El presidente Gabriel Boric, quien en la recta final de su Gobierno registra altos niveles de rechazo de la sociedad chilena, presentó por cuarta y última vez un discurso de Cuenta Pública ante el Congreso de Chile. En el apartado dedicado a política exterior, donde mostró "logros" —según sus palabras—, evitó referirse a Cuba, una omisión que ha provocado diversas reacciones.
Boric estuvo ante el Congreso chileno, que funciona en Valparaíso, el 1 de junio. En un discurso de 151 minutos, el mandatario de izquierdas delineó los ejes de su política exterior, reafirmando en líneas generales su compromiso con el multilateralismo, la defensa de los derechos humanos y un comercio libre, justo y con reglas claras.
De ese discurso, en lo relacionado con política exterior, su declaración más contundente y ampliamente citada fue la siguiente: "Hemos sido claros en nuestro rechazo a la guerra de agresión desatada por Rusia frente a Ucrania, al fraude electoral de la dictadura venezolana, a la represión de la dictadura de Nicaragua y a la deriva autoritaria de El Salvador". Apenas terminó de hablar de Boric, llovieron las reacciones ante la notoria ausencia de mención a Cuba.
Evitar cuestionamientos públicos al régimen de La Habana ha sido una constante en este Gobierno que deberá concluir en marzo de 2026. Por ejemplo, mientras excluyó a los gobernantes de Venezuela (Nicolás Maduro) y Nicaragua (Daniel Ortega) de su ceremonia de investidura, el canciller cubano Bruno Rodríguez asistió.
Lo sucedido en Cuenta Pública de 2025, no es más que una repetición del patrón. Boric optó por no mencionar al castrismo, a pesar de su retórica de rechazo a cualquier forma de autoritarismo, independientemente de su orientación ideológica.
Varios factores explican la falta mención a Cuba en el discurso de Boric. El primero podría considerarse de política interna, y particularmente relacionado con su coalición de Gobierno. Boric ha gobernado con el apoyo variopinto de fuerzas tradicionales de izquierda y nuevos grupos progresistas. Entre esas fuerzas ha tenido un peso clave el Partido Comunista de Chile (PC), que históricamente ha mantenido vínculos ideológicos y políticos con el régimen cubano.
Según un análisis del periódico en línea Ex-Ante, el PC ha establecido una "línea roja" en torno a Cuba, presionando para que el Gobierno evite críticas directas. Esta dinámica interna limita la capacidad de Boric para abordar el tema sin arriesgar tensiones dentro de su coalición.
La académica Paz Milet, especialista en relaciones internacionales, señaló: "Criticar a Cuba podría fracturar la alianza con el Partido Comunista, que sigue viendo a la Isla como un símbolo de resistencia frente al imperialismo. Boric prioriza la estabilidad de su coalición en un momento políticamente delicado", y especialmente cuando está en la recta final de su mandato, agobiado por la desaprobación ciudadana, como ha informado DIARIO DE CUBA.
Por otro lado, en política exterior Boric ha buscado mantener una postura independiente, criticando tanto a regímenes autoritarios de izquierda (Venezuela y Nicaragua, de forma abierta), como a políticas de potencias occidentales, como las sanciones de Estados Unidos contra Venezuela. Incluir a Cuba en sus críticas podría interpretarse, en la lógica de la izquierda internacional, como una alineación con la agenda estadounidense.
Tampoco puede perderse de vista el peso simbólico que aún tiene Cuba para muchos de los llamados factores progresistas en América Latina. Para amplios sectores de la izquierda chilena, la Isla sigue siendo un símbolo de resistencia frente al imperialismo y un referente histórico de la lucha socialista. Aunque Boric pertenece a una generación más joven de izquierda, menos vinculada a los mitos revolucionarios de los años 60 del siglo pasado, criticar la situación en la Isla podría desalinear a sectores de su base electoral, y esto podría ser potencialmente riesgoso en un contexto preelectoral como el que vive Chile en este momento.
No obstante, el silencio sobre Cuba también ha tenido un costo político para Boric. La ausencia de mención al castrismo debilita su mensaje de rechazar el autoritarismo sin importar su signo ideológico. Analistas como Marco Moreno han argumentado que "el silencio sobre Cuba refuerza la percepción de que Boric aplica un estándar selectivo en su defensa de los derechos humanos".
En esa misma dirección, el académico Patricio Navia consideró negativo el silencio del presidente izquierdista ante lo que acontece en la Isla. "Boric quiere proyectar una imagen de principios, pero su silencio sobre Cuba lo muestra atrapado por las contradicciones de su coalición. Si critica a Bukele por su autoritarismo, ¿por qué no a Cuba, donde las libertades están restringidas desde hace décadas?", comentó Navia al ser consultado por DIARIO DE CUBA.
Esta crítica se intensifica al comparar su postura con la condena explícita a regímenes conservadores, como el de Nayib Bukele en El Salvador, o sus cuestionamientos a Israel. La falta de mención a Cuba podría interpretarse como una concesión a las sensibilidades de su coalición, lo que socava su credibilidad como defensor de derechos humanos, sin importar el signo ideológico de los regímenes que los violenten.
Figuras de la oposición chilena, como José Antonio Kast y Diego Schalper, han utilizado la omisión de Cuba para acusar a Boric de incoherencia. Schalper, por ejemplo, señaló en una columna en El Mercurio que "Boric critica selectivamente a los regímenes que le son políticamente convenientes, pero guarda silencio sobre Cuba para no incomodar a sus aliados".
A juicio del analista Guillermo Holzmann, "para que Chile sea un referente en derechos humanos, debe abordar todos los casos de autoritarismo, incluido el de Cuba. La selectividad resta peso a su discurso".
Por su parte, el internacionalista Carlos Huneeus criticó la falta de mención a Cuba como una oportunidad perdida: "Boric podría haber marcado una diferencia generacional al abordar a Cuba con el mismo rigor que a otros regímenes. Su silencio perpetúa la idea de que la izquierda chilena no puede desprenderse de ciertos tabúes históricos".
Finalmente, el mandatario, que llegó como símbolo de un cambio de era en Chile, podría verse perjudicado en el propio seno de su base de apoyo. Aunque el silencio sobre Cuba puede alegrar a la izquierda tradicional, tal omisión, especialmente en su último discurso ante el Congreso, también podría decepcionar a sectores progresistas que esperaban de Boric una ruptura con los legados autoritarios de la izquierda latinoamericana.
El Partido Comunista de Chile se lo tiene prohibido.