En la vejez, las paredes parecen crecer
Nadie logra ver por encima
Para mirar a la gente apuntando al cielo
Donde los viejos aviones solían volar
Robert Creeley
Ahora los símbolos invertidos
el boquete al revés
la llama le da duro al parásito,
su repugnante blandura
se vuelve inexplicable al fuego
no lo barre con facilidad
llega a lucirse,
anillos en construcción
vocablos ilegibles
en medio de la gravedad,
es la ardua ficción de la culebra,
aquello que van dejando
los cuerpos memorables
cuando te ofrecen en penumbra
sus secretos;
pura guillotina con el paisaje
que te queda,
adquieres la maña de fisgonear
hacia abajo
tu cono de erosión
no para más,
en todo lo que hunde
hay nuevas tentativas
maneras de inventar
la boca de un sijú.
Ni el reptil ni el trazo
deben ir hacia la grosería,
la cabeza en 90 grados
ante lo que te acosa;
cuando Severo
Sarduy
miraba el rastro
de un tatuaje
nacía un ritmo
para doblar al verso en su rectitud
y que este no partiera
en medio del intento,
lo que sonríe es la idea
no quiere bronca
con nada almidonado
y terso;
las raíces
y los muñecos que pintan los pequeños
sirven para archivar
orígenes, conductas,
para que en el trillo
por donde caminas solo se levante
el polvo necesario.
Ricardo Alberto Pérez nació en Arroyo Naranjo en 1963. Sus libros de poemas más recientes son ¿Para qué el cine? (Unión, La Habana, 2011) y Vengan a ver las palomas de Varsovia (Letras Cubanas, La Habana, 2013). Publicó una antología personal, Los tuberculosos y otros poemas (Torre de Letras, La Habana, 2008). Ha traducido a Paulo Leminski y otros poetas brasileños. Este poema pertenece a un libro en preparación.