El ascenso meteórico de Andy Cruz en el boxeo profesional encontró en Las Vegas su primer límite serio. El cubano cayó por decisión mayoritaria ante el estadounidense Raymond Muratalla, quien defendió con éxito su cinturón ligero de la Federación Internacional de Boxeo (FIB) y extendió su invicto a 24 victorias.
Las tarjetas (114-114, 116-112 y 118-110) reflejaron un combate más cerrado de lo que sugiere el resultado final, pero suficiente para frenar, al menos de momento, las aspiraciones inmediatas del campeón olímpico.
Cruz llegó a la pelea con apenas seis combates profesionales, respaldado por un historial amateur excepcional y por una narrativa de futura superestrella. Sin embargo, el boxeo profesional —menos indulgente con el talento puro— le devolvió una lección temprana: no basta con ser técnicamente superior.
Presión contra talento
Según el análisis de ESPN Digital, el combate fue "un golpe de realidad" para el cubano. Cruz mostró una clara ventaja técnica: velocidad, precisión, dominio del jab y una derecha recta que conectó con regularidad. Durante varios pasajes, especialmente en la primera mitad, hizo fallar al campeón y controló la distancia con movimientos de piernas y cintura que recordaron su pedigree olímpico.
Pero Muratalla, siguiendo al pie de la letra la estrategia diseñada por su entrenador Robert García, impuso desde el segundo asalto una presión constante y calculada. No intentó igualar a Cruz en velocidad ni en estética: apostó al desgaste, a cerrar espacios y a forzar intercambios incómodos. Esa "presión inteligente", como la describió el propio Muratalla tras el combate, terminó siendo decisiva.
El cubano reaccionó tarde. Cuando en el octavo asalto decidió dar un paso al frente y asumir la iniciativa, encontró mejores momentos, pero ya el ritmo y la inercia favorecían al campeón, que cerró mejor los rounds finales.
La experiencia pesa
Para el periodista Jorge Ebro, de El Nuevo Herald, Cruz no perdió por falta de boxeo ni por intimidación escénica, sino porque el boxeo profesional "castiga incluso cuando se hace mucho bien… pero no lo suficiente". En su lectura, Muratalla entendió pronto que no podía ganar un duelo de ajedrez y transformó la pelea en una prueba de resistencia física y mental, un terreno donde la experiencia suele inclinar la balanza.
Cruz resistió, nunca se quebró y tuvo destellos incluso en los últimos asaltos, pero pagó el precio de competir "al límite de su inexperiencia", en palabras de Ebro. La diferencia, más que amplia, fue mínima, como lo confirma la tarjeta de empate.
Reacciones y escenario futuro
Muratalla se mostró satisfecho con su actuación y dejó claro que su enfoque fue puramente competitivo: defender el título y ganar, sin importar el historial de su rival. Andy Cruz, por su parte, expresó inconformidad con las tarjetas, aunque reconoció que siempre puede dar más. "Una derrota no me define", afirmó, en una declaración que apunta más al largo plazo que al resultado inmediato.
La caída deja a Cruz con marca de 6-1 y frena, al menos temporalmente, el impulso que lo colocaba en la antesala de los grandes nombres de la división. Pero también confirma algo que subraya Ebro: el cubano pertenece a este nivel. No fue superado con claridad ni expuesto; fue exigido como nunca.
El recorrido de Cruz hacia el profesionalismo está marcado por una salida traumática del sistema deportivo cubano. En julio de 2022 fue expulsado oficialmente de la estructura del boxeo nacional, tras un fallido intento de abandonar el país de manera irregular, por el que permaneció varios días detenido. Aunque las autoridades deportivas alegaron problemas de rendimiento y disciplina, la exclusión ocurrió después de que el propio púgil solicitara su baja del equipo nacional. Meses más tarde, en noviembre, se confirmó que Cruz había logrado salir de Cuba y se encontraba en República Dominicana, dando inicio a una nueva etapa fuera del control estatal.