En medio de las tensiones entre Washington y La Habana, y con la sombra de una aventura militar en el aire, el medio estadounidense The Atlantic reveló este lunes que las conversaciones entre la Administración Trump y las autoridades del régimen cubano se habrían estancado luego de que EEUU "exigiera la renuncia" del gobernante Miguel Díaz-Canel, una línea que el castrismo no está dispuesto a cruzar. "El resultado es un punto muerto", indicó la revista.
El texto, bajo el titular "Esperando a Marco", se refirió a las frustraciones de la élite cubanoamericana de Miami respecto a las acciones de Washington para forzar una transición a la democracia en la Isla. "Hace nueve meses, el cambio de régimen en Cuba parecía inminente. Luego, la realidad se impuso", resumió The Atlantic.
"Los exiliados de Miami han seguido con cautela las negociaciones de EEUU con el nieto de Raúl Castro, también llamado Raúl", sostuvo y agregó que "incluso aquellos en Miami que han dedicado sus días a intentar contactar con Rubio han tenido que admitir que el secretario de Estado no parece tener un plan B secreto".
"No creo que tenga la autoridad para tomar la decisión final", dijo la activista cubana Rosa María Payá al citado medio, refiriéndose a Marco Rubio.
"Otros en Miami han instado al secretario a priorizar a los aproximadamente 1.300 presos políticos que aún permanecen encarcelados en Cuba", indicó la revista y remarcó que "algunos tienen ideas sobre cómo liberalizar la economía, quién debería gobernar el país o cómo reconstruir la red eléctrica".
En cuanto a las implicaciones del secretario de Estado en dichas intenciones, The Atlantic apuntó: "Lo han invitado a conferencias, cócteles y eventos para recaudar fondos, pero rara vez ha asistido. Se han visto obligados a descifrar la versión pública de Rubio sobre los planes de EEUU para Cuba".
Así, "las enormes expectativas de los cubanos del sur de Florida se han convertido en repetidas decepciones", dijo y destacó que "la posibilidad de un ataque al estilo venezolano en La Habana se ha disipado, mientras el ejército sigue inmerso en el conflicto con Irán".
En este contexto, "el tono de Rubio hacia Cuba, por su parte, se ha suavizado, lo que genera preocupación entre los cubanos, quienes temen ser defraudados una vez más", agregó la revista.
Asimismo, The Atlantic enfatizó que "junto con la decepción por la inacción del Gobierno de Trump, crece la sensación de inevitabilidad: que la situación en La Habana es insostenible, que el cambio de régimen es inevitable. Y, sobre todo, está la convicción de que el hombre de Miami en Washington (Marco Rubio) aún tiene una larga carrera por delante".
Así, Rubio afirmó la semana pasada que la preferencia de Trump es resolver estos conflictos por la vía diplomática y alcanzar un acuerdo que conduzca a "un cambio positivo irreversible". Eso exige libertades económicas y políticas, añadió: "No se puede tener libertad económica en Cuba si primero no hay libertad política. Ambas tienen que darse, al menos, al mismo tiempo. Eso requerirá un período de transición".
Al hilo de lo anterior, cubanos exiliados se concentraron la semana pasada en Pershing Park, a una manzana de la Casa Blanca, para reclamar a la Administración Trump que convierta su política de presión sobre La Habana en acciones concretas.
Si bien los manifestantes expresaron respaldo a Trump y Rubio, reclamaron mayor rapidez y determinación para impulsar un cambio político en la Isla.
Mientras, desde La Habana, el vicecanciller del régimen, Carlos Fernández de Cossío, reiteró el sábado la renuencia del castrismo a discutir asuntos políticos internos con el Gobierno de EEUU y aseguró que a La Habana no le interesa practicar la injerencia en ese país, en una entrevista con el medio mexicano Milenio.
Al propio tiempo, el viceprimer ministro y titular de Comercio Exterior e Inversión Extranjera de Cuba, Óscar Pérez-Oliva Fraga, negó la semana pasada los rumores de que estaría siendo preparado para hacerse cargo de la Presidencia de la Isla en sustitución de Díaz-Canel.