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Represión

Cristianos en Cuba: el costo de alzar la voz contra la injusticia

Amenazas, vigilancia y silenciamiento. Para algunos cristianos cubanos, hablar no es solo un acto cívico: es una decisión de fe.

Miami
Kamil Zayas, uno de los integrantes de El4tico, en el lugar en el que realizan su trabajo.
Kamil Zayas, uno de los integrantes de El4tico, en el lugar en el que realizan su trabajo. El Estornudo

A David Espinosa le han seguido hombres desconocidos junto a su familia. Le han cortado el internet. Y le han advertido que saben dónde estudia su hijo menor… Aun así, sigue hablando.

En Cuba, el costo de hacer activismo político es alto para cualquiera que se oponga al discurso oficial. Pero cuando esa voz nace desde la fe, la presión adquiere matices particulares.

¿Qué significa vivir bajo represión para algunos cristianos cubanos hoy? ¿Enfrentan desafíos distintos a los de otros activistas?

"Es parte del proceso"

El sufrimiento que ve en su entorno fue lo que impulsó a David, creador de contenido cristiano, a no callar ante la injusticia. El precio ha sido alto: citaciones de la policía política, cortes frecuentes del internet y amenazas directas contra su familia.

Dos de las citaciones fueron formales. Otra se prolongó durante casi una semana.

"Yo no hablo mucho de eso, pero fue la más complicada. Estuvieron interrogándome durante días, usando distintas maneras", cuenta.

También han recurrido a métodos más sutiles.

"Ellos saben que cortar el internet me molesta mucho. Es una forma de silenciarme, de restringirme en redes".

La vigilancia tampoco ha pasado desapercibida.

"Mis niños se han dado cuenta. 'Papá, mira, nos está siguiendo ese hombre'. Yo les digo que es un guardaespaldas. Siempre he bromeado con eso".

Pero las amenazas son más directas de lo que parece.

"Alguien me dijo: 'yo sé que tu hijo menor estudia en tal escuela y algo le puede pasar cruzando la calle'".

A pesar de todo, David lo resume con una frase que refleja resignación y resistencia: "Es parte del proceso. Es el resultado de vivir en dictadura".

Sin embargo, no toda la presión viene del Estado. Para David, el mayor dolor es otro y viene desde adentro.

"Cuando algún hermano te critica de manera despiadada. Ese es quizás el mayor peso de esta lucha".

Las opiniones opuestas dentro de las comunidades de fe sobre cómo debe reaccionar un cristiano ante la crisis que atraviesa el país se han hecho más presentes en los últimos años.

"Las críticas siempre van a venir. Yo intento mirar a Jesús como modelo. Si a Él lo persiguieron hasta la cruz, entiendo que conmigo puede ser igual".

¿Por qué muchos cristianos cubanos no hablan de política?

Para algunos cristianos cubanos, el activismo político contradice el Evangelio. El pastor metodista Carlos Raúl Macías López, emigrado en Brasil, discrepa.

"La idea de que los cristianos no se meten en política no nace de la Biblia, sino de una mezcla de historia, presión ideológica, miedo y mala interpretación teológica".

Según explica, hay varias razones detrás de esa postura:

  • Control estatal sobre la iglesia: Tras la revolución, la religión fue vista con sospecha. Muchos creyentes aprendieron que no involucrarse en política era una forma de sobrevivir.
  • Teología mal interpretada: Frases como "Mi reino no es de este mundo" o "sométase toda persona a las autoridades" se han usado fuera de contexto para limitar la fe al ámbito privado.
  • Cultura del miedo: Opinar podía implicar perder trabajo, estudios o libertad.
  • Espiritualidad escapista: En algunos sectores "salvar almas" implica involucrarse lo menos posible en la realidad social.
  • Conveniencia del poder: Una iglesia silenciosa no representa amenaza.

"Perderlo todo también es parte del costo"

El creador de contenido Iván Daniel Calas, hoy en España, coincide con este análisis.

"Se ha construido una especie de teología cubana que condiciona al creyente a no hablar".

A su juicio, el silencio muchas veces responde a intereses concretos: "Hablar implica perder: trabajo, relaciones, oportunidades de servicio".

Desacreditar y aislar es una estrategia común que practica el Estado contra los líderes religiosos que le incomodan. Y una de las tácticas más efectivas, según Calas, es el ataque a la reputación.

"Se acercan a pastores, líderes y familiares para sembrar desconfianza con mentiras". El objetivo es claro: "Si dañan el testimonio de un cristiano, pueden silenciar su voz".

En su caso, Iván Daniel encontró respaldo en su iglesia. "Fueron un muro de contención frente a los ataques del enemigo. Y cuando digo el enemigo me refiero a satanás y también a la Seguridad del Estado".

En 2023 fue citado y amenazado con procesamiento penal. Cada video que publicaba lo acercaba más a la cárcel o a la imposibilidad de salir del país, tronchando así la reunificación familiar.

No sería el primero ni el último cristiano en ser regulado, imputado, ni en cumplir injusto tiempo de prisión en Cuba por manifestarse o expresar públicamente posturas críticas.

Antecedentes recientes

En enero, en Holguín, las autoridades desmantelaron El4tico desde el que los activistas Kamil Zayas y Ernesto R. Medida realizaban contenidos de denuncia desmontando el guion comunista-revolucionario y recordando con tiza blanca sobre la pizarra verde que Cristo es el Señor, no el PCC. Ambos permanecen detenidos y enfrentan cargos de "propaganda contra el orden constitucional" e "instigación a delinquir".

La joven evangélica Anna Sofía Benítez Silvente, conocida como Anna Bensi, fue sometida a reclusión domiciliaria tras ganar visibilidad en redes sociales por sus críticas al sistema. Su caso ilustra el uso de medidas restrictivas para frenar el alcance de voces jóvenes emergentes dentro del activismo.

El 15 de marzo, el pastor independiente Rolando Pérez Lora fue detenido en Matanzas frente a sus hijos menores de edad luego de grabar y publicar un video en un parque donde leía la carta a los Filipenses y oraba.

Al día siguiente, el pastor Elier Muir Ávila fue arrestado a raíz de las protestas en Morón junto a su hijo de 16 años, Jonathan Muir Burgos, quien continúa en prisión y enfrenta cargos de sabotaje, pese a su edad y su delicada condición de salud.

Estos hechos se suman al del pastor Lorenzo Rosales Fajardo, condenado a siete años de cárcel tras las protestas del 11 de julio de 2021 y actualmente bajo libertad condicional y con un régimen de amenazas, aun después de su excarcelación.

Los casos reflejan un patrón sostenido de criminalización, vigilancia y castigo contra cristianos que ejercen su derecho a la libre expresión, en un contexto en el que las autoridades mantienen un estricto control sobre cualquier manifestación independiente en el espacio público.

La fe ante el dilema del silencio y la denuncia

Para Macías López, la impuesta contradicción entre ser cristiano cubano y participar de la política no es entonces un problema teológico, sino interpretativo.

"El Evangelio no es político en el sentido partidista, pero sí es profundamente transformador en lo social, lo moral y lo público".

En ese contexto, alejar a los cristianos de la vida pública beneficia más a las autoridades impías que a la fe que profesan.

Aunque en Cuba callar puede ser una forma de sobrevivir, para algunos cristianos hablar desde la conciencia se ha convertido en algo más profundo: en otra expresión de la fe.

Y aunque el costo sea alto, cada vez son más los que deciden pagarlo.

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