Las importaciones de Cuba procedentes de Estados Unidos superaron los 875 millones de dólares entre enero y agosto, más que en todo 2025 y un récord desde 1992, lo que confirma la creciente dependencia de la Isla de su vecino del norte.
Según datos recientes de la Oficina del Censo estadounidense, esas compras, impulsadas por el auge del sector privado cubano, incluyen alimentos, combustible, paneles solares, productos agrícolas, etcétera, y están alcanzando niveles récord en lo que va de año pese a que Washington aplica contra La Habana las sanciones más severas de las últimas décadas.
En 1992, tras la caída del bloque soviético, entonces principal socio comercial de La Habana, las importaciones estadounidenses comenzaron a despegar y alcanzaron 1,3 millones de dólares. Desde entonces crecieron de forma constante, hasta llegar a los niveles históricos actuales.
Desde enero pasado, Washington cortó totalmente el acceso del régimen cubano a la compra de combustible. A la vez, autorizó las ventas a su sector privado, gracias a lo cual EEUU se ha convertido paradójicamente en el principal proveedor de gasolina y diésel de la Isla.
Estas importaciones representaron 231,7 millones de dólares entre enero y agosto, según cifras oficiales estadounidenses.
Estados Unidos también es un proveedor clave de paneles solares para Cuba. Según datos oficiales, entre enero y julio las exportaciones de paneles y sistemas solares hacia Cuba sumaron 6,3 millones de dólares, un aumento superior al 1.000% respecto a todo 2025.
Paralelamente, las calles cubanas han visto en los dos últimos años una llegada sin precedentes de vehículos nuevos, muchos de ellos importados por actores privados desde mercados estadounidenses.
"Hay una integración económica" entre Estados Unidos y Cuba que "ya es evidente en las cifras y que cada vez se hace más grande", afirmó bajo condición de anonimato a la agencia de noticias AFP un empresario privado cubano que dirige una compañía logística dedicada a las importaciones de diésel desde Estados Unidos.
"Es la primera vez que Cuba cuenta con un sector privado tan grande" desde que fueron autorizadas en 2021 las pequeñas y medianas empresas, destacó Daniel Torralbas, economista cubano radicado en Londres.
En sentido contrario, el embargo petrolero y las sucesivas rondas de sanciones estadounidenses, intensificadas desde enero contra empresas estatales cubanas, especialmente en los sectores minero, turístico y de exportación de servicios médicos, han reducido las fuentes de divisas del régimen.
Bajo presión, La Habana anunció un giro económico sin precedentes desde la llegada del comunismo hace casi 70 años, con la intención de privatizar amplios segmentos de la economía.
Estos nuevos actores privados podrían impulsar aún más las importaciones desde Estados Unidos, mientras las inversiones directas estadounidenses en la Isla siguen prohibidas por el embargo, vigente desde 1962.
Sin embargo, el panorama podría cambiar rápidamente. La minera canadiense Sherritt, que suspendió en mayo sus operaciones en Cuba debido a las sanciones estadounidenses, anunció haber obtenido autorización de Estados Unidos para enviar combustible a la Isla con el propósito de reactivar su producción de níquel y cobalto en Moa.
Al mismo tiempo, negocia una recapitalización con el grupo estadounidense Gillon Capital, propiedad del multimillonario texano Ray Washburne, cercano a Donald Trump. Si la operación recibe las autorizaciones necesarias de Washington, también contribuiría al objetivo estadounidense de asegurar nuevas fuentes de acceso al níquel, quitando a China y Rusia el control de ese recurso estratégico.
La dependencia actual de Cuba "no es hacia cualquier país, es precisamente hacia Estados Unidos", subrayó el economista Daniel Torralbas, quien consideró esa situación como "muy peligrosa".