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Crítica

Los vuelos del canto, las flores a sus pies

Unas notas a partir de la presentación del último poemario de Rosie Inguanzo en Miami.

Miami
Rosie Inguanzo en la presentación de su libro en Miami.
Rosie Inguanzo en la presentación de su libro en Miami. Facebook/Rosie Inguanzo

En la semipenumbra de la mejor librería de la ciudad, la escritora y actriz Rosie Inguanzo lee. Más que leer, declama. Más que declamar, proclama. Que la poesía es un acto jugoso, indagativo y transmutador, y que si hay un reino de veras inclusivo, humanamente hablando, es ese reino.

Los presentadores de su último libro, dos críticos de rigor cada uno en su territorio, Alejandro Ríos y José Prats Sariol, han hablado con abundancia y justeza del pedigrí de la obra. El título Viene regando flores se lo ha sugerido el propio Prats Sariol, y fue un gran acierto porque evoca aquella comparsa habanera de cuando en Cuba se detenía todo para dar paso al carnaval, a la conga, a la fiesta. El primer título en el que pensó, dice la autora, fue Cubicherías y ornitologías, que finalmente pasó a ser el subtítulo, y que se aviene muy bien con las esencias del libro.

Dos exergos lo ilustran: el primero tomado del Diario de Cristóbal Colón, que anota: "Toda la noche oyeron pasar pájaros", y el otro es una cita de Un catauro cubano de cubanismos, que dice "Bien podemos, pues, llamar cubicherías lexicográficas a esta pila de cubanismos y disquisiciones volanderas (…) El lenguaje tiene vida y es un empeño inútil querer plasmarlo".

Estos dos exergos delinean el esqueleto constitutivo del libro: aves y lenguaje vivo.  En la persecución de este lenguaje, Inguanzo bebe de los pozos generosos del habla del pueblo, que según refiere es el habla de la madre, así como su muerte es un parteaguas. En sus versos se permite la entrada al zarambeque, al furumalla, al cañangazo, al guirigaray, tanto como a las sofisticadas maneras de nuestra lengua, desde la umbelífera hasta el exoesqueleto. Todo mezclado, como en el carnaval. Delicia promiscua, lengua en ebullición.

La escritora, profesora de literatura, ha leído a los clásicos del idioma, incluyendo los del patio. Sabe del enamoramiento martiano con el mundo natural, del trino operístico de Sarduy, del traqueteo verbal de Cabrera Infante, de la riqueza antillana de Guillén. Vive en Coral Gables, la misma ciudad de Miami donde el poeta Juan Ramón Jiménez despertó de la paralizante tristeza del exilio ante la música coral de los pájaros.

Aparte de todas estas asociaciones, implícitas o no, que me llegan al leer, Inguanzo menciona el libro Ilusiones de Botánica, de la escritora cubana Legna Rodríguez Iglesias, publicado también como este libro suyo por Casa Vacía Editorial. Se trasluce que Viene regando flores no es un trabajo de corto tiempo. Hay demasiados campos de intención en él, desde la mitología cubana —campesina o de la vertiente afrocubana—, el registro natural de las especies, el lenguaje de la ciencia cuando precisa, lo picaresco, lo sexual, el gracejo, los modismos, las alusiones literarias, en fin, que la minuciosidad del tapiz es apreciada en sus detalles.

Es generosa también: nos da claves de construcción poéticas:

    Practicante de atonales
    mortifico la medial.
    La rima media cortante
    vibra, se quiebra el esquema
    la oratoria se moldea
    —polifonía de ave.
    Cromatismo o semitono
    un bemol, un sostenido
    las disonancias evoco
    los atonales avivo.

Inguanzo se sincera: habla de una obsesión neurótica al escribir. La misma que tuvo Emily Dickinson cuando escribió esos poemas donde abundan los pájaros: "Si puedo evitar el sufrimiento de alguien/, O aliviar un dolor, acaso… /O ayudar a regresar a su nido, a un petirrojo cansado, / no habré vivido en vano". Pero en vida de la Dickinson, todavía la naturaleza así de mortalmente amenazada; sus pájaros no estaban al borde de la extinción. En el poemario que nos ocupa hay algunos casi extintos como el rarísmo carpintero real de pico rojo, hay un zunzuncito llegado de Playa Larga, la lechuza blanca de los grandes augurios, hay "tomeguines de contrabando,/ dormidos con diazepam, en el avión de Cubana…"

Los pájaros, como los humanos, también emigran, nos recuerda la poeta. La bijirita, por ejemplo, a la que le dedica el poema "Chirrido". En "Pájaros de Cuba", pasa de hablar de la bijirita, sus costumbres alimentarias y sexuales, a otro tipo de "pájaro": “Sarduy tan severo era/ el pajarita letrado/ de ir al cine en un revuelo/ tules y tutú canario/ y ahí en oscuro entrecielo/ agarrársela a cualquiera". El poema sigue con otras aves típicas cubanas hasta desembocar en otro "pájaro": "Bola de Nieve en carroza/ negrona de piano bar/ que si Elegguá si totí/ con cara de yo no fui". Esta hibridez entre el vocablo que nombra y el vocablo que mimetiza es tratado de manera sumamente ingeniosa por la autora, lo mismo en otro poema sobre Virgilio Piñera, Currelimos Culiblanco. En su escritura no hay lugar para el tabú: lo lúdico desvanece cualquier intento de esconder las apariencias.

Cuando la escritora Amy Tan presentó su libro The Backyard Bird Chronicles los lectores lo recibieron con entusiasmo. El libro reproduce apuntes descriptivos y dibujos que desde el año 2016 Tan vino haciendo de las aves que frecuentaban su casa y de otros que observó en paseos fuera de ella, en esas excursiones llamadas birdwatching que hacen los enamorados de los pájaros. Según la escritora devenida en dibujante de su propio libro, este proyecto fue un refugio ante el ingrato entorno sociopolítico que vio avivarse frente a sus ojos, en especial la ojeriza racial contra los asiáticos que se despertara intempestivamente.  Estas crónicas se convirtieron en su santuario, su resistencia frente a la fealdad del mundo, mucho más durante los años de la pandemia de Covid.

En el libro de Rosie Inguanzo que nos ocupa hay también asomos de un patio con árboles donde cuelga el Spanish moss y que es objeto de sus cuidos y fisgoneos, pero en los poemas que pueden haber brotado de esta parcela de vida, la contemplación es medio y no fin en sí mismo. Como tampoco la fuerza verbal, sonora del lenguaje al mirar en retroactivo a un pasado no se queda en la lamentación. Así la nostalgia de un tiempo donde se bailaba, se gozaba, es activa y no lacrimosa:

   además de las carrozas
   arrollaban las comparsas
   del Centro Gallego, gaitas
   tamboriles, qué te cuento
   ay las congas, La Sultana
   de Remedios, de Los Sitios
   los sindicatos, la tumba
   desfile de convertibles
   por la tarde los domingos
   ahí donde mueren las aves
   la rumba se fue a la muerte
   el muerto se fue de rumba

Este libro, en resumen, celebra la alegría de vivir, de "desatar la lengua", de convocar un destino mejor para los "cubiches", donde quepan otra vez las "bellezas del físico mundo" y menos "los horrores del mundo moral". Gracias a Rosie Inguanzo por su batir de alas y tanta belleza derramándose sobre los lectores, esas flores del bien que son sus palabras y que tanto necesitamos en estos tiempos donde la tierra nuestra se volvió quimera.


Rosie Inguanzo, Viene regando flores. Cubicherías y ornitologías (Editorial Casa Vacía, Richmond, 2025). 

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