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Artes plásticas

Fusco en El Barrio y Lam en el MoMA

Nueva York cuenta ahora mismo con dos grandes retrospectivas de los artistas cubanos Coco Fusco y Wifredo Lam. Una visita a ambas.

Nueva Jersey
'Grande Composition' de Wifredo Lam, 1949.
'Grande Composition' de Wifredo Lam, 1949. InsyArt

A principios de septiembre El Museo del Barrio, en Nueva York, abrió la primera retrospectiva museológica de Coco FuscoCoco Fusco: Mañana me volveré una isla—, organizada por la Dra. Susanna Temkin, la joven y prometedora curadora principal de El Museo, y Rodrigo Moura, el excurador principal de la institución.

Sin duda, Fusco es una figura controversial dentro del arte contemporáneo en EEUU, las comunidades latinas y cubanas del exilio y de la Isla. Artista activista, profesora de Cooper Union, y académica con un doctorado de la Universidad de Middlesex en Arte y Cultura Visual, la primera vez que supe de ella fue a principios de los 90. Recuerdo que ella acababa de regresar de un viaje a Cuba, hizo una presentación de su visita y de los artistas que había conocido, y no fue dogmática ni panfletaria. Desde hace varios años su posición hacia el régimen de la Habana se ha vuelto más contestataria, y desde 2018 las autoridades de ese régimen no le permiten visitar Cuba y su obra no se muestra en la Isla.

Su producción artística es amplia en varias disciplinas: video, instalación, arte de acción, fotografía y crítica.  Demostró ser una excelente crítica de arte en su libro English Is Broken Here, que debería ser texto requerido en las escuelas de arte. Como "performera" colaboró con el artista/activista chicano Guillermo Gómez Peña durante los años 1992-93 en la pieza que le trajo mucha atención crítica: Dos amerindios por descubrir visitan Occidente. Una respuesta a la celebración del quinto centenario de la llegada de Colón al Caribe. Con gran humor, Gómez Peña y Fusco desmantelaron la narrativa colonialista de 1492. Ahora, la jaula utilizada en esa actuación es parte de la instalación de esta retrospectiva, dentro de la cual se muestra el documental de Fusco sobre la "vida" de la pieza durante su exposición por el país.

La retrospectiva está dividida en cuatro temas dentro de cuatro espacios: narrativas emigrantes; malentendidos interculturales; tácticas de interrogación y poesía y poder, que se encuentra en un cuarto oscuro tras una cortina negra.

Los medios que Fusco utiliza con mayor efecto son el videodocumental y la fotografía. Decir que su obra tiene un impacto estético no es una exageración, y sin duda posee un impacto conceptual de gran fuerza. Aunque hay momentos en que la obra puede parecer simplista, como el video sobre el himno catalán cantado en catalán y lo que esto implica en términos de identidad y emigración.

Lo mejor de su trabajo es su producción más reciente desde principios de este siglo, como la serie de fotos Todo el que vive aquí es un neoyorquino, donde contrapone imágenes de retratos fotográficos tomados por el sociólogo Lewis Hine a principios del siglo XX con retratos de habitantes actuales de la metrópolis. Esta obra posee una austeridad casi neoclásica y un mensaje humanista de que todos pertenecemos, los de ayer hasta los de hoy. Un testamento valiente en tiempos de trumpismo. Anterior a este trabajo, su meditación A Room of One’s Own: Women and Power in the New America (2006-2008) indaga de forma devastadora sobre el militarismo en EEUU y cómo absorbe, explota y comodifica a las mujeres y su sexualidad.

Pero sin duda son sus videos más explícitamente políticos, que lindan con la distopía del estalinismo tropical cubano, aquellos en los que Fusco hace una contribución de mayor peso. Con títulos como La plaza vacía (2012) y Vivir en junio con la lengua afuera, Fusco nos mete en mundos de ilusiones perdidas y almas rotas.

En el primero de ellos analiza y discute visualmente la Plaza de la Revolución del ayer, repleta de masas entusiastas escuchando al caudillo, con la de hoy, destartalada y sobrevolada por auras tiñosas. En el segundo, unos artistas cubanos recitan de memoria un poema prohibido del difunto Reinaldo Arenas.

La confesión (2015) recrea la retractación de Heberto Padilla y sus colegas en la UNEAC, en esa brutal noche del 27 de abril de 1971. El video es sencillamente brutal. Este grupo de piezas en video forma un conjunto que analiza y descuartiza la problemática relación del arte y el poder político en Cuba.

Luego de visitar esta exposición retrospectiva de Coco Fusco, diseñada e instalada con una elegante sencillez, no cabe duda de que su voz y visión artistica es una vital y provocativa presencia en el arte contemporáneo. La exhibición está abierta al público hasta el 11 de enero de 2026.

