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Sociedad

De Las Tunas a la NASA: las becas que abren caminos a líderes cubanoamericanos

La historia de Celín Hidalgo ilustra el impacto de una organización cubanoamericana que ha destinado más de 300.000 dólares a becas y busca recaudar otros 200.000 en su gala anual.

Madrid
Adam San Miguel (d) entrega la beca Pinos Nuevos 2025 a estudiantes.
Adam San Miguel (d) entrega la beca Pinos Nuevos 2025 a estudiantes. Cortesía/CAALE

Cuando Celín Hidalgo comenzó su pasantía en la NASA después de obtener doble titulación, en Astrofísica e Historia del Arte, llevaba consigo mucho más que una preparación académica. La joven, nacida y criada en Las Tunas, había llegado a Estados Unidos tras una experiencia migratoria marcada por la incertidumbre, el desarraigo y la falta de una red familiar que le ayudara a entender un sistema educativo desconocido.

"No pensé que encontraría un lugar tan parecido, tan lejos de la isla, que me recordara a Cuba", cuenta a DIARIO DE CUBA sobre su llegada a la Cuban American Alliance for Leadership and Education (CAALE), una organización que combina becas universitarias, mentorías, formación profesional y actividades de conexión con la historia y la identidad cubanas.

Para Hidalgo, CAALE fue un espacio de orientación práctica en un momento decisivo. Era la primera persona de su familia que enfrentaba el proceso de solicitar admisión universitaria, buscar ayuda financiera y descifrar las reglas de una educación superior estadounidense. Los talleres de oratoria, elaboración de currículums y liderazgo, junto a los contactos profesionales y los viajes formativos, le ofrecieron herramientas que, dice, influyeron directamente en su vida académica y laboral.

"CAALE es una familia", resume. "Es un puente entre Las Tunas y las oportunidades del mañana".

Su historia será una de las que estarán presentes el próximo 1 de octubre en Jersey City, durante la gala anual de becas de CAALE, en la que la organización pretende reunir fondos para sostener y ampliar un programa pensado para preparar a jóvenes cubanoamericanos ante los desafíos de sus comunidades actuales y, eventualmente, ante una futura reconstrucción de Cuba.

Una beca, pero también una red

CAALE fue fundada en 2013 bajo el nombre Hijos del Exilio y adoptó su actual denominación en 2016. Desde Nueva Jersey, la organización ha construido una red que alcanza a jóvenes de Florida, Texas, California, Georgia, Kentucky y otros estados de EEUU.

Su propuesta parte de una realidad frecuente entre hijos de exiliados, inmigrantes recién llegados o jóvenes cubanoamericanos de primera generación: las becas alivian parte de la carga económica, pero no resuelven por sí solas la falta de orientación, referentes y vínculos profesionales.

El Programa de Desarrollo de Liderazgo de CAALE intenta llenar ese vacío con mentorías, talleres de expresión oral, orientación para preparar currículums, prácticas profesionales, formación sobre liderazgo y oportunidades de networking. También incluye viajes de impacto a ciudades como Miami y Washington, donde los participantes conocen a profesionales, líderes comunitarios y espacios de decisión política.

Adam San Miguel, fundador de CAALE, cuenta a DIARIO DE CUBA que el proyecto ha invertido hasta la fecha más de 300.000 dólares en becas universitarias y más de 150.000 dólares en viajes de impacto. "La mayor inversión siempre ha sido en las personas", dice San Miguel. 

La organización sostiene que su objetivo no es únicamente ayudar a jóvenes a culminar una carrera universitaria, sino formar un relevo capaz de actuar en ámbitos como el emprendimiento, la educación, la medicina, la ingeniería, el derecho, las artes, el servicio público y el trabajo comunitario.

Del desarraigo a la preparación

El testimonio de Celín Hidalgo refleja una de las dimensiones menos visibles de la adaptación migratoria: la distancia entre recibir una ayuda básica y encontrar una comunidad capaz de acompañar decisiones de largo alcance.

Al llegar a EEUU sin familiares, ella y su familia recibieron apoyo del Comité Internacional de Rescate, que les proporcionó artículos de primera necesidad. Pero, según relata, buena parte de la ayuda institucional que encontró resultaba impersonal y burocrática.

A eso se sumaron la barrera del idioma, la desconexión cultural y la dificultad de dejar atrás a familiares y amigos. CAALE, afirma, le permitió recuperar seguridad en su acento y en su historia, mientras consolidaba habilidades para acceder al mundo profesional.

