuba, se vieron afectadas desde sus respectivas fundaciones. Sin embargo, nunca regularon medidas o normas constructivas con carácter preventivo. Fue la tradición popular quien acopló soluciones efectivas, sobre la práctica y desde el sentido común, que generación tras generación se expandieron con la arquitectura vernácula desarrollada en la región hasta los albores del siglo XX.

Primero aparecieron los bohíos de tabla y embarrado, con techos de guano o de madera y tejas. Sus muros se conformaban por bastidores resistentes cerrados por un entretejido de ramas, cubiertos a ambos lados por barro amasado con fibras vegetales y piedras, y sellados por un mortero de cal. Esta estructura tiene la flexibilidad necesaria para resistir los movimientos telúricos, además de que resulta muy económica.

También se le llama de "muros de cuje" y "bahareque", vocablo que con el tiempo devino sinónimo de casa pobre. El cuje se refiere a las varas delgadas que conforman el entramado, pues no existe una planta con ese nombre. Para esta técnica se utilizaba sobre todo yaya o guijarro, guarra, yaicuaje, macurije, boniato e incluso sigua y patabán. En dependencia de la lisura, grueso y resistencia, se seleccionaban como soporte, tejido o relleno.

El embarrado ya era empleado en España, en África y en el continente americano por las culturas prehispánicas. Sin embargo, no hay evidencia que los aborígenes cubanos la utilizaran, por lo que se piensa haya sido introducida con la Conquista, y tal vez afianzada por los inmigrantes centroamericanos y sudamericanos, así como por los esclavos africanos. Valga decir que en otros países caribeños también pervivió durante siglos por sus cualidades sismoresistentes. En Cuba aún subsiste en varias zonas rurales, con exponentes valiosos en el pueblo de San Pedro de Palmarejo, en el Valle de los Ingenios, fundado por antiguos esclavos liberados en el siglo XIX de plantaciones vecinas. Otros renombrados son los de Jiguaní, en Granma, y Cascorro, en Camagüey.

En muchas construcciones coloniales del oriente de Cuba el embarrado se integró a diseños más sofisticados. De este modo se definió un tipo de casa colonial de planta regular, cuya estructura está basada en el sistema columnar arquitrabado, con uniones de madera que garantizan flexibilidad, mientras que las cargas del techo se distribuyen sobre las columnas hacia el suelo. En los muros se empleó una adaptación antisísmica, con una franja inferior de mampostería y una superior de embarrado. Aunque los puntales son altos, el perfil de ciudades importantes como Santiago de Cuba no superaba los dos niveles, y tanto las fachadas como los interiores eran de gran sobriedad decorativa.

Esta sencillez evitaba el riesgo de desprendimientos en caso de seísmos. Lo mismo sucedía con la ausencia de vidrio en las ventanas. Un científico francés describía de este modo la vivienda santiaguera del siglo XVIII: "En las ventanas, a causa de los temblores y de una concentración incómoda, no sirven los vidrios en este país, resultan inútiles, y esas aberturas están cerradas por barrotes de madera toscamente torneados, y postigos fuera, para dar a estas ventanas la configuración de un claustro. Por estar las cuatro paredes horadadas con ventanas siempre libres y por no tener las habitaciones ni cielo raso, ni graneros, ni pisos superiores, el aire circula tanto más fácilmente en el interior de las casas".

Con la llegada del siglo XX, la arquitectura buscó modernizarse y ostentar un despliegue de recursos, no siempre consecuente con la zona sísmica en que se encontraba. Las fachadas se ornamentaron con molduras prefabricadas; los edificios crecieron en altura, a veces incorporando puntales diferentes que creaban irregularidades verticales; las plantas asumieron formas distintas en L, U o C, inconvenientes sin los anclajes precisos; y como remate se usó hormigón de baja resistencia. Todo ello formó parte de una moda que no tenía en cuenta ni preveía riesgos naturales. Todavía hoy se considera que el cubano carece de una cultura sísmica que lo motive a ser previsor y no sabe construir acorde a estas necesidades.

Por esa razón, terremotos como el de 1932 han sido tan destructivos. Con una intensidad de 6,75, se sabe que dañó el 80% de las construcciones de Santiago de Cuba. Se rajaron las torres de la Catedral y se derrumbaron inmuebles importantes como el Palacio de Justicia, el Hotel Venus y el Palacio Serrano. En la reconstrucción se implementaron soluciones novedosas para la Isla, como la cimentación flotante, específicamente en la primera Iglesia Bautista de Santiago, reconstruida en 1938.

