Nada te salva del amor
Ni el peregrinar por las ciudades interiores
Ni las dotes para la oración
Ni la intuición
Ni una infancia fuerte
Ni la magia de la subjetividad
Ni lo excepcional de un camino distinto ante tus pies
Ni el legado de las impresiones
Ni las cartas de los amigos predicándome su fe en el poderío de la mente
Nada te salva del amor De lo que siento
Ni las filosofías más fuertes con sus drogas sanas
Ni las puertas bien cerradas en un apellido ajeno
Ni pestillos o llaves cerraduras victorianas cinturones de castidad ni mi cuerpo
Ni el jardín que lleva al agua resbaladiza de las algas
Ni el medioevo ni el mundo que me toca por nacer en los setentas
Nada salva del amor mira que busco
Ni el vacío de un árbol genealógico en el otoño desprendido de la tarde
Ni las ropas que abandoné sin tener miedo
Ni mis ojos negros retocados
Ni mi pelo en los cuadros cerrados en los museos del hombre
Ni crecer ni reír ni hacerlo y deshacerlo sobre la cama como una criatura imaginaria
Nada me salva del amor
No hay control posible para eso no existe la piedad
No hay salvavidas que vigile atento en mi interior
Aunque lea en el periódico de hoy la mejor noticia de mi vida
Saldré a contárselo como una niña perdida pediré ayuda para ser creer ser el deseo
Porque nada salva ni siquiera el amor.
Wendy Guerra nació en La Habana en 1970. Ha publicado varias novelas, las más recientes: El mercenario que coleccionaba obras de artes (Alfaguara, Madrid, 2018) y La costurera de Chanel (Lumen, Barcelona, 2025). Este poema pertenece a su libro Ropa interior (Bruguera, Barcelona, 2008).