No ir a ciudades donde no haya museos
acariciar las paredes que tengan más de 60 años
por ejemplo, vaya al ventanal
acaricie el marco descascarado
el borde del cielo interior
abrace todos los árboles que le hagan señas
vaya hasta el banco del parque
acomódese ahí hasta que sienta el frío de la niñez
camine las calles angostas de la madrugada
diríjase a los portones gastados del crepúsculo
llame y no obtenga respuesta
sea práctico:
siéntese a esperar el amanecer desde un punto alto de la ciudad
véala despertarse como dama ajada
descubra el velo a las casas
los olores pudendos
no se levante del desayuno hasta que se apaguen los faroles nocturnos
con Whitman, lance su grito salvaje sobre los techos del mundo
indague en las nubes rosadas
tómele el pulso a la ciudad
camínela hasta el agotamiento
arrójese a lo secreto
baje al metro
a lo desolado
pregunte por coordenadas al teléfono inteligente
más aún, a los transeúntes que no sonríen
extravíe el alma
rece una plegaria homérica
júrese haber visto el último centauro desaparecer por el flanco neblinoso
de rigor serán el río
el cementerio
los templos
el jardín botánico
el zoológico abandonado
las jaulas vacías
la buena mesa
y el fogón de los humildes
y siempre, siempre, visítelas en invierno.
Rosie Inguanzo nació en La Habana, en 1966. Escritora, actriz, performer, puede vérsele caracterizando a su alter ego, Eslinda Cifuentes, en las performances que realiza junto al violinista y compositor Alfredo Triff. Ha publicado la novela La Habana sentimental (Bokeh, Leiden, 2018). Sus libros más recientes de poesía son Baladas crueles (Ediciones Furtivas, Miami, 2023) y Viene regando flores. Cubicherías y ornitologías (Editorial Casa Vacía, 2025).