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Pobreza

Sobrevivir sin techo en Santiago de Cuba después del huracán Melissa

En viviendas como la de Kirenia Quintana, las consecuencias no resueltas de huracanes anteriores facilitaron la destrucción.

Madrid
El techo de la casa de Kirenia Quintana tras el paso del huracán Melissa.
El techo de la casa de Kirenia Quintana tras el paso del huracán Melissa. Diario de Cuba

Kirenia Quintana, de 37 años, vive un déjà vu perverso. Siente que todas las vicisitudes que atraviesa tras el paso del huracán Melissa por Santiago de Cuba son una repetición de las que vivió cuando el huracán Sandy golpeó la ciudad, en 2012. Las secuelas no resueltas del primero han facilitado la destrucción del segundo.

"Mi techo no tenía las condiciones perfectas, pero al menos no me mojaba", dice. "Esas planchas de zinc me las dieron cuando Sandy para hacer un techo provisional, a la espera de los techos (también de zinc) definitivos. Son como papel, son muy finas y se doblan y parten con facilidad. Algunos vecinos quitaron sus techos antes del paso de Melissa para cuidarlos, pero mi techo es como desechable; si lo desmontas, se parte. Lo mantuve 12 años porque los techos definitivos nunca llegaron", explica.

Residente en El Caney, al noreste de Santiago de Cuba, Kirenia no pudo prepararse bien para el huracán Melissa por falta de información debido a los largos apagones que sufren los poblados y las zonas rurales de la Isla.

"Me enteré del ciclón prácticamente por los comentarios, porque corriente aquí nunca había. Recogí cosas como el televisor y las llevé para casa de mi papá, que vive cerca. Amarramos las planchas de zinc del techo, fue lo único que se ocurrió para asegurarlas. Lo que no me pude llevar lo tapé la noche del paso del ciclón y nos fuimos a dormir los niños y yo para casa de mi papá. Me pasé toda la noche vigilando mi casa. Por la madrugada el viento se llevó el techo, pero no pude ver para dónde", relata.

Kirenia dice que salió bajo el aguacero y encontró el techo en la calle. Al amanecer, recogió lo que quedaba de las planchas de zinc. "Estaban rajadas y los palos del techo partidos. Ese mismo día pasó la delegada (del Poder Popular) mirando las afectaciones, como cuatro días más tarde vino la trabajadora social, qué me apuntó en un listado y puso las afectaciones", señala.

Diez días después, ante la tardanza de las autoridades y con la experiencia del huracán Sandy, Kirenia comenzó a comprar vigas de madera para el techo. "Ya he comprado 15, que son la mitad de las que necesito. Me han costado 1.500 pesos (3,20 dólares al cambio en el mercado informal) cada una. Poco a poco compraré el resto, y a ver cuándo llegan las tejas, porque hasta ahora aquí no han dado nada".

El control de los del huracán en la vivienda todavía no termina. Con la falta de electricidad, no ha podido comprobar si funciona el refrigerador, que recibió el golpe de la tormenta. Para protegerse de la ola de robos en las casas afectadas, habilitó un cuarto para vivir.

"Me prestaron tres zincs y los puse sobre unos palos en un cuarto con algunos clavos. Ahí estoy con mis hijos", explica. "Puse la cocina y una cama, lo demás lo llevé para casa de mi papá", añade. "En otro cuarto abrí una colchoneta de mis hijos, que se mojó. Estoy secando la lana aprovechando el sol, a ver si lo puedo salvar. Aquí todos pasamos el chikunguya sin medicamentos, todavía tengo dolores en las articulaciones y las manos, y no puedo hacer fuerza, pero tengo que mantenerme en la casa para cuidar mis cosas, ahora están robando mucho", lamenta.

Habitar una vivienda sin techo es atemorizante, sobre todo por la imprevisibilidad del clima, los insectos y roedores.

"Desde que pasó Melissa llovió una vez, y no fue fácil porque el agua se colaba por todas partes. Por el día hay mucho sol y en la noche da un poco de miedo: no tenemos corriente, ni con qué alumbrarnos. Cuando hay luna vemos bastante; siempre preocupan los ruidos, por los ratones", detalla Kirenia.

"El agua potable no la ponen hace como dos meses, hay que cargarla o comprarla a 1.500 pesos el tanque, y lavar en el río. Estamos desinformados, no sabemos nada, si el Gobierno tiene tejas, las va a donar o las va a vender. Todo es muy precario. Con Sandy no me dieron las tejas definitivas, ahora tengo la esperanza de que esta vez la ayuda llegue hasta nosotros", concluye Kirenia.

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1 comentario

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JODANSE POR CARNEROS Y AGUANTONES...TIENEN QUE IRSE A VIVIR A CUEVAS...PEOR QUE LOS INDIOS QUE POR LO MENOS VIVÍAN EN BOHIOS Y NADIE LES PROHIBÍA CAZAR NI PESCAR.