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Presos Políticos

Sin agua, alimentos ni derechos: la vida en prisión de dos manifestantes del 11J

Los presos políticos Alexander Guillermo Martínez Amoroso y Yasniel Mariño Himely enfrentan castigos y pésimas condiciones de reclusión en cárceles de La Habana.

La Habana
Entrada del Combinado del Este, en La Habana.
Entrada del Combinado del Este, en La Habana. Humberto López/Facebook

Las condiciones deplorables de las cárceles del régimen cubano son motivo de frecuentes denuncias tanto por parte de familiares y activistas como de organismos internacionales de derechos humanos. En tal sentido, el Centro de Documentación de Prisiones Cubanas denunció que "el preso político del 11J Alexander Guillermo Martínez Amoroso, condenado a 18 años y recluido en el Combinado del Este, enfrenta graves condiciones de internamiento".

Según refirió el activista Librado Linares, Martínez Amoroso ha pasado "hasta cinco días sin acceso a agua potable", además de tener "dificultades para utilizar los servicios sanitarios", recibir "alimentos en mal estado" y sufrir "castigos reiterados en celdas de aislamiento".

Estos elementos forman parte de "un trato que vulnera sus derechos como persona privada de libertad", indicó la citada organización, al tiempo que cuestionó las "irregularidades" en las pruebas presentadas en su contra, en un proceso judicial que derivó en su alta condena.

El Centro de Documentación de Prisiones Cubanas detalló que Martínez Amoroso, de 50 años, "fue detenido durante la manifestación del 12 de julio de 2021 en el barrio de La Güinera, La Habana. En su petición fiscal solicitaron imponerle una condena de 25 años de prisión, que fue reducida a 20 años en la sentencia. Finalmente, tras el proceso de apelación, la pena fue fijada en 18 años".

La organización insistió en que "las personas privadas de libertad deben recibir agua potable, alimentación adecuada, atención y un trato digno, sin castigos crueles, inhumanos o degradantes". Asimismo, hizo hincapié en la importancia de visibilizar estas denuncias, toda vez que muchas veces derivan en cambios en las condiciones de los reos que, si bien son mínimos, pueden hacer la diferencia.

Su caso, sin embargo, no es aislado, toda vez que el también preso político del 11J Yasniel Mariño Himely denunció las precarias condiciones de alimentación en el campamento de trabajo forzado en el que se encuentra recluido, anexo a la prisión 1.580, en La Habana. La denuncia pudo hacerla por vía telefónica luego de permanecer 20 días sin comunicación debido a la rotura del teléfono del centro.

"En el campamento de trabajo reciben arroz de muy mala calidad y una masa de composición desconocida que, en ocasiones, Yasniel ni siquiera puede comer", dijo su esposa y enfatizó que el reo "ha perdido mucho peso corporal".

"La pérdida significativa de peso y las condiciones deficientes de alimentación denunciadas por su esposa requieren atención y una respuesta de las autoridades penitenciarias", indicó el Centro de Documentación de Prisiones Cubanas y citó las palabras de la esposa del preso político: "Si en las calles de Cuba no hay comida, imagínese en las prisiones".

Según un reciente informe del citado centro, las denuncias sobre las malas condiciones de reclusión abarcan prácticamente todos los ámbitos de la vida penitenciaria: comida insuficiente, mal elaborada y en mal estado; desnutrición; escasez de agua; infraestructuras deterioradas; falta de colchones; plagas de roedores e insectos y brotes epidémicos.

En declaraciones a DIARIO DE CUBA, la directora del centro, Camila Rodríguez, enfatizó que "el sistema penitenciario cubano es hoy un espacio de degradación humana y represión política". No se trata de fallas aisladas, sino de "una política estructural de castigo y silencio que requiere una respuesta internacional firme".

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