En medio de la crisis económica y social que atraviesa Cuba, decenas de iglesias han asumido, en silencio y con recursos limitados, funciones que trascienden el ámbito religioso: alimentación, atención médica y asistencia a personas en situación de vulnerabilidad.
Su alcance, sin embargo, sigue condicionado por restricciones legales, vigilancia estatal y limitaciones estructurales.
Una respuesta concreta a la necesidad
Desde hace poco más de un año, la iglesia Maranatha, en Guanabacoa, ofrece desayuno a unos 100 niños cada día, de lunes a viernes. Leche caliente y un pan con lo que haya disponible: mayonesa, mantequilla o alguna pasta.
Niños y adolescentes del reparto D'Beche llegan con sus vasos o recipientes. Para muchas familias, ese desayuno marca la diferencia. Sus hijos ya no irán a la escuela con el estómago vacío.
El proyecto, conocido como "Desayuno Infantil", se sostiene en gran medida gracias al aporte de la propia comunidad de fe, incluidos miembros que han emigrado.
Salud donde no alcanza el sistema
En La Habana y Santiago de Cuba, templos como la Iglesia Bautista Nazareth y la Iglesia Metodista San Juan han funcionado como clínicas improvisadas.
Miles de personas han recibido consultas médicas en especialidades como ortopedia, fisioterapia, oftalmología o neonatología, además de medicamentos cuando es posible.
Según explicó el pastor Darlon Bermúdez en un video desde las carpas de consultas, se prioriza a los más vulnerables: ancianos solos, personas sin hogar y jubilados sin recursos.
"Es muy bello ver al personal de salud sirviendo de esta manera. El Señor nos ha dado dones y talentos, y cuando los ponemos a su servicio, Cristo es glorificado".
Alimentación y acompañamiento
Luis Rodríguez, anciano con discapacidad que vive solo en el Cerro, sobrevive con una pensión de 1.500 pesos en una ciudad donde una bolsa de 1kg de leche en polvo está en torno a los 2.000 pesos.
Cada viernes acude a la iglesia Más que Vencedores, donde recibe alimentos, medicamentos y apoyo básico.
"Luis sabe que en la iglesia tiene una familia", explica el pastor Alexander Laurencio.
Convencido de que la iglesia debe ejercer influencia social, Laurencio destina hasta el 50% de los ingresos de su congregación a proyectos comunitarios.
Durante años sostuvo hasta cinco comedores infantiles; actualmente, la profundidad de la crisis le permite mantener solo tres.
También organizan salidas nocturnas para asistir a personas sin hogar, ancianos, así como a jóvenes golpeados por "el químico".
"Les damos un pan con algo de proteína. Muchos están ahí porque no tienen casa o por las drogas".
Una red que crece, aunque limitada
Iniciativas similares se replican en distintas partes del país.
En Las Tunas, el Ministerio Apostólico Viento Recio se ha propuesto reducir la inseguridad alimentaria en su entorno.
"Nadie más comerá de los basureros", afirmó el pastor Mario "Mayim" Jorge en sus redes sociales.
Además de distribuir alimentos en las calles, han abierto las puertas del templo lunes y miércoles para servir comidas a quien lo necesite.
El impacto invisible
Decenas —posiblemente cientos— de proyectos funcionan de forma discreta en todo el país. En muchos casos, el bajo perfil responde al principio cristiano de no presumir de dar limosnas, pero también a una lógica de supervivencia.
El reconocimiento público puede implicar riesgos. El régimen detesta compartir o poner en duda su papel de proveedor y buen "papá Estado". No toleraría, por ejemplo, que en la palestra pública un hogar de ancianos determinado, apadrinado por una iglesia determinada, exhibiera mejores condiciones y cuidados que los demás.
En muchas ocasiones, las iglesias optan por mantener el anonimato y el silencio para evitar que las autoridades interfieran o limiten del todo su labor.
Límites estructurales
Para la académica y pastora Joanna Columbié, exiliada en Miami, el alcance de la iglesia como actor social ha sido históricamente controlado y restringido por el régimen.
Entre las principales limitaciones, señala:
• Restricciones legales para crear instituciones educativas o sociales
• Limitaciones a la educación teológica y prohibición de la enseñanza cristiana
• Prohibición de medios propios de comunicación
• Obstáculos a proyectos comunitarios
• Vigilancia y presión sobre líderes religiosos
• Control sobre donaciones y cooperación internacional
A esto se suma una estigmatización histórica del cristiano, que ha afectado su participación en la vida pública.
Lo que podría ser
A juicio de Columbié, en un contexto sin estas restricciones, la iglesia podría convertirse en un actor social de alto impacto en Cuba. Su influencia abarcaría la formación de valores, el acompañamiento emocional, la acción social y la promoción de liderazgo ético.
También podría desempeñar un papel en procesos de reconciliación nacional, incluyendo la relación entre la isla y la diáspora.
Una teología en transición
La falta de libertad institucional ha marcado, además, el desarrollo teológico del cristianismo cubano.
"Se ha convertido en una teología de supervivencia", afirma Columbié.
Propone avanzar hacia una teología contextual que responda a la realidad del país: "Una teología de la dignidad humana, que afirme que el ser humano no es instrumento del poder, capaz de hablar con claridad sin perder el amor".
Entre la fe y la acción
Para líderes como Alexander Laurencio, la discusión no es abstracta.
"La fe sin obras está muerta", recuerda, citando al apóstol Santiago.
La tensión entre lo que la iglesia ya hace y lo que podría hacer sigue abierta.
En un país donde la crisis empuja a millones hacia la emigración o la supervivencia diaria, su papel como actor social continúa creciendo, aunque todavía limitado por el contexto político.
En los 90 y en relación con la iniciativa de algunas parroquias católicas, los evangélicos - que también lo hacían- y algunos dirigentes comunistas decían: " las iglesias no son farmacias". Ahora esta iniciativa establece una pregunta: ¿las iglesias son policlínicos? Es decir, en tanto que la libertad es aplazada, provisionalmente dispondremos de policlínicos, comedores, farmacias etc. Estando en Cuba me consultaron por una iniciativa para crear "farmacias populares" en el Periodo Especial, no estuve de acuerdo. La mano peluda de los agentes podía hacer cualquier disparate y comprometer a los medicos y los que dispensaban los medicamentos.
''Para la académica y pastora Joanna Columbié'' 😫😫😫 Sera que no ha leido la Biblia la ''pastora''??
''vuestras mujeres CALLEN en las congregaciones; PORQUE NO LES ES PERMITIDO HABLAR, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación.'' (1 Corintios 14:34-35)