Justino vende parte de su ropa para comprar comida para él y su hija. A sus 76 años, camina desde su casa con una bolsa llena de pantalones y camisas hasta el puente Sánchez Figueras, en Matanzas, donde expone su mercancía durante cuatro o cinco horas.
"Esto es para darle comida a mi hija. Ella tiene problemas de los nervios y lo que gana son menos de 2.000 pesos", explica el septuagenario. "Vivimos con ayuda de la gente. Los vecinos a veces me dan almuerzo o me regalan 1.000 pesos. Con eso hoy compré malanga y hamburguesas. Ya se fue el dinero".
Justino no vende todos los días. "Vino la Policía a botarme de aquí. Les dije que no, que si me daban para almorzar y comer, entonces yo me iba". Por lo general, al mediodía recoge la ropa y regresa a su casa con lo que haya conseguido.
Según el Anuario Estadístico de 2025 de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), en Cuba hay 3.888.725 personas mayores de 60 años, más del 20% de la población. Esta cifra convierte al país en uno de los más envejecidos del continente. El aumento de la pensión mínima para los adultos mayores de ese grupo de edad se ha diluido con la inflación: los 4.000 pesos equivalen a alrededor de cinco dólares al cambio en el mercado informal, mientras el costo de la vida ha subido significativamente.
Aurelio tiene 82 años. "Vengo aquí todos los días con un pomito de yogur en el estómago, y a veces ni eso". Su puesto está en los escalones de la entrada de una tienda estatal en desuso, en la calle 2 de Mayo. Allí vende pegamento líquido, cepillos de dientes, maquinillas de afeitar y ropa suya y artículos que recibe en consignación.
"Si me dejaran irme a otro país y morirme debajo de un puente, comiendo enlatados y comida sellada, me voy y no hay quien me vea más", dice después de contar que pasó más de 40 horas sin electricidad.
La segunda encuesta de DIARIO DE CUBA, titulada "Condiciones de vida, servicios, seguridad y ajuste cotidiano" y realizada por Cubadata entre el 23 de febrero y el 13 de marzo de 2026, arrojó que los cubanos de 60 años y más enfrentan una vulnerabilidad aguda.
El 39% de los mayores de 60 años consultados reportó actividad independiente siempre o con frecuencia para conseguir sustento. El 49,9% entre los mayores dijo haber dejado de comer un día entero.
Datos de la encuesta "Vivir jubilado en Cuba", realizada en octubre de 2025 por la Asociación Sindical Independiente de Cuba (ASIC) a 506 adultos mayores de más de cinco provincias de la Isla, indican que "la mayoría de los jubilados vive por debajo del umbral de subsistencia, dependiendo de remesas o ayuda familiar para sobrevivir".
Muchos ancianos no tienen familiares en el exterior que los ayuden y deben arreglárselas con sus propios ingresos, como Justino. Él optó por ganar dinero vendiendo su ropa, pero eso no le garantiza un plato de comida en la mesa y, además, la ropa se acaba. "Ahora tengo que comprar un aguacate y ya gasté lo que me quedaba. Si vendo algo, entonces es que lo puedo comprar. Un aguacate cuesta 200 pesos".
Al otro lado del puente Sánchez Figueras, otro hombre ha extendido una alfombra en el suelo y exhibe encima sus productos. Tiene trozos de tuberías de bronce, otras piezas de plomería y el motor de una lavadora. Dice que los inspectores no le hacen nada, pero tampoco vende todos los días. La mayoría de los artículos que ofrece cuestan menos de 500 pesos.
Aurelio, que trabaja en la misma calle, vive solo con su hija en Versalles y sale a vender todos los días. Tiene una enguatada colgada de un perchero. "Cuando haga un poquito de frío, vendo la que tengo en mi casa y esta, de lo contrario estoy mal. Yo le tiro a todas las bolas. Todo lo revendo para poder comer el diario", dice.
La encuesta de ASIC refleja la precariedad en que viven los jubilados: el 99% de quienes respondieron afirmó que la pensión mensual que recibe es insuficiente para tener una vida digna. Como consecuencia, el 97,8% se ha visto obligado a buscar nuevas fuentes de ingresos. Mientras tanto, casi el 97% asegura que los hospitales y los hogares de ancianos no ofrecen condiciones adecuadas.
El sistema que durante más de 60 años se ha apoyado en la propaganda de un modelo social justo y sostenible ha dejado sin garantías para vivir a las mismas generaciones que lo impulsaron. Ancianos ocupan los portales de las ciudades cubanas para vender lo que encuentran: cigarros, tuberías, espejuelos, ropa y otras pertenencias de las que deben desprenderse.
A este ritmo, el régimen le dará un arco y flecha a cada jubilado, para que vayan a cazar algún animal para comer. El nivel de vida de los cubanos desciende día a día, y por lo visto, no hay piso.