En el complejo tablero político-militar de Venezuela, donde cada movimiento puede definir la estabilidad de un régimen signado por la incertidumbre, Delcy Rodríguez ha demostrado una audacia que sorprende incluso a los observadores más experimentados, con las designaciones en el sector castrense, sostén principal de la prolongada permanencia de Nicolás Maduro en el poder.
Apenas dos meses y medio después de la captura y extracción de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero, un evento que ciertamente expuso la inefectividad operativa y la parálisis estratégica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), la presidenta interina ha ejecutado una reestructuración radical del alto mando militar.
Por una parte, este 18 de marzo designó como nuevo ministro de Defensa al general en jefe Gustavo González López, y al día siguiente, el 19 de marzo, decretó una renovación total de los comandantes de los cinco componentes de la FANB y del Comando Estratégico Operacional (CEOFANB).
Aunque la salida de Vladimir Padrino López, quien ocupó el cargo durante 12 años ininterrumpidos (el periodo más largo en la historia moderna del Ejército venezolano), parecía inevitable tras el colapso del 3 de enero, la elección de González López genera múltiples interrogantes. Este militar de 65 años, con un historial extenso en Inteligencia y Contrainteligencia, acumula señalamientos graves por violaciones a los derechos humanos. Su designación, lejos de ser un mero relevo técnico, revela una estrategia de poder personal: Delcy Rodríguez busca rodearse de figuras de absoluta confianza.
El decreto del 18 de marzo, anunciado por la propia Rodríguez a través de sus redes, puso fin a la era Padrino López con un mensaje protocolario de agradecimiento por "su lealtad a la Patria". Sin embargo, analistas consultados por diversos medios interpretan que el exministro asumirá probablemente una embajada en un país sin tratado de extradición con EEUU, dada la millonaria recompensa que Washington mantiene sobre él.
Si bien la salida de Padrino López era esperada, la verdadera novedad fue la llegada de González López, quien hasta ese momento comandaba la Guardia de Honor Presidencial, cargo que asumió precisamente tras la captura de Maduro. Su trayectoria es reveladora: graduado en la Academia Militar en 1982, pasó por la Escuela de las Américas (bajo influencia estadounidense) y dirigió el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) en dos periodos clave (2014-2018 y 2019-2024). Durante esas gestiones, el SEBIN fue señalado por la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos de la ONU como parte de la "cadena de mando" responsable de detenciones arbitrarias, torturas, violencia sexual y crímenes de lesa humanidad.
Las organizaciones de derechos humanos no tardaron en reaccionar. Provea, la ONG más antigua del país, calificó el nombramiento como "la continuidad del mismo aparato con otro título" y advirtió que "no puede haber reinstitucionalización real mientras quienes dirigieron la represión conserven cuotas de poder". Justicia, Encuentro y Perdón (JEP) fue más dura: "profundiza la revictimización de las víctimas" y contradice cualquier discurso de reconciliación.
Justamente la semana anterior, la Misión de la ONU había exigido a Rodríguez desmontar el aparato represivo heredado del madurismo, cuando Venezuela conoció los peores horrores en materia de represión, con un régimen justamente apalancado por el sector militar como sostén primordial.
Para la periodista especializada Sebastiana Barraez, González López "no tiene liderazgo en la FANB, su misión es el control". Experto en Seguridad y Contrainteligencia, formado además en técnicas de Inteligencia Militar estadounidense, el nuevo ministro no aspira a ser un referente moral o estratégico para la tropa, sino un operador eficaz que garantice obediencia absoluta, según esta hipótesis.
Esta interpretación encaja perfectamente con el desafío central que enfrenta el Gobierno de Rodríguez: tras el fiasco del 3 de enero —cuando la Inteligencia cubana falló estrepitosamente y la FANB no ofreció resistencia efectiva—, la presidenta interina necesita lealtad.
Las piezas del ajedrez militar venezolano, indescifrable desde afuera de los cuarteles, se terminaron de mover este 19 de marzo con la renovación total del alto mando: Rafael Prieto Martínez al frente del CEOFANB; Rubén Belzares Escobar al Ejército; Jorge Agüero Montes a la Armada; Juan Sulbarán Quintero a la Guardia Nacional, y nuevos designados en Aviación, Milicia e Inspectoría General. Se trata de un quiebre histórico. Durante el régimen de Maduro, con Padrino López como ministro, los cambios eran graduales y escalonados para controlar eventuales descontentos.
En cambio, Rodríguez optó por un audaz "borrón y cuenta nueva" cambiando a todo el alto mando, un movimiento que, según un veterano diplomático sudamericano radicado en Caracas, busca eliminar cualquier foco de resistencia interna y proyectar una imagen de control total. Es un desafío para ella, además, siendo la primera mujer que asume la jefatura de Estado y por extensión la comandancia general de las Fuerzas Armadas.
Para un historiador que pidió no ser identificado, resultó llamativo, además, que en el discurso oficial de juramentación del nuevo alto mando no hubo ni una mención a Maduro ni a Hugo Chávez; solo referencias a Simón Bolívar, en un claro giro hacia un nacionalismo más desideologizado, según la lectura de este académico. A esto se suma la ruptura con Cuba, que llegó a tener centenares de efectivos de Inteligencia en las instalaciones militares de Venezuela.
En el fondo de estas designaciones late una lógica de supervivencia política. La inefectividad militar del 3 de enero demostró que la FANB, fragmentada y corrupta, ya no era un pilar confiable. Delcy Rodríguez, consciente de que su legitimidad como presidenta interina depende, en primer lugar, del respaldo de Washington y del Tribunal Supremo de Justicia, puede ensayar un nuevo esquema de control sobre lo que es ahora un alicaído sector castrense.
Al colocar a González López —un hombre con expediente negativo pero probada lealtad personal— en Defensa, y a cuadros afines en los comandos operativos, construye un cordón de seguridad que prioriza el control interno sobre cualquier ambición de liderazgo colectivo desde las FANB, según especulan observadores en Caracas.
Puede ser una especulación fundamentada: al mantener en un segundo plano, restándole relevancia, los señalamientos nacionales e internacionales contra González López, Rodríguez también envía un mensaje claro a sus posibles críticos dentro del chavismo: "Yo decido quién es útil y quién no".
El reacomodo en el alto mando tiene lugar cuando se gestan otros cambios que afectarán también a la cúpula castrense. La solicitud de EEUU de una apertura al capital privado de la minería, junto a hidrocarburos, tendrá un impacto que aún está por calibrarse: una minería gestionada de forma transparente por empresas extranjeras acabará con una fuente de enriquecimiento ilegal de numerosos militares de alto nivel, algo que han documentado entidades como Insight Crime y SOS Orinoco.
Para analistas, la presidenta ha movido el tablero de ajedrez en el estamento militar, transmitiendo tal vez una imagen de que no actuará contra los señalados de violaciones graves de los derechos humanos siempre y cuando sean leales al nuevo poder que se erige en Caracas.