Los viajes del programa a Miami fueron particularmente significativos. Allí conversó con cubanoamericanos que habían atravesado experiencias migratorias similares y que habían conseguido abrirse camino en distintos sectores. "Escuchar a otra persona contar una historia similar a la mía, acompañada de años de éxitos, tuvo un impacto profundo en mí", asegura.

La experiencia también la llevó a mirar de otra manera el lugar de los jóvenes cubanos fuera de la Isla. "Vi a mis compañeros aceptar empleos en el Capitolio, prestigiosas empresas de ingeniería y bufetes de abogados", recuerda. Para Hidalgo, esos resultados son parte de una generación que puede conservar su vínculo con Cuba sin limitar sus aspiraciones profesionales en Estados Unidos.

Una segunda historia de exilio

Karla Samoano, abogada especializada en bienes raíces en CSG Law, actualmente directora de programas de CAALE, conoció desde niña el costo político y familiar de la emigración. Nació en Pinar del Río y tenía dos años cuando su madre salió ilegalmente de Cuba hacia Estados Unidos, con la aspiración de reunir a la familia.

Su padre intentó abandonar el país en siete ocasiones. Según su testimonio, aquellas tentativas colocaron a la familia bajo vigilancia de las autoridades cubanas y terminaron con el encarcelamiento de él. Samoano creció sin sus padres hasta que, 13 años después, logró reunirse con su madre en EEUU.

"Llegué a un país desconocido con nada más que una maleta llena de sueños y esperanzas", relata.

En su caso, CAALE le ofreció una estructura de apoyo que su familia no estaba en condiciones de proporcionarle. Los talleres de oratoria le ayudaron a expresarse con más seguridad y los viajes de impacto le permitieron descubrir oportunidades profesionales y establecer vínculos con líderes comunitarios.

La joven define la organización como "mi pequeño pedazo de Cuba al otro lado del río Hudson". La frase resume el doble papel que busca desempeñar CAALE: facilitar oportunidades de educación y empleo, pero también crear pertenencia para jóvenes cuyo vínculo con la Isla está atravesado por la separación familiar, el exilio y la memoria política.

La gala y la meta de 200.000 dólares

La recaudación de fondos será clave para sostener ese modelo. CAALE celebrará su Gala Anual de Becas el jueves 1 de octubre, a las 6:00 de la tarde, hora local, en Hudson House, en Jersey City, Nueva Jersey, de acuerdo con la página de la alianza.

La actividad reunirá a estudiantes del Programa de Desarrollo de Liderazgo, donantes, profesionales y miembros de la comunidad cubanoamericana. El programa incluye una hora de cóctel, cena, entretenimiento y la presentación de los beneficiarios de la Beca Pinos Nuevos, uno de los apoyos educativos centrales de la organización.

La gala tiene una meta de 200.000 dólares. Hasta el momento, la organización reporta 41.900 dólares recaudados, por lo que todavía necesita reunir 158.100 dólares para alcanzar el objetivo.

La venta de entradas cierra el 24 de septiembre y no habrá tickets disponibles en la puerta, según informó CAALE. El evento tendrá lugar en Hudson House, en el 2 Chapel Avenue, Jersey City.

Más allá de la cena y el componente cultural, la noche funciona como una fuente decisiva de recursos para becas, programas de liderazgo y experiencias formativas. La organización ha entregado en años anteriores la Beca Pinos Nuevos, dotada de 10.000 dólares, además de seleccionar anualmente a decenas de estudiantes para su programa de desarrollo.

La gala también incluirá la entrega del Premio Martí de CAALE al opositor José Daniel Ferrer, "por su trayectoria de participación cívica y defensa de los derechos humanos, y por el papel que ha desempeñado en la promoción de la libertad, la democracia y un futuro diferente para Cuba".

Preparar un relevo para Cuba

Adam San Miguel vincula la labor de CAALE con una preocupación de mayor alcance: la necesidad de que el exilio y la diáspora cubana formen profesionales preparados para involucrarse en el futuro del país, sin esperar pasivamente un cambio político en la Isla.

"Puede ser difícil mirar la realidad de Cuba hoy e imaginar lo que vendrá", dice. "Pero cuando miro a los estudiantes de este programa, veo por qué debemos hacerlo".

La idea parte de una certeza: el eventual tránsito hacia una Cuba democrática requerirá mucho más que voluntad política. Necesitará profesionales con experiencia, formación técnica, redes de colaboración y conocimiento de las instituciones, capaces de crear empresas, impulsar servicios públicos, reforzar la sociedad civil y recuperar espacios deteriorados por décadas de control estatal.

"Algún día, Cuba necesitará líderes en todos los campos: emprendedores, educadores, médicos, ingenieros, abogados, artistas, servidores públicos y constructores de comunidades", sostiene San Miguel.

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