La jornada de Marta no termina cuando sale del trabajo. Para René, ser cuentapropista tampoco garantiza que el dinero alcance ni que pueda dedicar el día exclusivamente a su negocio. Denia, por su parte, cuida a su madre, una anciana que recibe una prestación de asistencia social de 1.548 pesos mensuales, mientras intenta resolver las necesidades de ambas.
Son tres hogares y tres formas de afrontar una misma dificultad: conseguir lo necesario para vivir se ha convertido en Cuba en una tarea que se superpone al empleo, los cuidados y las obligaciones domésticas.
La cuarta encuesta de DIARIO DE CUBA, realizada por Cubadata entre el 22 de julio y el 10 de agosto de 2026, puso cifras a esa ocupación cotidiana. De las 1.551 personas que participaron, el 45,2% afirmó que dedicaba diez o más horas al día, durante una semana típica, a resolver necesidades básicas. Un 20,8% señaló que empleaba 20 horas o más.
Son actividades que pueden entrelazarse con el trabajo remunerado y los cuidados: buscar alimentos, hacer colas, localizar medicamentos, organizar traslados, conseguir dinero y adaptar las tareas de la casa a los apagones.
Marta: el salario no resuelve la jornada
Marta trabaja como contable en una empresa del sector estatal agroindustrial y revende productos de plástico fuera de su jornada laboral. Tener un empleo formal y una entrada adicional no le garantiza ingresos suficientes para cubrir los gastos cotidianos.
"Mi salario no me da para comprar más de un cartón de huevos al mes y una bolsa de leche. Ni en el mercado que abrieron en la esquina de mi casa consigo comida y aseo a precios más baratos, como dice el cuento de la última promesa oficial", declara a DIARIO DE CUBA.
A sus 52 años, comparte los gastos del hogar con su esposo y sus dos hijos, que también aportan a la economía familiar. La reventa en el mercado informal apenas ofrece un alivio.
"Es francamente una miseria lo que entra vendiendo pozuelos, palitos de tender y escobas, pero sin eso estaríamos en peores condiciones. Camino cada día por un barrio distinto o acepto encargos que llevo a los domicilios. Termino agotada", cuenta.
La Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) situó en 7.354 pesos el salario medio mensual del sistema empresarial y presupuestado en agosto de 2026. La cifra no corresponde al sueldo de cada trabajador, incluido el de Marta, pero ofrece una referencia de los ingresos en el sector estatal. En algunas actividades, las remuneraciones medias fueron considerablemente inferiores: 5.824 pesos en Educación y 5.104 en hoteles y restaurantes.
A esa presión se suma el encarecimiento de los productos. En septiembre, el índice de precios al consumidor aumentó un 3,37% respecto al mes anterior, acumuló un 24,85% desde enero y registró una variación interanual del 28,44%, según la ONEI. Los alimentos y las bebidas no alcohólicas concentraron el 73,39% del impacto en la subida mensual.
El problema no es solo cuánto dinero recibe Marta, sino qué puede comprar con él y cuánto tiempo necesita para conseguirlo.
"Me levanto a las 5:30 de la mañana para dejar preparada la comida, eso cuando tengo luz a esa hora. El desayuno cada cual se lo administra como puede. Mi esposo y los niños comen algo antes de llegar al trabajo y escuelas", cuenta. Sus hijos son jóvenes que están terminando estudios técnicos y superiores.
"Salgo sobre las 7:30 de la mañana a luchar un transporte para llegar al trabajo. Son unos 20 kilómetros hasta la oficina, pero para llegar demoro casi dos horas y todos los días no puedo pagar motorinas, cuyo pasaje por tramos está entre 600 y 700 pesos. Salgo a las 5:00 de la tarde a buscar la comida casi diaria ante la imposibilidad de mantener algo de manera segura en el refrigerador en medio de los apagones que tenemos. Luego sigo a buscar los plásticos y dedico otras dos horas a venderlos. Cuando llego a casa solo quiero sentarme a mirar el Facebook si la conexión acompaña", relata.
René: trabajar por cuenta propia tampoco elimina las carencias
René es cuentapropista. Sus ingresos dependen enteramente del negocio, pero mantenerlo abierto exige mucho más que atender a los clientes.
