El gato copulando con la marta
no pare un gato
de piel shakesperiana estrellada
ni una marta de ojos fosforescentes.
Engendran el gato volante.
José Lezama Lima
En su caída
me comparte un espectro,
dolor,
espesura que no se derrama
filtra una lúcida alerta,
organiza ideas en forma
de escultura;
ha chocado contra un metal veloz
e indescifrable,
sobre mis pies se apaga,
el hilo de sangre queda negro
grabado por Goya;
desaparece su agilidad
o se transfiere al torbellino
de cosas que pasan por mi mente…
No desecho
los segundos mínimos
en los que contemplé el bólido,
la calidad
de esa imagen,
el afán de levitar derrochado
ante la franja
que le tendí de súbito;
es lo grave en sí
que ocurre más allá
de los límites de tu cuerpo,
se aloja
en cápsula sorpresiva
ablanda
a unos cuantos tejidos,
los pone como esponjas…
Tengo su vibración,
rapsódico testimonio
de la ceremonia,
ese espasmo que retira
como de una escena
el brillo de la mirada.
Otra vez el acrílico
que deglute la memoria
su resonancia cromática,
ahora en los ojos de este gato
proponiendo un paisaje,
crónica sobre la fragilidad
de sus vértebras dorsales,
unos huesitos curados
por el estudio minucioso
del color,
esencia que varía,
pupilas muy sátiras
poniendo dos rayitas distópicas
sobre la falsa calma
del horizonte;
la muerte se interpone
antes de su salto
sobre la salamandra,
lo transparente y lo turbio
se enredan en disputa,
lo transparente asciende,
queda en vanidad,
pero lo turbio lo reta
con su contenido.
Ricardo Alberto Pérez nació en Arroyo Naranjo en 1963. Sus libros de poemas más recientes son ¿Para qué el cine? (Unión, La Habana, 2011) y Vengan a ver las palomas de Varsovia (Letras Cubanas, La Habana, 2013). Publicó una antología personal, Los tuberculosos y otros poemas (Torre de Letras, La Habana, 2008). Ha traducido a Paulo Leminski y otros poetas brasileños. Este poema pertenece a un libro en preparación.