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Sindicalismo

Se acabó el Congreso y nada mejoró para los trabajadores cubanos

Según la prensa oficial, había muchas expectativas en el seno de los trabajadores cubanos por la celebración del XXII Congreso de la CTC.

La Habana
Clausura del XXII Congreso de la CTC.
Clausura del XXII Congreso de la CTC. Cubainformación

En verdad había muchas expectativas en el seno de los trabajadores cubanos en el sentido de que la celebración del XXII Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) iba, mediante sus acuerdos y resoluciones, a destrabar situaciones asfixiantes para la población, además de aliviar las carencias que padece la nación cubana.

Al menos eso es lo que atestiguan las declaraciones formuladas por delegados a ese evento en los días previos a su celebración. Por ejemplo, una delegada del sector educacional de Santiago de Cuba declaró: "A los educadores en específico les preocupa la manera en que hoy no logran tener acceso a su salario en efectivo. Para extraer dinero de la tarjeta magnética la mayoría se ve obligada a dar un porciento del dinero a personas inescrupulosas que se dedican a ese negocio. Realmente hay una pobre exigencia y faltan vías y métodos para que se cumpla la bancarización".

De igual manera, otra delegada de servicios médicos de la provincia de Matanzas aducía el problema que se presentaba en las plataformas de pago, que muchas veces no aceptaban el uso del dinero colocado en las tarjetas magnéticas.

Por otra parte, en la asamblea sindical de la provincia de Las Tunas se habló con fuerza del burocratismo que corroe a las secciones sindicales. Un delegado afirmó: "No más reuniones en las que solo se aplaude lo acordado. Menos informes y más acción directa".  Y más adelante, al referirse a la vida laboral en las entidades pidió que "se hable de cómo le resolveremos el futuro laboral a los jóvenes, con empleo digno y vivienda, o si no veremos que se nos vacían los centros de trabajo".

Los temas de la afiliación sindical y los interruptos también eran de mucho interés para los delegados al evento y los trabajadores en general. En la asamblea sindical de la provincia de La Habana, previa al Congreso, se informó que un total de 231.183 trabajadores habían solicitado su baja de los sindicatos oficialistas, mientras que no trascendieron soluciones efectivas para la gran cantidad de trabajadores interruptos que hay en el país, en particular en el sector del turismo tras el cierre de muchas cadenas hoteleras. Si devengando el salario completo es difícil la sobrevivencia de un trabajador, imaginamos el calvario que debe sufrir un obrero si tiene que mantenerse con solo el 60% del salario.  

Pero, claro, si el XXII Congreso nada significó en la práctica para los trabajadores, otra cosa bien distinta representó para la jerarquía castrista. El evento obrero sirvió para que el mandatario Miguel Díaz-Canel hablara ampliamente sobre las 176 medidas anunciadas para tratar de mantener a flote la tambaleante economía. El heredero de los Castro se cansó de repetir, ante un auditorio obediente y sumamente dócil, que el paquete de medidas no significa una restauración del capitalismo, y que "fortalecerían" el socialismo en la Isla. Sin embargo, se vio obligado a reconocer la tardanza oficialista en acometer dichas medidas.

En el evento también se presentó la versión definitiva del Código del Trabajo, a la cual se llegó tras esa peculiar versión castrista de "democracia participativa", en la que no se dan a conocer a nivel nacional las propuestas que incomoden al poder, sino solamente las que se adapten a los intereses de la clase gobernante.

Por su parte, el general de ejército Raúl Castro no se molestó en asistir a ninguna de las dos sesiones del Congreso. Las presenció desde su inexpugnable búnker por video conferencia. Ya bastante tenían que agradecerle los Díaz-Canel, Osnay Miguel Colina y compañía que el nonagenario general haya autorizado la celebración de este congreso, y no lo pospusiera como hizo con el IX Congreso del Partido Comunista.

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1 comentario

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Profile picture for user Ana J. Faya

Pero, ¿qué se esperaba? Esos congresos son pura pantalla, pero bajo la situación actual de Cuba, movilizar delegados y mantener con corriente ese centro es un abuso de poder. ¿Qué diablos hacían esos cubanos allí? Vergüenza dan en esa foto con las florecitas en las manos.