Wifredo Lam en el MoMA

Este 9 de noviembre el Museo de Arte Moderno (MoMA) de New York abrió la exposición Wifredo Lam: Cuando no duermo, sueño. La muestra ha sido preparada por Christophe Cherix, el nuevo director del MoMA, que fue con anterioridad su curador de obras en papel, y Beverly Adams, curadora de arte latinoamericano. Ni Cherix ni Adams son expertos en la obra de Lam, y saben poco de las vanguardias cubanas. Adams, que es curadora de arte latinoamericano de la institución, sabe poco fuera de la abstracción en América del Sur.

Cuando anunciaron que el MoMA presentaría una exposición de Wifredo Lam me pregunté: ¿Necesita el mundo otra exposición de Lam? En años recientes, primero el McMullen Museum de Boston College, y más tarde el Pompidou y el Tate Modern, presentaron exposiciones bien pensadas y serias de Lam. Pensé que para cerrar el ciclo solo faltaban una exposición exclusivamente dedicada a su obra gráfica, y otra con un enfoque profundo en su producción de los años 30 y 40 en relación con sus posiciones políticas.

Esta última, me dije, jamás se realizaría, pues tendría que mostrar la evolución política del artista de su "comunismo republicano" durante la Guerra Civil en España a su trotskismo en París, la continuación de este al regresar a Cuba y su acomodamiento a la política de la Isla bajo Batista y después los gobiernos auténticos. No habría entusiasmo para indagar sobre estos cambios ideológicos y sus posibles reflejos en la obra pictórica, si es que los había. Pues parece que me he equivocado, y prueba de esto es la exposición que acaba de abrir en el MoMA, donde estará hasta el 11 de abril del año entrante.

Localizada en el tercer piso de la institución —un espacio de importancia— la muestra ocupa varias galerías, que llevan al visitante por la obra del hijo de Sagua la Grande, desde los años 30 hasta los años 70. La instalación es casi perfecta, en paredes pintadas de un gris neutro y pálido, con la excepción de un espacio pintado en rojo vino que contiene obras de finales de los 40 a mediados de los 50. Un total de mas de 130 obras —pinturas, dibujos, grabados y cerámicas— crean una experiencia estética de la mas alta calidad, por lo menos con las obras que van de 1937 hasta 1958.

El comienzo de la exposición es incompleto, pues faltan obras claves que demuestran el extraordinario oficio que Lam adquirió entre la Escuela de San Alejandro, en La Habana, y San Fernando, en Madrid. La exposición organizada por Elizabeth T. Goizueta en Boston en septiembre de 2016 documentó los años 1923-1935 con un extraordinario grupo de óleos y dibujos. El MoMA se limita a una sola obra anterior a 1937 de un estilo decorativo.

La monumental obra en papel La guerra civil (1937) es un ejemplo de un artista completamente politizado que aprendió a componer estudiando los cuadros del Bosco y Brueghel en el Museo del Prado. Recordemos que Lam participó de veras en la guerra en España, y estuvo asociado con republicanos del bando comunista.  

Wifredo Lam llega a París en 1938, conoce a Picasso y a Breton, entra en el grupo surrealista, y se asocia con trotskistas cubanos como Emilio Brea y su esposa Mary Low. Su obra abraza completamente la modernidad por vía de sus raíces africanas y el vocabulario picassiano. Me atrevo a decir que es en este momento cuando su plenitud de pintor comienza de veras.

La Segunda Guerra Mundial y la invasión de Francia por los nazis lo obligan a escapar (salió en el mismo barco que Breton y Victor Serge) y finalmente vuelve a Cuba. En la Cuba de los años 40, de la Segunda Guerra Mundial y también de los gobiernos constitucionales de Batista, Grau y Prío, Lam solidifica la iconografía de su vocabulario pictórico y a la vez juega con diferentes técnicas y estrategias de pintar, desde el óleo aguado como tinta china, explosiones colorísticas que reflejan la luz, humedad y sensualidad caribeños, y un dibujo exquisito cuya línea se mueve con sutileza definiendo diablitos y mujeres caballo, Elegguá y maniguas donde unas plantas que son cañas de azúcar con hojas de tabaco llenan las superficies de sus papeles y lienzos.

De este periodo son obras importantes como La jungla y La silla (Cuba no prestó esta obra) y la obra maestra El arpa astral. Si esta exposición revela algo nuevo sobre Lam es la gigantesca pieza Grande Composition de 1949, pintada en carmelitas, grises y pardos, que constituye claramente una obra máxima en la producción del pintor. En una composición complejísima, pintada en papel kraft (como La jungla) aparecen sus figuras alargadas, sus animales con máscaras entrecruzándose en una especie de conversación misteriosa y sagrada.

