Las dictaduras no solo se mantienen gracias a su brutalidad, sino también gracias a quienes las apoyan externamente. El castrismo, la más longeva del hemisferio, aún hoy cuenta con simpatizantes y amigos en los cuatro puntos cardinales; América del Norte incluida. Algunos están dentro de organizaciones religiosas que han girado hacia el "progresismo".
En ellas anida una "empatía tóxica" de individuos o instituciones que utilizan la compasión para manipular a las personas, que justifican mentiras o apoyan políticas destructivas como las de La Habana. Reclaman empatía para el castrismo hoy, quizá porque "esta colapsando", como dijo Christopher Landau en la reciente Asamblea General de la Organización de Estados Americanos.
Este fenómeno ocurre al interior de la United Church of Canada (UCC), el World Council of Churches (WCC) y la Evangelical Lutheran Church in America (ELCA).
Convocan manifestaciones frente a sedes diplomáticas estadounidenses, viajes a Cuba en "brigadas solidarias" para llevar a canadienses a conocer el pedazo de isla que al régimen le interesa, hacen lobby en sindicatos y alianzas de la sociedad civil para direccionar la política exterior de sus países a conveniencia del castrismo, y empujan en la prensa internacional la narrativa de La Habana.
En contraste, un 92% de evangélicos cubanos están afiliados a iglesias evangélicas no conectadas con entidades paraestatales como el Consejo de Iglesias de Cuba, al cual sí se han conectado la UCC, el VCC, la ELCA y otras.
Propagando las palabras de La Habana
Esa admiración tiene en la United Church of Canada (UCC) un aliado clave, que actúa en favor de La Habana en distintas maneras en la esfera pública canadiense.
En marzo de 2026, la UCC afirmó en un artículo del Toronto Star que la Isla enfrenta la peor crisis de su historia. Eso es cierto. La generación de electricidad, los hospitales, los servicios de salud, el saneamiento, el transporte público, la distribución de alimentos y el acceso a agua potable están paralizados, y los apagones son más habituales que las horas de electricidad.
Lo que obvió decir Christie Neufeldt, coordinador de Global Partnerships de la UCC y miembro del Americas Policy Group, es que la crisis es previa a la Administración Trump, y que antes del fin de los envíos de combustible de Venezuela a medio precio, la familia Castro vendía en el mercado negro la mayor parte de ese petróleo y se embolsaba el dinero, según una investigación de The Miami Herald.
Neufeldt pasó directo a reclamar el fin del "bloqueo" (embargo) estadounidense sobre Cuba, al que achacó las duras condiciones en el terreno para mujeres, niños y ancianos; sin embargo eludió mencionar a los más de mil presos políticos en las cárceles castristas.
La selección y el modo de enmarcar la conversación sobre Cuba en una narrativa en la que la isla es David y el "imperialismo yanqui" es Goliath, ha sido una larga táctica propagandística inaugurada por Fidel Castro y que hasta hoy, mediante el discurso y acciones de la UCC, continúa generando frutos en el ámbito internacional.
El secretario general de la denominación canadiense, Michael Blair, visitó Cuba del 28 al 31 de marzo. Lo hizo como parte de una delegación ecuménica internacional liderada por Jerry Pillay, secretario general del World Council of Churches.
La visita fue criticada por el Instituto Patmos en un comunicado. Fundamentalmente, por ignorar la situación de persecución de iglesias y líderes religiosos independientes en Cuba; y reunirse solo con estructuras religiosas cercanas al Estado. Para el instituto, la delegación fue utilizada por La Habana para legitimar su narrativa internacional; y las declaraciones emitidas por Pillay sobre la libertad religiosa no reflejaron la realidad documentada por organizaciones independientes.
En un encuentro con Miguel Díaz-Canel, el dictador les pidió que "demuestren esta realidad; que cuenten esta realidad". Y eso ha hecho desde entonces más de una institución religiosa procastrista en América del Norte: propagar una narrativa acomodada al castrismo.
Movilización y lobby político
La UCC, para favorecer la defensa internacional del castrismo, moviliza coaliciones políticas canadienses de las que es parte. Ese es el caso de Common Frontiers, compuesta por "organizaciones laborales, medioambientales, confesionales y de justicia social", en aras de impedir un alineamiento de la política exterior canadiense con la de Washington en lo que a Cuba respecta.
En una recogida de firmas reciente la coalición buscaba "el compromiso de Canadá con una política exterior independiente respecto a Cuba que respete la autodeterminación".
Pedía a los potenciales signatarios sumarse para instar "a los funcionarios electos de Canadá a aumentar la ayuda humanitaria, oponerse al bloqueo petrolero de Estados Unidos y defender el compromiso de Canadá con la autodeterminación de Cuba". Igualmente, pedía al Gobierno de Mark Carney "adoptar una postura firme contra la agresión de Estados Unidos".
La coalición capta apoyo en sindicatos como la Canadian Union of Postal Workers y la United Steelworkers (con más de 850.000 afiliados en Canadá, Estados Unidos y el Caribe), para la recaudación de fondos y el envío de contenedores con productos al Estado cubano, lo que impide fiscalizar su entrega a la población.