No obstante, tampoco en este tiempo se fomentó una concienciación que motivara la regulación de normas a favor de una arquitectura preventiva y antisísmica, que promoviera diseños arquitectónicos, sistemas constructivos y materiales más acordes. En las siguientes décadas se edificó de espaldas a esta realidad, tanto obras de muchos recursos como de menos. No fue hasta la década de 1990 que comenzó a implementarse este tema en asignaturas de Arquitectura de la Universidad de Oriente, y se sistematizaron estudios y proyectos de investigación. En 1992, se fundó el Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas (CENAIS), que desde entonces también ha contribuido al mejor conocimiento de los requerimientos regionales, y se han redactado normas de construcción.

Casi por azar en las décadas de 1970 y 1980, se empleó un sistema sismoresistente con los edificios IMS (Instituto de Materiales de Serbia) de entre cinco y 18 plantas sobre cimentación flotante con balsas de hormigón armado. Este tipo de cimentación también fue utilizada en la construcción del Teatro Heredia, entre 1986 y 1991. Recientemente se han introducido otros sistemas prefabricados de alta complejidad tecnológica, donados por Venezuela y Ecuador, el FORSA y el VHICOA. Aunque son adecuados frente a terremotos, su mantenimiento y sustitución de elementos por parte de la población, está a priori condenado al requerir paneles de importación inexistentes en el mercado minorista.

Después de una larga historia de sacudimientos y el peligro latente, sigue faltando en la población del oriente de Cuba una educación sismológica que lleve a garantizar la seguridad estructural de sus viviendas, incluso en el panorama de precariedad, corrupción y autogestión que modula toda labor constructiva.

Asimismo, falta un asesoramiento técnico más efectivo por parte de las instituciones pertinentes, junto a lo cual pudiera tributar la ansiada autonomía laboral y profesional de los arquitectos e ingenieros. Según los especialistas, también habría que actualizar la normativa vigente (NC 46/2017), insuficiente a pesar de sus recomendaciones con requisitos mínimos según el nivel de riesgo local, el tipo de suelo y de obra.

Aunque ninguna construcción es infalible, con esta herramienta y el asesoramiento especializado, real y efectivo, podrían reconducirse las obras de particulares, siempre en riesgo por su propensión a la improvisación y el uso inadecuado de materiales.

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5 comentarios

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Según la autora debemos construir bajareques con techos y paredes de paja.Pero me dicen que las heces fecales humanas si se ligan con el concreto crean un material antisismico con mucha plasticidad y resistencia a los movimientos telúricos.....

Estimada Ana, debo aclarar que antes de los 90’s , existía ya una norma de construcción antisísmica, que por cierto era bastante engorrosa, y en muchos aspectos insuficiente y dejaba muchas dudas en el aire. Yo la utilicé en el año 1988 precisamente para el diseño de un teatro en Santiago de Cuba, que nunca llegó a construirse, recuerdo que estuve varios días estudiándola pues efectivamente en el programa de estudios de ingeniería no se tocaba prácticamente el tema, quizás alguna mención como cultura general, estoy hablando de al menos hasta el año 1981 en que me gradué, ojalá y en la actualidad abunden más en este aspecto. Quizás parte del descuido con este tema, sea porque en muchos casos el predominio de las cargas son debido al viento, como en el caso en el que yo trabajé, pero ello no debe ser justificación para no darle la importancia que requiere.

Profile picture for user Ana J. Faya

Muchas gracias, "Casino", por su comentario. Lo agradezco, como también el artículo, porque sobre este tema no conozco nada, y le da el chance a una de aprender algo.

Profile picture for user Ana J. Faya

No conocía estas informaciones sobre la arquitectura antisísmica, o su carencia. Es increíble que hasta los 90 no se hayan implementado requerimientos acorde con esos problemas, y que todavía falte por hacer en ese sentido. Aunque muchos santiagueros --como el resto de los cubanos-- sufren la falta de viviendas, de una vivienda, sean con garantías de seguridad estructural, o no.

Profile picture for user Weston

Poco después de levantarme, un domingo con su carga de apatía, me encuentro esta frase: ”El cubano carece de una cultura sísmica que lo motive a ser previsor”. Me he muerto de la risa. Thank you Yaneli! You made my day!