El carbón es el oro negro del pueblo cubano. De 200 pesos la lata a 800 pesos, su precio no para de subir, obligando a muchos cubanos a recurrir a la leña como combustible para la cocción de los alimentos. La inflación carbonera impulsa su fabricación dentro de la ciudad de Santiago de Cuba, donde los distintivos conos de tierra de los hornos se han ido incorporando al paisaje urbano entre edificios y casas.
La deforestación sufrida por la ciudad, debido al huracán Melissa, es aprovechada por estos nuevos "emprendimientos" urgidos por los apagones y la carencias de gas, electricidad y luz brillante (keroseno), combustibles tradicionales para cocinar en la Cuba de la revolución.
Eduardo es un joven de 25 años que está terminando de armar un horno en el Distrito José Martí, un barrio de edificios multifamiliares al noreste de Santiago de Cuba. Él ha seguido la estela de otros residentes que se han arriesgado a saltarse normas urbanas ante la debacle económica y una inoperancia estatal que reserva los pocos recursos que le quedan para la represión política.
"Hasta ahora por aquí no ha venido nadie, ningún inspector", dice Eduardo señalando los alrededores del área donde construye su horno, al lado de los restos de dos bancos de granito. "Yo no sé nada de regulaciones para hacer hornos ni tumbar matas. No sé cómo van a multarme cuando el Gobierno no es capaz de vender ningún combustible para cocinar. Yo solo estoy aplicando la resistencia creativa que pregona Díaz-Canel", asegura.
Para la confección de su primer horno a Eduardo no le ha hecho falta talar árboles. Cuenta que ha sido suficiente con recoger restos de árboles caídos durante el ciclón Melissa que no fueron recogidos y están bien secos, condición indispensable para hacer un carbón de calidad.
"Yo aprendí a hacer carbón en el monte, en casa de mis abuelos, cuando de niño pasaba las vacaciones allí", cuenta. "Nunca tuve que hacer un horno solo, hasta ahora, que la necesidad me ha obligado y al mismo tiempo puedo vender parte de la producción", asegura.
El saco de carbón promedio contiene cinco latas con un costo total de 4.000 pesos (a 800 pesos la lata), una cantidad que casi duplica el salario mínimo. Eduardo espera producir de ocho a diez sacos, dejando la mitad para el consumo de su hogar. Su producción tendrá la ventaja de no tener que pasar por intermediarios para su venta y tampoco tendrá gastos de transportación.
"Ya tengo clientes, la gente del barrio están reservando sus sacos o se han puesto de acuerdo para comprar un saco entre varios", explica. "El carbón es el único combustible fiable que tenemos hoy en Cuba, con 20 horas de apagón y, sin saber cuándo te la ponen ni cuánto dura, no se puede contar con la electricidad", sentencia.
Una vez terminado el montaje de ramas y el recubrimiento, con el encendido del horno le esperan unos cuatro o cinco días en vela en los que debe cuidar que no se abra una boca. Eduardo ruega para que no llueva, porque el horno se arruinaría completamente.
El carbón, usado en muchos países para barbacoas y otros eventos festivos, es hoy un producto de lujo en Cuba, donde cada vez más la población se ve obligada a cocinar con leña que aún puede encontrar y recoger gratis dentro de los límites de la ciudad.
Avanzando hacia el Pre Paleolítico ...
El saco de carbón que nos traerían los Reyes Magos si nos portábamos mal en nuestra niñez, hoy sería todo un premio.
Avanzando hacia atrás cada vez más.
QUE SE JODAN!! LOS MAS COMUNISTAS Y CHIVATONES DE TODA CUBA LOS SANTIAGUEROS. AHORA JODANSE!!!!
Ahorita inventan el microondas de carbon.
Cuba está avanzando... hacia la Edad Media. Es increible que mientras la delincuencia gangsteril del régimen sigue acumulando divisas, la gente apenas pueda sobrevivir.
Si noticia es en el siglo 21, y entre naciones del hemisferio occidental, que la gente tenga que fabricar carbón para poder cocinar, también lo es ese edificio "multifamiliar" de la foto, cubierto no en pintura sino en moho y humedad. Esa es una de las características de esas edificaciones hechas a la carrera, comoquiera, por la "revolución", allí, en Alamar, en La Timba, San Agustín, etc. La humedad dentro es también la que se respira afuera. Y así mal viven innumerables cubanos.
Como dice Alina Barbara; una “crisis civilizatoria”