Sabemos ya que la "revolución cubana" paga posiblemente el salario mínimo más bajo del mundo, de 3,84 dólares (3.210 pesos) el 25 de octubre de 2026 con el dólar a 835 pesos; que el salario promedio es de 7.354 pesos (8,83 dólares), y que solo la canasta básica de alimentos cuesta 70.720 pesos por persona, equivalente a 22 salarios mínimos, y casi diez sueldos promedio.
También por encuestas realizadas en la Isla por DIARIO DE CUBA, conocemos que cuatro de cada cinco cubanos (el 80%) entrevistados se salta comidas, porque, o no consigue alimentos, o no los puede comprar por sus precios exorbitantes.
Así cae por gravedad la pregunta de cómo se las arreglan los cubanos en la Isla para sobrevivir, qué actos de prestidigitación realizan para no morir de inanición, o no sufrir de desnutrición crónica fatal.
La diáspora, "la lucha", "resolviendo"
Y por gravedad también surgen tres respuestas directamente del instinto de conservación que traen de fábrica los seres humanos: 1) ayuda monetaria y en productos desde el extranjero; 2) trabajar luego de la jornada laboral normal en otras actividades.
La tercera respuesta es "la lucha", "el invento", "guapear", "resolver", "el bisne", "el aguaje" y otros fidelismos creados por el "hombre nuevo". Las encuestas citadas arriba revelan que el 86% de los encuestados compra, y a la vez vende en el mercado informal. O sea, casi nueve habitantes de cada diez viven sumergidos en la clandestinidad, un universo informal donde vale todo, incluido el robo de alimentos, precios exorbitantes que cubren costo y ganancia del vendedor y una prima extra por encima por el riesgo de ir a prisión si el producto fue robado.
De las remesas la CEPAL estima que entre el 36% y 37% de los cubanos reciben divisas mensualmente del extranjero, y otro 30% se beneficia indirectamente con el envío desde el extranjero de alimentos, medicinas y productos de aseo.
Es como si en Miami una libra de carne costase 1.797 dólares
Pero si bien quienes no tienen familiares en el extranjero pasan más hambre y necesidades, tampoco las remesas y los paquetes cubren todas las necesidades.
Con la devastadora inflación, las divisas recibidas no alcanzan para disponer de una dieta bien balanceada en nutrientes básicos. Tampoco la agricultura produce lo suficiente, y no hay divisas para importar alimentos.
O sea, con dólares o sin ellos los cubanos hoy apenas ingieren proteína animal básica como carne de res, de cerdo, pollo y leche. Una libra de carne bovina cuesta 1.800 pesos, el 56% de un salario mínimo. Y una de carne de puerco 1.500 pesos. Es como si hoy en Miami una libra de carne de res en el supermarket costase 1.797 dólares.
En 1958, en la Cuba "no liberada del capitalismo" una libra de carne de res "de primera" costaba entre 35 y 45 centavos, dependiendo del corte; y una libra de "carne de segunda" entre 23 y 30 centavos. Y el salario mínimo era de 85 pesos-dólares.
Recientemente DIARIO DE CUBA hizo un recorrido por mercados habaneros y vio la botella de aceite de 900 milímetros (menos de un litro) en 2.700 pesos, el 84% de un salario mínimo completo.
Un kilogramo de arroz cuesta 840 pesos; una latica de spam, 1.100 pesos; un solo huevo 135 pesos. Una bolsa de leche en polvo de 2,2 libras cuesta 4.500 pesos, el 140% de todo un salario mínimo.
Así, la dieta promedio actual de la familia cubana se reduce básicamente a arroz, frijoles y viandas. O sea, se basa en carbohidratos, y en cantidades mínimas.
En 1958 el consumo mensual de arroz fue de 10,2 libras por persona, según el antiguo Ministerio de Agricultura de Cuba. Cada libra costaba 16 centavos de dólar. Es decir, con 1,63 mensuales un cubano comía arroz todos los días ¿Qué viva la revolución?
Hoy, al no cubrir los salarios el costo de una dieta mínima emerge la necesidad de realizar trabajos privados después de la jornada laboral normal, como plomeros, carpinteros, choferes, artesanos, limpiando viviendas, guardajurados, o en lo que sea.
La "revolución" borró la línea divisoria entre lo legal e ilegal
Y así llegamos a la milimétrica línea fronteriza entre lo legal y lo ilegal. Porque a muy pocos cubanos de a pie a estas alturas les importa si lo que hacen para sobrevivir es legal, o no. La "revolución" se ha ido comiendo los valores de "antes". Cada vez más personas no saben diferenciar entre lo decente y lo indecente.
