Pasando la página de más de un año de enfrentamientos por el control del Catatumbo, estratégico punto entre Colombia y Venezuela, las disidencias de las FARC-EP, lideradas por Néstor Vera Fernández, alias "Iván Mordisco", llamaron a unificarse al ELN y a los otros grupos que se apartaron del proceso de paz de 2016, en un giro sorpresivo tras la captura de Nicolás Maduro.
Enfrentados durante años por el control del territorio asociado a la producción y tráfico de drogas en Colombia y en la extensa frontera con Venezuela, de algo más de 2.200 kilómetros, los cambios que se vienen produciendo rápidamente en Caracas los han llevado a un replanteamiento, como admite el propio Iván Mordisco en un video difundido por redes sociales este 7 de enero.
La caída de Maduro marca un punto de inflexión. El depuesto gobernante, quien enfrenta juicio junto a su esposa en Nueva York, dio continuidad a la política iniciada en tiempos de Hugo Chávez, de dar protección a la insurgencia colombiana e incluso facilitar los nexos entre estos grupos devenidos en organizaciones criminales y los militares venezolanos. Este modelo ha entrado rápidamente en crisis, según observadores, tras la decisión de la Administración de Donald Trump de desalojar a Maduro del poder e iniciar un proceso inédito de tutelaje de Washington sobre el Gobierno interino en Caracas, encabezado por Delcy Rodríguez.
Al invocar el legado bolivariano y denunciar la "agresión imperialista" estadounidense en Venezuela, el llamado a una "cumbre de comandantes insurgentes" con el ELN, la Segunda Marquetalia, el EPL y la Coordinadora Nacional Bolivariana no es solo retórica ideológica: implica un reconocimiento implícito de vulnerabilidad y una apuesta por la supervivencia colectiva ante la pérdida de un aliado clave como el chavismo. Se trata de las organizaciones que derivaron de las FARC al no acogerse a los acuerdos alcanzados en La Habana en 2016.
El pronunciamiento de Iván Mordisco busca trascender rivalidades internas para formar un "gran bloque insurgente" que contrarreste la ofensiva hemisférica de Washington. Empero, las implicaciones van más allá: podría intensificar la violencia en regiones fronterizas, complicar un agonizante proceso de paz en Colombia bajo la presidencia de Gustavo Petro y sabotear la transición venezolana, dado que estos grupos habían operado históricamente con el visto bueno de Chávez y Maduro, y se presume que habrá un giro con Rodríguez.
Al admitir "diferencias heredadas del pasado", pero priorizar un enemigo común —la "sombra del águila intervencionista"—, se posiciona como un catalizador de unidad en un momento de debilidad estructural. Esto implica un cálculo racional: sin el santuario venezolano, que ha permitido reclutamiento, financiamiento y evasión de fuerzas colombianas, estos grupos enfrentan un riesgo de fragmentación y aniquilación, de acuerdo con analistas.
La propuesta de una cumbre no solo busca alianzas operativas en narcotráfico y minería ilegal, sino que podría evolucionar hacia una insurgencia coordinada, exacerbando inestabilidad regional. Sin embargo, su viabilidad es dudosa: las tensiones por el control de rutas ilícitas, como en Catatumbo, sugieren que la unidad sería efímera, más un pacto táctico que una fusión ideológica, como sostiene el portal Insight Crime.
Implica, además, un desafío directo a la "paz total" de Gustavo Petro, forzando al Gobierno colombiano a replantear negociaciones suspendidas, mientras expone la hipocresía de grupos que, disfrazados de revolucionarios, dependen de economías criminales que generan miles de millones anuales. La conversación entre Petro y Trump este 8 de enero, de más de una hora, podría dar cabida una revisión de Bogotá de su política hacia las organizaciones otrora guerrilleras.