"Llevo una cafetería vendiendo unas pocas cosas: pan con queso, pan con hamburguesa o salchichas, con guayaba, refrescos y cervezas de vez en cuando y nada más. No tengo un mercado mayorista adonde ir. Me despierto temprano cada día en busca de provisiones, muchas veces en las propias mipymes del barrio y alguna que otra vez en puntos donde salen mínimamente más baratas las cosas, ya sabes, por detrás", explica.
La búsqueda de productos y los desplazamientos para abastecer su cafetería están sujetos a las mismas dificultades que afrontan los hogares: escasez, precios elevados e interrupciones eléctricas.
En septiembre, la carne de cerdo registró un aumento mensual del 10,69% en el índice oficial de precios; las salchichas y los perros calientes subieron un 11,72%, y los refrescos en polvo, un 17,73%. Son variaciones de productos seleccionados dentro del mercado medido por la estadística oficial, no una relación completa de los precios que encuentran los consumidores.
Esas cifras tampoco reflejan el esfuerzo de localizar un producto, desplazarse hasta donde se vende o volver a buscarlo si no está disponible.
"Yo he tenido que ir subiendo precios porque van subiendo también para mí. Otras cosas he dejado de hacerlas, como las pizzas, porque no se puede encender un horno eléctrico. Hasta el pan con queso que se vendía mucho se ha dejado de vender porque ya no puedo tostar el pan y derretir el queso. El que me suministraba torticas de Morón y pastelitos de guayaba dejó de hacerlas por el mismo problema", añade.
René se queja de que "no encaja la lista con el billete". Dedica al negocio muchas más horas de las que pasa en la cafetería y apenas logra subsistir.
"Me he planteado colgar los guantes como en el boxeo, pero esto es lo único que tengo para alimentar a la familia".
Denia: cuidar con 1.548 pesos
La jornada de Denia está marcada por el cuidado de su madre. Los 1.548 pesos mensuales que esta recibe de la asistencia social no evitan que conseguir alimentos y medicamentos sea una preocupación constante.
La asistencia social cubana contempla prestaciones para personas y núcleos familiares sin ingresos suficientes para cubrir gastos básicos. La normativa establece que la protección debe valorar la situación económica y la composición del hogar. Sin embargo, recibir una prestación no garantiza el acceso a los bienes y servicios necesarios.
La encuesta de DIARIO DE CUBA muestra la dimensión de esas dificultades. Entre los participantes que dijeron que ellos o algún miembro de su hogar había necesitado medicamentos durante los 30 días anteriores, el 58,2% declaró mucha dificultad o imposibilidad para conseguirlos: 795 de los 1.366 participantes que respondieron a esa pregunta.
Para quienes cuidan, esa búsqueda se suma a la compra de alimentos, las consultas médicas y la atención diaria de la persona dependiente.
"Acabo de dejar mi trabajo, la única entrada económica que tenía, para poder cuidar a mi madre. En los últimos meses se complicó con una trombosis venosa profunda y hoy está encamada. Mi hija mayor, que vive en España, me prometió ayuda, pero es sobrecargarla a ella, que acaba de establecerse allí", relata.
"Duermo con mi mamá, la aseo, le preparo sus alimentos batidos, le doy sus medicamentos y los salgo a zapatear cuando se le acaban. La enoxaparina sódica para tratar la trombosis venosa profunda está a nivel hospitalario y las pastillas para la hipertensión las he tenido que comprar en el mercado negro a precios de oro. Mi vida ha dado un giro de 180 grados. A la lucha diaria de la subsistencia se ha añadido esta situación", lamenta.
Un estudio de Cubadata, titulado "Explorando futuros posibles para la democratización en Cuba", mostró que el 60,6% de los 10.248 encuestados tenía en su hogar al menos una persona necesitada de cuidado continuo. Más de dos tercios convivían con al menos un adulto mayor de 65 años.
La investigación también identificó una carga desproporcionada sobre las mujeres. Por responsabilidades de cuidado, el 29% había rechazado ofertas de trabajo, frente al 19,6% de los hombres; el 16,7% había dejado de buscar empleo, frente al 9,6%; y el 29,3% había abandonado su trabajo, frente al 19,2%.
