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Arquitectura

Huracanes y arquitectura en Cuba

'A pesar de ser un peligro recurrente en nuestro contexto geográfico, no se ha desarrollado una arquitectura especialmente diseñada para resistirlo'.

Madrid
La Habana después del paso del huracán Ian, 2022.
La Habana después del paso del huracán Ian, 2022. Getty Images

Huracán, voz poderosa repetida en Cuba desde que el hombre tiene memoria, nombra un mal temido y sufrido por todos los que en ella han habitado. Por su situación geográfica, la Isla puede ser destino de estos fenómenos naturales, ¡nada menos que seis meses al año! Es por eso que, con su paso inevitable, cientos de huracanes han marcado el imaginario y la cultura local.

Tienen presencia recurrente en la literatura, sin excepción de géneros, donde varios autores han trasladado durante siglos las penas, ruegos y miedos del pueblo cubano, reforzando la huella que estos sucesos han dejado en nuestra historia. También han sido recogidos de forma realista o metafórica en las artes plásticas, la música y el cine, como en la película Entre ciclones (2003) de Enrique Colina, que asume ambas apreciaciones. Algunas obras, con el tiempo, han servido de testimonio gráfico. Tal es el caso de los grabados de Federico Mialhe y de un autor desconocido, sobre el huracán San Francisco de Borja, en 1846, el más cruento que ha vivido La Habana.  

Llama la atención a los estudiosos que las culturas aborígenes hayan asociado este fenómeno a una deidad, y lo hayan representado gráficamente como un ser con brazos en aspa. El Museo Bacardí, de Santiago de Cuba, conserva varios ejemplos de petroglifos y piezas cerámicas con esta imagen tan sugerente. Es lógico considerar que los huracanes, más que los terremotos, fueran muy temidos por ellos debido al gran poder destructor que tenía sobre sus viviendas de tabla y guano.

Frente a este evento meteorológico, las cuevas constituían el principal refugio. No obstante, también desarrollaron un tipo de construcción que aún sigue siendo utilizada en las zonas rurales como espacio de abrigo durante los temporales. Me refiero al vara en tierra o varentierra, por contracción lingüística. Situados en zonas no susceptibles de inundación, es un espacio ortogonal excavado en la tierra a poco menos de un metro de profundidad (es decir, una vara) y cubierto por un techo de guano a dos aguas, anclado directamente al suelo. Esta estructura tan baja e inclinada evita la fuerza de los vientos, lo que le ha ganado su pervivencia como espacio seguro. El resto del tiempo suele emplearse como sitio de almacenamiento.  

Después de la Conquista, las ordenanzas de construcción buscaron extender en las ciudades el empleo de materiales y técnicas constructivas más resistentes, tanto al fuego como a las tempestades. Las obras de fábrica —piedra, ladrillo y más recientemente bloques—, han demostrado su efectividad ante la furia de huracanes de todas las categorías. Es por eso que, a pesar de ser un peligro recurrente en nuestro contexto geográfico, no se ha desarrollado una arquitectura especialmente diseñada para resistirlo, sino que, la propia solidez de los inmuebles sirve de garantía.

Más allá de los cálculos estructurales que conllevan los edificios altos o los puentes, no existe en Cuba una arquitectura anticiclónica. Durante siglos se ha comprobado la eficacia de la arquitectura colonial bien mantenida, y de los inmuebles modernos de bloques y cubiertas de hormigón. Ante los huracanes siempre serán vulnerables las viviendas de madera en regular o mal estado, las que tengan otras estructuras y techos ligeros, los postes y las torres de transmisión eléctrica y telefónica.

Es esta una de las varias razones por la que debería ser objetivo primordial mantener el fondo habitacional en buen estado, emplear formas constructivas consistentes y sustituir las estructuras ligeras, siempre frágiles ante huracanes aunque se anclen y utilicen contrapesos. La falta de recursos y la crisis actual dibuja imposible este panorama de idealidad, sumado al inmenso déficit habitacional sostenido por décadas.

