El periodista oficialista Oscar Figueredo Reinaldo afirmó que el problema de la bancarización en Cuba —impuesta por el Gobierno y convertida en una dificultad más que en una ventaja para la población— es "de implementación, de control y de coherencia", en un artículo publicado el miércoles en el portal oficial Cubadebate y que constituye el segundo que dedica la prensa oficial al tema en una semana.
Pero, mientras la periodista Yamilé Mateo Arañó reconocía, el 12 de abril en un artículo publicado en Sierra Maestra, que la bancarización se implementó en circunstancias "de inflación, de más demanda que ofertas, de desabastecimiento en los locales estatales y de una dolarización parcial de la economía que fija en muchos casos, los precios de productos básicos como alimentos o aseo" —que obviamente obstaculizan el buen funcionamiento de la medida y fueron ignoradas por las autoridades— Figueredo Reinaldo se dedicó a culpar al sector privado por no aceptar transferencias.
"Entro a comprar algo simple —lo cotidiano, lo que uno asume que ya no debería ser un problema pagar— y en el momento de cerrar la operación saco el teléfono con la naturalidad de quien ha interiorizado el discurso de la bancarización, de los pagos electrónicos, de la 'modernización' del sistema financiero. Abro la aplicación, intento transferir… y entonces empieza el recorrido conocido: 'no hay sistema', 'ahora mismo no pasa', 'solo efectivo', o la frase más inquietante de todas, dicha casi en voz baja, como si fuera parte normal del procedimiento: 'si es transferencia, es con recargo'", enumeró el periodista las respuestas recibidas en distintos establecimientos.
El periodista llamó la atención sobre el hecho de que el escenario descrito "convive con un marco normativo que, en papel, está claramente orientado hacia lo contrario".
"El Banco Central de Cuba y las disposiciones complementarias han insistido en la bancarización de las operaciones, en el uso obligatorio de medios electrónicos cuando sea posible, y en el rol de la cuenta bancaria fiscal como eje de control de los ingresos de los actores económicos. Se trata, en esencia, de ordenar los flujos financieros, reducir la dependencia del efectivo y dar mayor trazabilidad a las operaciones", afirmó.
No es hasta el quinto párrafo que el texto hace alguna mención de los serios problemas de conectividad que hay en Cuba y solo para recalcar que el problema, supuestamente, es la falta de control.
"El problema no es únicamente técnico, aunque la inestabilidad de las plataformas y la conectividad juegan su papel. El problema es más profundo: es de implementación, de control y de coherencia", sentenció el periodista.
No mencionó que en los establecimientos en muchas ocasiones no hay electricidad, debido a los largos apagones son el pan de cada día en Cuba, y por tanto no hay conexión y no funcionan las plataformas digitales Transfermóvil o Enzona.
"La cuenta bancaria fiscal —pensada como columna vertebral del sistema— pierde efectividad cuando no se utiliza de forma rigurosa. El pago electrónico pierde credibilidad cuando se condiciona o se encarece informalmente. Y la política de bancarización pierde fuerza cuando el ciudadano, al final del día, siente que debe seguir resolviendo en efectivo para evitar complicaciones", lamentó, evitando referirse a la responsabilidad del Estado cubano en la falta de efectivo en los bancos, en los que los ancianos que viven de su chequera, que carecen de un teléfono móvil —la mayoría de las veces— y se desgastan en colas (…) para poder cobrar y no siempre lo consiguen por la falta de efectivo en estas instituciones, o solo les dan una parte de lo que cobran", como señaló su colega de Sierra Maestra.
El periodista de Cubadebate aclaró que su artículo no era "una crítica desde la negación del proceso. Es, más bien, una constatación desde la experiencia cotidiana: el sistema está en transición, pero esa transición aún no termina de cuajar en la práctica social".
"Y mientras eso ocurra, seguiremos viviendo esta dualidad incómoda. La de un país que impulsa con fuerza la digitalización de los pagos, pero que en la vida diaria todavía depende, en gran medida, del papel moneda. La de una norma que avanza en el papel, pero que se diluye en la calle", lamentó, aunque no es nuevo que una norma es letra muerta en Cuba.
El culpable siempre es otro...!