La UCC llegó a coauspiciar una gira de Dora Arce, secretaria general de la Iglesia Presbiteriana Reformada de Cuba, con The Americas Policy Group (APG), una red nacional de organizaciones de la sociedad civil canadiense, que trabaja "con contrapartes en América Latina y el Caribe por los derechos humanos, la justicia social y la protección del medio ambiente".
En una conferencia en mayo, trataron temas como el impacto del "bloqueo" estadounidense en el servicio comunitario y la vida diaria. El evento llegó justo a tiempo para condenar la presión desde la Administración Trump que podría abrir un camino a la democracia en la Isla. No hubo condena, por ejemplo, en 2019, cuando comenzó la debacle económica y social conocida popularmente como "La Coyuntura", y tampoco tras los arrestos, torturas y asesinatos con los que el régimen respondió a las protestas anticastristas del 11 y el 12 de julio de 2021 en la Isla.
El espacio coorganizado por la UCC para Arce, defensora pública de políticas totalitarias como el Código de Familia, contó con apoyo de la procastrista Canada Cuba Solidarity Network. Esa entidad y otras similares son parte de la División América del Norte del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), considerado un nodo de la inteligencia internacional castrista.
Sus miembros han logrado cabildear en medios canadienses por el levantamiento de las sanciones estadounidenses, organizar viajes a la Isla, manifestaciones frente a sedes diplomáticas de Washington y auspiciar eventos con altos funcionarios castristas en Ottawa. En uno de ellos, Josefina Vidal, viceministra de Relaciones Exteriores de La Habana, dijo apreciar la labor de los activistas socialistas en Canadá.
En Estados Unidos, un aliado clave: Evangelical Lutheran Church in America (ELCA)
A través de su brazo encargado de "acabar con el hambre en el mundo" y de "políticas que generen oportunidades para superar la pobreza", la Evangelical Lutheran Church in America (ELCA), ha acogido en su espacio "Hora de Acción Virtual Interreligiosa" mensajes en favor del régimen de Cuba. Llamando a sus seguidores a influir mediante recogidas de firmas, cartas o llamadas a sus representantes y senadores.
En 2023 el sínodo Florida-Bahamas de la ELCA, firmó un memorando de entendimiento con la Iglesia Evangélica Luterana en Cuba (IEL), que incluye "viajes de inmersión" a la Isla.
Pero, ¿cómo se ubica la IEL actual? El siguiente es un ejemplo ilustrador. En 2010, el entonces obispo luterano Ramón Miguel Benito Ebanks rechazó la inclusión del régimen cubano en la lista de patrocinadores del terrorismo, mediante una carta publicada por la prensa oficial de la Isla en la que llamó a quienes apoyaban la inclusión "mercenarios al servicio de una potencia extranjera (…) para matar a sus propios hermanos", intoxicados por "una enfermedad crónica de la política del imperialismo contra Cuba Revolucionaria y Socialista".
En 2018 el obispo de la IEL, Ismael Laborde, contactó con la ELCA para explorar la posibilidad de colaborar. "Tras varios viajes de exploración y diversas conversaciones, el proceso culminó en diciembre de 2019", según la web sobre la Global Mission de la ELCA.
En los años siguientes no ha hecho sino aumentar esa conexión. El Consejo de Obispos de la ELCA colabora en esfuerzos de incidencia política, que incluyen pedir formalmente al Gobierno de Estados Unidos levantar el embargo y retirar a Cuba de la Lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo, a través de, por ejemplo, cartas a oficiales electos norteamericanos.
En junio de 2026 ELCA emitió una "alerta de acción y defensa", apuntando directamente a legislación que ayudaría "a aliviar la crisis económica en Cuba", y defendiendo la Ley de Libertad para Exportar a Cuba (H.R. 7521 y S. 136), del representante Jim McGovern y el senador Ron Wyden, cuyo fin es "derogar el embargo estadounidense y otras disposiciones que restringen el comercio y los viajes a Cuba".
Es irónico que, mientras ELCA aboga por aliviar la pobreza de los cubanos, establezca nexos directos de trabajo con el obispo luterano Ismael Laborde. Laborde es conocido por, en 2020, rechazar públicamente un contenedor de ayuda humanitaria enviada desde Miami hasta la terminal del Mariel por el exilio, para ser distribuido por iglesias en la Isla a los más vulnerables.
La ELCA mantiene relaciones de colaboración y acompañamiento con organizaciones cercanas al castrismo como el Seminario Teológico Evangélico de Matanzas y el Consejo de Iglesias de Cuba. Y en esos nexos ha sido un plato fuerte la voz de la ELCA como un proponente por el fin del embargo estadounidense desde la sociedad norteamericana.
Con tales fuerzas en su interior, Estados Unidos no necesita demasiados adversarios en el exterior. La empatía tóxica de una buena parte de quienes abogan por tiranías socialistas mientras disfrutan de las comodidades de una sociedad libres, son el caldo de cultivo perfecto para generar agentes de influencia que horadan la política exterior de la Casa Blanca.