No obstante, no han faltado propuestas de profesionales cubanos para habilitar áreas seguras a las familias más vulnerables y evitar las traumáticas evacuaciones. Una de ellas ha sido que cada vivienda tenga al menos un espacio de 3x3 metros, con paredes de bloques y techo de hormigón, que incluya un baño y una meseta con fregadero. Esto les proporcionaría un área mínima segura donde proteger sus pertenencias y permanecer una vez pasado el temporal. Ideas como estas han sido transmitidas sin éxito al Gobierno, al Partido y demás instituciones responsables de la situación de la vivienda en Cuba.

Desde el punto de vista del diseño, también han reflexionado los arquitectos cubanos sobre la necesidad de que la arquitectura contemporánea incorpore soluciones flexibles, transformables o adaptables, que protejan diariamente del intenso sol caribeño, ventilen al máximo el interior, y a la vez ofrezcan protección ante los recurrentes huracanes.

Muy especialmente en los conjuntos residenciales abiertos (es decir, donde las casas se encuentran aisladas y sobre las que consecuentemente los vientos tienen bastante incidencia), la arquitecta Dania González ha sugerido que los aleros puedan desmontarse, cerrarse o doblarse para que se transformen en muros protectores, cerrando ventanas y resguardando celosías. Según ella "una arquitectura sustentable requiere flexibilidad y adaptabilidad" lo que resulta fundamental ante los retos del cambio climático, y los fenómenos habituales que afectan nuestro espacio de vida.

Replicando lo que hasta ahora ha funcionado e innovando con creatividad y previsión, al volver el huracán "por el espacio inmenso,/ silencioso, tremendo, irresistible/ en su curso veloz", como diría José María Heredia en 1822, no habría que rememorar la plegaria de Alexis Díaz Pimienta, escrita en 2017: "Virgen de la Caridad/ si este huracán llega y pasa/ haz que soporte mi casa/ su tremenda brusquedad".

Los huracanes, en cambio, no son los únicos cataclismos naturales que la Isla enfrenta, ni las obras de fábrica la solución a todo. Están también los terremotos, habituales en la región oriental del país, que sin previo aviso sacuden la ciudad desde sus cimientos. Sobre ellos hablaremos la semana próxima.  

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3 comentarios

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Profile picture for user EM

En Cuba no hemos diseñado una arquitectura para resistir huracanes; hemos diseñado huracanes que pongan a prueba hasta la poca arquitectura que nos queda.

Muy interesante el análisis de Yaneli Leal, como siempre. Sin embargo, me gustaría agregar que hay un aspecto técnico, en mi opinión, no abordando y que considero relevante: el cierre de las fenestraciones y los materiales de impermeabilzación. Ya se sabe que el factor económico limita implacablemente, pero en un contexto futuro en que la isla recupere su prosperidad se debe trabajar en que los profesionales de la construcción propongan protecciones impermeabilizantes a los edificios (desde los cimientos hasta el techo), aprovechando la vasta experiencia internacional al respecto. En cuanto a la la fenestración, hay mucha experiencia acumulada en el sur de Florida en cuanto al éxito de las ventanas y puertas de impacto, así como las contraventanas o "shutters". Las fenestraciones con cierres precarios, son susceptible de romperse rápidamente y actúan como una aspiradora durante un evento de huracán o tormenta, llevando fácilmente a succionar y colapsar el techo.

Profile picture for user Ana J. Faya

Las propuestas que los profesionales hacen al régimen, sean sobre arquitectura o sobre cualquier otra temática, si se escuchan, no se aplican. Ese es, lamentablemente, el derrotero de las propuestas de que habla hoy la autora sobre la construcción de viviendas frente a huracanes.
La situación de la vivienda en Cuba hoy es tan precaria que obliga a la gente a un mínimo de un techo, de lo que sea, sobre sus cabezas.