Entre las distintas etapas constructivas de la capital cubana, la República causa fascinación por la explosión de múltiples lenguajes arquitectónicos que, en tan breve tiempo, diversificaron sobremanera la imagen urbana. La primera mitad del siglo XX marcó un periodo de fiebre constructiva —sin precedente, ni continuación— de gran experimentación tecnológica y expresiva, que reformó el arte arquitectónico a nivel compositivo, estructural y estético. Según afirma el arquitecto Eduardo Luis Rodríguez todo fue válido, "como si con la libertad política hubiese llegado también la libertad de escoger entre un repertorio de nuevas opciones artísticas y se aceptaran todas a la vez".
Uno de los lenguajes adoptados fue el Renacimiento italiano. Era ajeno a nuestra historia y a nuestro tiempo, pero perfecto para transferir a la vivienda cubana de la clase alta el mismo mensaje de poder económico y social que transmitieron en la Florencia del siglo XV los palacios de los Medici-Riccardi, Rucellai, Strozzi, Pitti, etc. Se trataba de revivir y darle validez a un vocabulario histórico en tiempos modernos, del mismo modo que el Renacimiento recuperó el lenguaje clásico, legitimando recursos asociados a una cultura próspera y humanista. Hasta aquí el paralelo, pues el Renacimiento reinterpretó de manera profunda la Antigüedad grecolatina, mientras el Neo-Renacimiento aclimatado en Cuba y otras partes del mundo, fue más bien una vestidura, un traje elegante hecho a medida que podía ajustarse a conveniencia o capricho.
En La Habana existen residencias magníficas que asumieron este vocabulario. Hay dos casos interesantes que ilustran dentro del mismo código la gran flexibilidad y creatividad con que fue asumido. El primero es un ejemplo combinado de dos casas casi gemelas que el doctor Benjamín Primelles construyó en El Vedado y en Lawton; el segundo es la mansión del comerciante tabacalero Marcos Pollack, en el Country Club. En ambos casos hay constancia de la participación activa de los propietarios en la concepción de sus viviendas, lo que manifiesta que, tanto el diseño general como los detalles, respondieron a una intención consciente de lo que querían disfrutar y mostrar en su día a día.
La primera casa de Benjamín Primelles está situada en 17 entre I y J, y debió haber sido construida en la primera década del siglo XX. Es un palacio de dos plantas con semisótano y torre, cuya fachada remite directamente a la arquitectura palaciega florentina. Según atestigua la familia, por problemas de salud de su hijo René, el doctor Primelles decidió construir en 1915 otra casa en Vista Alegre y San Lázaro, Reparto Salazar, hoy Lawton. Es curioso que el cirujano encontrara en fecha tan temprana, gran diferencia en las condiciones higiénicas del sur de La Habana, estando su vivienda de El Vedado en una urbanización abierta y con gran balance de espacios verdes, más de lo que presenta ahora.
El caso es que tanto gustaba de su "palacio florentino" que lo reprodujo casi idéntico en la segunda localización. De él se hizo eco la prensa de la época alabando que "El edificio es del más puro estilo florentino, comprendiendo detalles de la arquitectura que desenvolvieron Giotto, Luca della Robbia y Andrea Pisano en el Campanile, Arnolfo di Cambio Vasari Buontalenti en el Palazzo Vecchio, Benedetto Maiano Cronaca en el Palazzo Strozzi […]".
Cierto es que la casa es un poco de todos, no copia un palacio en sí, sino su concepto arquitectónico y detalles. Recurre a un almohadillado más atenuado que le confiere fortaleza a la fachada, y que durante el Renacimiento fue símbolo de fortuna por lo elaborado de la técnica. En este caso es puro artificio de cemento que, a inicios del siglo XX, incorporaba un material moderno. La fuerza de la piedra artificial se atenúa con las múltiples ventanas, típicas de esta tipología palaciega, que también procuró reproducir los arcos con dovelas habituales en Florencia.
El guiño directo lo hace al Palazzo Vecchio, con su remante almenado y una torre esquinera, cuyas ventanas ajimezadas son exactas a las del inmueble del siglo XIV, así como la sugestión al matacán que este tiene, y que los habaneros simulan. De este modo, las viviendas de Primelles no terminan en la pronunciada cornisa típica del palacio renacentista, y no renuncian a la torre medieval ausente en los palacios florentinos. En este caso la asumen como un símbolo de poder, además de otorgarle notable visibilidad en el contexto urbano, por lo que fue reproducida en otros palacetes republicanos independientemente del estilo artístico al que pertenecieran.
Asimismo, las viviendas de Primelles mezclan un poco de fantasía medieval al redondear las esquinas a manera de torres que no sobresalen como la principal. También adecuó sus casas a las regulaciones de los repartos, por lo que no están en línea con la acera como los palacios florentinos, sino que incorporan jardín y portal frontal en El Vedado, y perimetral en Lawton. Resulta interesante en la primera, el hecho de que está ligeramente elevada del nivel de la calle. Según la arquitecta Llilian Llanes, este basamento era recurrente en las primeras viviendas de El Vedado, para evitar las inundaciones, el polvo y el fango cuando las vías eran aún de tierra. La Calle 17, donde esta se encuentra, fue de las primeras en pavimentarse, lo que contribuyó a que se completara rápidamente junto a Calzada, Línea, 11, 13 y 15.
El palacete de Lawton se alzó mucho más sobre el nivel de la acera, creando un recinto cuasi amurallado que le distingue sobremanera sobre la elevación donde se sitúa. Incorporó, además, una marquesina sobre arcada que realza el acceso principal a diferencia de la de El Vedado, y que por supuesto no tiene ningún palacio florentino. En su distribución interior, no reproducen los referentes italianos y no tienen patio. Responden al chalet de dos plantas republicano donde el hall o pasillo ha sustituido al patio interior en la articulación de las estancias.
La Mansión Pollack en cambio, sí hace del patio interior uno de sus atributos más notables y reconecta con Florencia. Sobre ella hablaremos la semana siguiente.