La crisis de efectivo en Cuba y sus duros y cotidianos efectos en la vida de los habitantes de la Isla vuelve con fuerza a la prensa oficial que, fiel a sus coartadas, se mueve entre diagnosticar el problema y señalar al sector no estatal como chivo expiatorio.
El medio oficial Cubadebate publicó una investigación realizada durante más de dos meses en las zonas 6, 7 y 8 de Alamar, en La Habana, que detectó más de veinte comercios, entre agromercados y MIPYMES, que no aceptan pagos con transferencias, cuya obligatoriedad fue impuesta por ley en 2023, como parte de la denominada bancarización, pero que pocos cumplen.
La situación es definida por el reporte como la edificación de un "sistema financiero paralelo" que pone obstáculos a quienes no tienen billetes para pagar en efectivo.
"La tarjeta está llena"; "el dueño dijo que solo hasta 1.000 pesos por cliente"; "no tenemos electricidad"; "solo por la mañana"; "hasta las 12 del día", o ; "mi proveedor no recibe transferencia" están entre los argumentos a los que echan manos la mayoría de los comercios minoristas para rechazar el pago digital.
Cubadebate ofreció la palabra a varios dueños de MIPYMES, como es el caso de Fernando Rodríguez, quien tiene un mercado hace tres meses en La Habana Vieja. "Yo acepto transferencias para todo. En mi caso, como mi venta no es tan grande, cuando voy a comprar, me libro de todo lo que tengo en la cuenta", afirmó.
Pero lo anterior aplica solamente para "los líquidos: refrescos, cerveza, agua, jugo. Ahí es donde único puedo pagar por transferencia. Los proveedores mayoristas tienen almacenes con contenedores enteros. Ellos no aceptan transferencia, porque compran en dólares. ¿Cómo van a pagar a otro país por transferencia en CUP (pesos cubanos)? No pueden. Tienen que comprar en dólares para traer el contenedor", explicó el vendedor.
¿Qué sucede cuando el vendedor minorista intenta convertir su saldo digital en efectivo para adquirir esos dólares que necesita para importar? "El banco no te deja sacar lo que necesitas. Una MIPYME tiene una cuenta fiscal, pero el límite de extracción es el mismo que el de una cuenta natural. No importa que seas un negocio, te permiten sacar lo mismo que a cualquier persona", señaló Rodríguez.
Es por eso que, como indicó, muchos códigos QR que aparecen en los negocios para efectuar los pagos no son de cuentas fiscales, sino personales.
"Nadie usa la cuenta de la ONAT. Todo el mundo usa su cuenta personal. Eso se llama evasión de impuestos, pero nadie lo controla", comentó el vendedor, quien añadió que la declaración de impuestos es una ficción: "Tú declaras lo que quieres. Puedes declarar 10.000 pesos en un mes, y ya. Nadie sabe cuánto vendiste realmente. Nadie controla la venta que tienes en un día".
Raúl Bejerano, dueño de una MIPYME de Alamar, reconoció que acepta transferencias, pero solo hasta 1.000 pesos.
"Yo no soy el enemigo. También soy un trabajador. Pero si acepto transferencia por todo, el banco me limita cuánto puedo sacar, y luego no puedo pagar a mis proveedores. Eso no es culpa mía", argumentó.
De acuerdo con Bejerano, la solución es crear condiciones para aceptar el pago electrónico, como por ejemplo eliminar o reducir las comisiones por extracción de efectivo; aumentar el límite de extracción para los trabajadores no estatales que demuestren necesidad comercial, y obligar a los proveedores mayoristas a aceptar transferencias.
O sea, otra vez una norma que las autoridades crearon para supuestamente resolver un problema, pero que los expertos advirtieron que tenía como objetivo controlar aún más la economía no estatal, ha creado más quebraderos de cabeza que los que resuelve.
Cubadebate calificó la situación actual como una "desbancarización de facto", visible en las cifras oficiales. Si en 2019 la estatal Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) reportó una circulación monetaria en manos de la población de cerca de 59.493 millones de pesos, al cierre de 2024 esta era de 336.701 millones de pesos.
"Por tanto, al ver limitado el acceso a sus propios fondos legales dentro del banco, los comerciantes se ven obligados a saltarse el canal digital. Para poder subsistir, operar y reaprovisionarse en un mercado mayorista que se mueve exclusivamente en billetes, necesitan retener el efectivo antes de que cruce la ventanilla bancaria", señaló el reporte.
Pero, reconoció Cubadebate, "el trabajador estatal o el pensionado que recibe su salario íntegro en una tarjeta magnética no tiene capacidad de negociación; no puede importar un contenedor ni pactar con un proveedor mayorista. Es el eslabón más vulnerable de la cadena: el que se queda sin el pan, sin el pollo, sin el arroz".
La misma situación fue descrita por Juventud Rebelde, pero con otro corolario. En un texto titulado "El secuestro del peso cubano", el medio oficial de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) aseguró que la acumulación del efectivo en manos de la economía no estatal "se ha agudizado en las últimas semanas de manera dramática".
Para el autor del texto, no debe permitirse que "un cubano quede a merced de un mercader que vela por hacer cada vez más lucrativo su negocio saltándose las leyes como en una carrera de vallas. Es un acto de crueldad mayúscula impedir que alguien pague y acceda a un bien, especialmente en las condiciones que ahora atravesamos. Detrás de cada pago en línea denegado, de cada billete pequeño que es rechazado, puede haber una abuela que necesita su proteína, un niño sin leche, una familia sin desayuno, un alivio que no llega".
Fuera del melodrama anterior, tan propio de la prensa oficial, Juventud Rebelde olvidó que ese crimen se comete a ojos vista desde siempre en las tiendas del conglomerado empresarial militar GAESA, donde solo quienes tienen dólares pueden comprar. Y que allí, en 2025, el régimen admitió el pago en efectivo, luego de prohibirlo tiempo antes, en otra maniobra para controlar las remesas del extranjero que los cubanos, genios para burlar las prohibiciones, se arreglaron para sortear.
El texto llama a eliminar "de una vez un problema que nunca debió surgir, y mucho menos proliferar a estos niveles", sin señalar que la situación emergió de la intención oficial de controlar la galopante inflación y el mercado informal de divisas interviniendo las transacciones de persona a persona y obligando a todos a operar a través de los bancos estatales.
Mas, insistiendo en tratar de combatir el problema atajando sus consecuencias antes que sus causas, la recomendación de Juventud Rebelde es, otra vez, la salida represiva. Según la nota, en Matanzas fue creada una aplicación digital "que permite mapear y clasificar, en tiempo real, la actitud de los negocios ante los diferentes tipos de pago. Con gradaciones de colores que van del verde al rojo, los ciudadanos pueden dejar constancia de dónde se aceptan o no transferencias".
Según la publicación, se trata de una especie de "control popular en vivo que, con un mayor desarrollo y nuevas funcionalidades, puede convertirse en una herramienta utilísima para ponerle rostro a los infractores". Suerte con eso.