Las implicaciones se extienden a la seguridad hemisférica. Un bloque unificado podría potenciar ataques transfronterizos, reclutamiento forzado y extorsiones, que, aunque estén en la zona binacional, tendría impacto tanto en Colombia como Venezuela, en un momento en el que ambos gobiernos, aunque verbalmente critiquen a Trump, parecen encaminados a cooperar con Washington.
En la Venezuela post-Maduro esto podría traducirse en resistencia armada contra un gobierno interino alineado con EEUU, prolongando el caos y favoreciendo a actores como el Tren de Aragua o los colectivos (civiles armados por el régimen).
Tras un año de rivalidades y enfrentamientos armados, este llamado a la unidad surge en un contexto de profunda división, ejemplificado por los choques en Catatumbo, Norte de Santander, durante 2025. Esta región, segunda productora de coca en Colombia, ha sido testigo de una guerra brutal entre el ELN y disidencias de las FARC, particularmente el Frente 33.
Solo en el primer semestre de 2025, la ofensiva del ELN por arrebatarle el territorio a las FARC resultó en 117 muertes, incluyendo civiles, líderes sociales y excombatientes desmovilizados, con comunidades confinadas y desplazamientos masivos hacia Cúcuta. El ataque, planeado para hegemonizar rutas de narcotráfico y minería, incluyó ejecuciones selectivas y quema de viviendas, bajo el pretexto de un asesinato local.
Pese a los constantes mensajes del presidente Petro, quien fue combatiente guerrillero en el pasado, en la práctica su Gobierno no pudo poner fin a los enfrentamientos en Catatumbo, revelando las dificultades de hacer frente a organizaciones que tienen décadas de permanencia en esas regiones.
En tanto, históricamente el régimen de Maduro ha sido un pilar para estos grupos. Desde Chávez, Venezuela les ofreció santuario en al menos 13 estados, permitiendo operaciones en Zulia, Amazonas, Apure y Táchira. Todos son estados (provincias) en la frontera con Colombia.
De acuerdo con un estudio del Consejo Atlántico, con sede en Estados Unidos, el Cartel de los Soles —que no es otra cosa que la estructura militar venezolana facilitando las actividades ilícitas— colaboró con ELN y disidencias de la FARC en narcotráfico, minería y extorsión.
Maduro, quien es acusado por Washington de conspirar para inundar Estados Unidos con drogas, proporcionó armas y rutas seguras a las diferentes facciones, pero nunca logró unificarlas o sentarlas en una misma mesa.
Ahora, sin embargo, la combinación de que Maduro ya no está y que su sucesora está alineada con Washington representa un golpe estratégico para estos grupos, y eso explica el llamado a unificarse que hace Iván Mordisco. La operación estadounidense del 3 de enero, para capturar a Maduro y extraerlo de Venezuela para juzgarlo por narcotráfico, parece haber acabado con el espacio seguro que representaba Venezuela para estas organizaciones.
Para las guerrillas, significa perder refugio, forzando el repliegue a Colombia y reconfiguraciones criminales. El País da cuenta de que se reportan fugas de guerrilleros, temiendo operaciones conjuntas que involucren a Estados Unidos, un asunto del cual hasta ahora no existe ningún versión o anuncio en ninguno de los países involucrados.
Las guerrillas llevan décadas siendo apoyadas política y logísticamente por el cartel venezolano, integrándose en una empresa criminal que ha ganado espacio y fuerza, pero no por la acción militar yanqui que tanto molesta a los izquierdistas, sino por la llegada al poder de un terrorista de la calaña de Petro.
Gobiernos democráticos que reemplacen a los gánsteres socialistas de Venezuela y Colombia tendrían todo el apoyo militar y de inteligencia de EEUU y los narco terroristas recibirían la misma paliza que les dio Uribe.
Muchas protección para las guerrillas tuvieron de parte de los chavistas. Vaya a saber cuantos cubanos de las FAR fueron a colaborar con estos grupos sediciosos.
Cabello tiene una oportunidad de reinventarse ....