Los tentáculos de la otrora boyante corrupción del chavismo han vivido una suerte de mutación: del discurso izquierdista de la época en la que estaba vivo el comandante, uno de los embajadores favoritos de Hugo Chávez dio el salto a Hollywood para figurar, en este 2026, como productor de un documental dedicado a Melania Trump, la esposa del mandatario estadounidense.
Lo que parece en sí una serie de ficción, es la vida asombrosa —como la describe el portal La Gran Aldea— de Maximilien Sánchez Arveláiz, conocido como Max Arveláiz, un franco-venezolano que durante más de una década fue uno de los hombres de mayor confianza de Chávez y estuvo involucrado en la trama de corrupción de la firma brasileña Odebrecht, actuando en representación de Caracas.
De aquellos años pasó en tiempos más recientes a hacer vida en Hollywood y su caso volvió a llamar la atención del ojo crítico del portal venezolano por figurar Max Arveláiz como productor de Melania, el documental sobre Melania Trump, que estrenó Amazon Prime Video en enero pasado.
Este retrato tuvo un costo para la plataforma de 75 millones de dólares (40 en derechos y 35 en promoción) y, según la crítica, pasó sin despertar grandes críticas o elogios.
Este 22 de marzo La Gran Aldea difundió la vinculación del exembajador del chavismo que, si bien no era un secreto, era un asunto que había pasado por debajo de la mesa.
La historia de Arveláiz parece de película y es, bajo una perspectiva crítica, una prueba viviente de cómo una figura del chavismo terminó aterrizando en los salones más exclusivos de Hollywood, y de cómo esos mismos operadores (ya que como Arveláiz hay otros en ámbitos diferentes) sobreviven y prosperan en el capitalismo que tanto denostaban.
Sánchez Arveláiz, quien desde hace años borró su primer apellido y redujo su nombre a Max, es un hijo de una familia de clase media venezolana con raíces francesas. Quien ahora participa de un producto audiovisual elogioso de la familia Trump, escribió en Londres una tesis de maestría titulada "Utopía rearmada, Chávez y la izquierda venezolana".
Ese texto académico no fue mero ejercicio intelectual: fue la carta de presentación que lo catapultó al corazón del poder chavista. En 2001, viviendo con modestia en París, consiguió una asesoría en la embajada venezolana en Francia y organizó en La Sorbona un encuentro entre Chávez y la intelectualidad francesa progresista.
Chávez, impresionado, lo bautizó cariñosamente "El Flaco" y lo convirtió en funcionario consentido: ministro consejero ante la ONU, director general de Relaciones Internacionales del Despacho de la Presidencia y, más tarde, embajador en Brasil.
Fue precisamente en Brasil donde Arveláiz desempeñó su papel más turbio y revelador. Según las confesiones desclasificadas por la Suprema Corte brasileña en 2017, en el marco de la Operación Lava Jato, el diplomático actuó como "principal articulador y fiador" de Hugo Chávez en el financiamiento ilegal de la campaña de reelección de 2012.
Las constructoras Odebrecht y Andrade Gutierrez, a través de los publicistas Joao Santana y Mónica Moura, aportaron al menos 12 millones de dólares a la reelección chavista. Nicolás Maduro, entonces canciller, pagó 11 millones en efectivo a los brasileños.
Según un perfil publicado años atrás por el portal de investigación Armando.Info, Arveláiz era el hombre que movía los hilos entre Caracas, Brasilia y las cuentas offshore. Ese dinero, como se sabe hoy, provenía de sobornos y contratos inflados con el Estado venezolano.
La muerte de Chávez, anunciada oficialmente en marzo de 2013, no significó el fin de Arveláiz, aunque sí un descenso ya que dejó de estar en el círculo de confianza del nuevo hombre de poder. Sin embargo, bajo Nicolás Maduro fue nombrado encargado de negocios en Washington, cargo que ocupó durante 18 meses a la espera del beneplácito estadounidense. El 9 de marzo de 2016 Maduro lo cesó. Para entonces ya Arveláiz había construido lo que los venezolanos llaman popularmente el "plan B", el proyecto que cultivas por si te quedas sin la fuente principal de ingresos.
Como explica La Gran Aldea, el salto a Hollywood no fue casual. En 2015 se convirtió en productor ejecutivo de Snowden, el filme de Oliver Stone sobre el exconsultor de la CIA que filtró documentos y se refugió en Moscú. Desde entonces, su nombre aparece en diez producciones de la meca del cine, desde miniseries y documentales, hasta películas de ficción con desigual taquilla y sin gran eco de la crítica especializada. Eso incluye su participación hace dos años en un documental sobre Lula Da Silva y ahora la producción sobre Melania Trump, dirigida por Brett Ratner y coproducida junto al argentino Fernando Sulichin.
Y así Max Arveláiz, un hombre que articuló el financiamiento ilegal de campañas electorales con dinero presuntamente corrupto, que defendió a ultranza la "revolución bolivariana" y que colaboró con regímenes autoritarios, termina coproduciendo un documental millonario sobre la esposa de Donald Trump, el mismo presidente que impuso sanciones a Venezuela y al que el chavismo demonizó durante años como el epítome del imperialismo.
La ironía no pasa desapercibida: mientras Nicolás Maduro enfrenta en EEUU acusaciones por narcoterrorismo y se enfrenta desde el 3 de enero a una eventual condena por la Justicia estadounidense, quien estuvo en funciones diplomáticas bajo su Gobierno disfruta de los reflectores de Hollywood.
La lectura analítica que hace La Gran Aldea de la historia de Max Arveláiz ilustra un fenómeno más amplio y perturbador: la resiliencia de las elites chavistas. Mientras el país se hundía en la hiperinflación, la emigración masiva y la crisis humanitaria, sus operadores internacionales diversificaban portafolios, lavaban reputaciones y construían puentes hacia el mainstream cultural occidental.
No es casualidad que Arvelaiz haya pasado de producir Mi amigo Hugo, financiada con dinero de Venezuela y bajo la dirección de Oliver Stone, a coproducir Melania con recursos de una de las mayores corporaciones del mundo. El chavismo no solo exportó petróleo y propaganda; exportó también a muchos otrora militantes y funcionarios, ahora capaces de reinventarse como "productores independientes" en el corazón del capitalismo.
De ser uno de los embajadores más cercanos a Hugo Chávez y estar involucrado en temas controvertidos como Odebrecht, a convertirse en productor en Hollywood, incluyendo un documental sobre Melania Trump. https://freetopgames.io/
Es un claro ejemplo de cómo algunas figuras del chavismo han sabido reinventarse y adaptarse al sistema que tanto criticaban. La resiliencia de estas élites es, como dice el artículo, bastante perturbadora.