Esta exposición del MoMA demuestra lo que hace tiempo sabíamos muchos: Lam es un extraordinario artista hasta finales de la década del 50. En 1952, poco después del golpe de Estado de Batista, Lam regresa a Europa, se vuelve a casar, tiene hijos, y se establece entre París y finalmente en Albisola Mare, Italia. Regresa a Cuba de visita en 1963 por invitación de Carlos Franqui. Vuelve en 1965 y pinta la que sin duda es su última gran obra, El Tercer Mundo, que regala al Museo Nacional de Bellas Artes en La Habana. (Esta obra tampoco fue prestada por Cuba al MoMA.)

Con Carlos Franqui, organizó el Salón de Mayo en La Habana de 1967, y participó en la pintura mural Cuba colectiva junto a colegas cubanos y europeos. Volvió a la Isla en enero del año siguiente y participó en el Congreso Cultural de La Habana. Su última visita a la Isla fue en 1980, cuando participó en silla de ruedas en un acto público de repudio a los marielitos, y en apoyo a la revolución. Ninguno de estos datos biográficos se reflejan directamente en su arte ni son mencionados en los paneles informativos de la exposición del MoMA.

La penúltima galería contiene tres enormes telas horizontales, donde vemos cómo Lam dialoga, a finales de los 50, con el expresionismo abstracto de Jackson Pollock. En estos lienzos todavía es un pintor audaz, que se arriesga y transforma influencias en algo propio, dinámico y abierto.

La última galería es un espacio patético: los óleos y cerámicas son ejemplos de Lam plagiándose a sí mismo, convirtiendo su arte en una amanerada y mecánica autocaricatura. Algo parecido a los últimos años de su mentor Picasso. Pero contrario al español, al final de su vida Lam todavía logra obra de gran calidad en la gráfica, sobre todo en una serie de aguafuertes de 1969.

Al final, el MoMA ha logrado una exposición desigual, medio manca, incompleta. La seriedad investigativa que demostró en exposiciones anteriores como la de Armando Reverón, Tarsila do Amaral, y los frescos portátiles de Diego Rivera, falta en esta. Quizás ello se debe a la rapidez con que fue organizada o la falta de conocimiento de los curadores.

El catálogo, hermosamente diseñado y con magníficas reproducciones (como todas las publicaciones del MoMA) no añade nada nuevo con las excepciones del ensayo de Martin Tsang sobre la identidad china del artista, el de Damasia Lacroze sobre Grande Composition, y la sección dedicada al análisis técnico y de conservación de La jungla. Pero sin duda alguna vale la pena darse un salto a la calle 53 de Manhattan y entrar en esa jungla.

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5 comentarios

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Excelente reseña, prestigia a DDC tener a veces colaboradores de este nivel y que no edulcoran. Iré a New York, claro, otro buen pretexto para cenar en Delmonico's.

Profile picture for user Amadeus

Haría que aclarar que Coco Fusco NO ES cubana, sino nacida en New York de padres cubanos. Ella es una artista norteamericana de origen cubano. Como lo son la mayoría de los norteamericanos cuyos padres o abuelos son de otras naciones. Ella ni nació ni creció en Cuba, por lo tanto no puede ser cubana. Cubana es Gloria Estefan, Celia Cruz y otros.

Profile picture for user Ana J. Faya

Nunca me ha gustado ese término de cubanoamericano-a por las razones que usted argumenta, y además porque de hecho establece diferencia de ciudadanía con el americano "auténtico" nacido y criado en USA de padres también americanos, y que se hubiera dedicado también a temas cubanos, por ejm, el periodista Jon Lee Anderson. Ante la ley son americanos, ya que cada quien adopte la etiqueta que más le guste es otra cosa.

En el caso de la literatura se entiende que la Literatura Cubana es la escrita en español, nuestra lengua, por escritores que pueden no haber nacido en Cuba, como Guy Pérez-Cisneros, Cintio Vitier, Alejo Carpentier o Calvert Casey, pero en su obra predominan los motivos argumentales cubanos. Se excluye la escrita en otras lenguas, que sería de autores nacidos en Cuba o de cubanos, como artículos en francés de Severo Sarduy o en inglés de Cabrera Infante. Deslinde polémico.

Profile picture for user Amadeus

Don Sariol___Los escritores que usted cita son autores que con excepcion de Cassey, que regresó tarde, han crecido y desarrollado su obra en Cuba. Esa es la diferencia con Fusco que va a Cuba de visita.