Claro, sí saben diferenciar entre el robo para sobrevivir y el robo a mano armada de delincuentes y criminales que descuartizan a cualquiera para llevarle el teléfono móvil. O asaltan viviendas y matan familias completas.
Sin admitirlo, por aquello del qué dirán, hay un consenso sordo entre los cubanos de que el robo de productos agropecuarios, de aseo, medicamentos, y otros, es un legítimo acto de defensa propia.
Veámoslo filosóficamente. El sistema castrista-comunista constituye una negación de la razón y la naturaleza humana. Esa negación, a su vez, genera su contrario, que es la negación que niega la negación, o sea, la "negación de la negación", como la llamó Hegel hace más de 200 años, y que debe solucionar la contradicción surgida. En Cuba hoy esta negación de la negación incluye el robo para sobrevivir. La sociedad lo considera cosa de vida o muerte.
Es una aberración hija legítima de la "revolución", pues ese mercado paralelo en buena medida se abastece con el robo en granjas del Estado, fincas privadas de campesinos, y de usufructuarios de tierras; en almacenes, puertos y aeropuertos, camiones que transportan productos agrícolas y pecuarios, etc.
Ello expresa la necesidad del comercio mayorista privado que el comunismo suprimió. Esos robos cubren un gran porcentaje de lo que la "revolución" es incapaz de abastecer directamente al pueblo.
Hace algún tiempo, en Ciego de Ávila la ciudadanía, en vez de aplaudir, se lamentó de que agentes policiales confiscaron tres camiones con 66.139 libras de platanitos robados de una granja estatal que iban para el mercado negro; es decir, para la población.
Porque los avileños se quedaron sin comer esos platanitos. El grueso de esa carga de frutas decomisada fue entregada a restaurantes y hoteles de GAESA. Otra parte fue a la casta oligárquica dictatorial, y el resto se lo cogieron los agentes confiscadores para su consumo y para venderlos a "gente de confianza" (que no los delatasen).
Desde Holguín la prensa independiente reportó no hace mucho que un campesino dijo alarmado: "Se están acabando los puercos, no da negocio criarlos porque no hay comida. Y, como no hay puercos, se roban más reses".
Con divisas, trabajando horas extra y robando, sigue el hambre
En efecto, en Camagüey hay noches en las que se roban entre 30 y 120 cabezas de ganado vacuno. En La Villas en 2022 se reportó oficialmente el robo y sacrificio "ilegal" de 12.243 cabezas de ganado vacuno. Y en 2023 el Ministerio de Agricultura reveló que a nivel nacional fueron robadas 82.000 reses. El régimen desde entonces no ha publicado más cifras al respecto ¿Por qué será?
El punto aquí es que sin robo de ganado bovino casi nadie en Cuba comería esa carne tan altamente proteica. Y quizás no pocos cubanos habrían muerto.
Y a la izquierda "amiga de Cuba" (de la tiranía) tipo Lula, Sheinbaum o Alexandria Ocasio-Cortez, yo le preguntaría si pueden imaginarse que hoy en Costa Rica, país que en 1958 tenía un nivel de vida similar al de Cuba, los campos son patrullados por paramilitares con armas largas reclutados por el Gobierno para evitar que la gente hambrienta robe en los campos.
Por lo demás, todos en la Isla saben que quienes más alimentos roban en Cuba son los vividores de la casta gobernante. ¿De dónde salen los almuerzos y cenas cotidianas y sus festines pantagruélicos?
Lo más triste es que con divisas o sin divisas, trabajando luego de la jornada laboral normal, o el robo en los campos, la inmensa mayoría del pueblo cubano sigue pasando hambre. No puede hacer dos comidas al día, y a veces ninguna. Millones de personas se desnutren y ya abundan los que han perdido entre el 15% y el 20% de su peso corporal. ¡Gracias Fidel! ¡Gracias Raúl!
En Cuba, el sistema de gobierno compromete moralmente a los ciudadanos al difuminar la frontera entre la legalidad y la supervivencia cotidiana. El totalitarismo genera incentivos para el oportunismo: una vez que un ciudadano se beneficia de prácticas informales, como sustraer bienes del Estado, puede percibir la protesta contra el sistema como una amenaza a sus propios intereses. Protestar implica entonces asumir el riesgo de perder ciertos beneficios o privilegios que dependen de su relación, directa o indirecta, con el sistema. De esta manera, el oportunismo puede convertirse en un factor que desincentiva la protesta y contribuye a la reproducción del orden que la genera.
¿hasta qué punto un sistema totalitario consigue debilitar la protesta no solo mediante la represión, sino también creando incentivos materiales que hacen que los ciudadanos teman perder lo poco que han conseguido?