No son presencias.
Presencia es aquello discontinuo
que parpadea, que hipa,
que fluctúa, entra y sale,
que fulgura y crepita.
Presencia es lo que va
camino de la muerte irremediable.
No son mortales
o son
menos mortales que los hombres.
Cuando matan al hombre,
a ellas las salpican.
Ya estaban,
ya estarán,
sentadas en sus culos de elefante.
Adán las hizo, las tuvo y las perdió
y ahí siguen,
como pared del fondo de la cueva.
Crueles por impasibles.
Crueles pero maravillosas en la luz:
formas.
Las miramos en su corporeidad,
tan hechas.
Adiós decimos para ellas,
para nadie
porque solo los exiliados y los muertos
nos hemos despedido de las cosas.
Antonio José Ponte nació en Matanzas, en 1964. Ha publicado poesía, ensayo, cuentos y novelas. Este poema pertenece a un libro inédito.