Para la abogada especializada en políticas sociales y familia Maylin Fernández Suris, la falta de alternativas estatales para compatibilizar el empleo con el cuidado de adultos mayores obliga a las familias, especialmente a las mujeres, a sacrificar su vida personal y profesional o afrontar la presión social por no asumir esa responsabilidad.
La sobrecarga y la escasez de recursos relegan la atención médica, el descanso y el ocio, con riesgos para la salud física y mental, advierte. Sin apoyo suficiente, quienes cuidan pueden terminar necesitando cuidados.
El apagón organiza el horario
La electricidad condiciona la vida de los tres hogares. En la cuarta encuesta de DIARIO DE CUBA, el 89,2% de los consultados afirmó que había sufrido apagones todos los días en su zona de residencia durante el mes anterior al sondeo.
Los reportes de la Unión Eléctrica (UNE) en octubre muestran un sistema incapaz de cubrir buena parte de la demanda en el horario pico. En distintas jornadas del mes, la UNE reconoció afectaciones por déficit de capacidad durante las 24 horas a escala nacional, aunque eso no significa que todos los hogares permanecieran sin servicio durante todo el día.
Los apagones obligan a reorganizar la preparación y conservación de los alimentos, el descanso y las comunicaciones. Conseguir un producto no resuelve la necesidad si después no se puede refrigerar o cocinar.
Marta, que reside en Alamar, describe sus "alumbrones": "Hay una semana que solo tenemos entre dos y cuatro horas de luz al día. Imagínate, 20 horas seguidas sin electricidad. No sé cuántas veces he tenido que tirar comida descompuesta. Llegar a casa a oscuras es lo más amargo, sobre todo si no pude dejar nada preparado de comer antes de irme".
Para el cuentapropista René, los apagones son un rompecabezas. Además de reducir sus ofertas, tiene que buscar provisiones casi a diario para no arriesgarse a perder la comida. "Eso suma horas extra de trabajo a una jornada, o cierras", indica.
Denia sufre por ella y por su madre, a quien abanica para espantar los mosquitos y aliviar el calor.
"Vivo corriendo para preparar comidas diarias porque no puedo hacer mucha cantidad, todo se echa a perder. Hay veces que no puedo usar la batidora y entonces el pedacito de carne lo dejo fuera porque se me atraganta. Con el tenedor apachurro las viandas, pero el trozo de pollo no es igual".
Una vecina con planta eléctrica la ayuda en días puntuales a calentar alimentos, cargar el teléfono o guardar un poco de carne en el congelador.
"El agua es otra historia, hay semanas que está días sin entrar. Tengo que lavar diariamente las ropas y sábanas que usa mi mamá (…). Si cuando hay agua no hay electricidad, hay que lavar a mano".
Una segunda jornada que no aparece en la nómina
El 42,3% de quienes participaron en la cuarta encuesta de DIARIO DE CUBA señaló que había dedicado tiempo a resolver necesidades básicas durante la semana anterior, por encima de quienes declararon haber realizado un trabajo remunerado estable (32,6%), o uno informal u ocasional (22,7%). Las categorías no son excluyentes: una persona puede trabajar y dedicar buena parte del tiempo restante a conseguir lo indispensable.
El agotamiento también aparece en los resultados. El 66% de los participantes puntuó entre ocho y diez, en una escala de cero a diez, el desgaste físico y mental experimentado durante las dos semanas anteriores, por tener que resolver problemas cotidianos. Un 53,7% eligió la puntuación máxima.
La presión alcanza la alimentación: el 68,2% dijo que su hogar había reducido o saltado comidas al menos algunas veces durante los 30 días previos. Para el 19,8%, había ocurrido muchas veces o todos los días.
Marta, René y Denia afrontan situaciones diferentes, pero sus jornadas plantean la misma pregunta: cuánto tiempo queda para descansar, atender la salud, compartir con la familia o planificar el futuro cuando conseguir lo básico se convierte en una ocupación diaria.
"¿Pensar en el futuro? Sí, en el mañana que mi madre cierre los ojos y pueda irme con mis hijas de aquí. Cada día doy gracias a Dios porque ellas hayan escapado a este infierno", concluye Denia.