El avance de la sífilis y otras infecciones de transmisión sexual (ITS) entre adolescentes, embarazadas y recién nacidos en Cuba ha sido descrito como una "epidemia silenciosa". Lo advierten el Ministerio de Salud Pública de Cuba, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y otros organismos regionales que, pese a sostener que la transmisión maternoinfantil de la sífilis no representa un problema de salud pública, han desplegado programas específicos y movilizado millones de dólares para contener su propagación.
Según la OPS, "11 municipios en cinco provincias con las mayores tasas de sífilis gestacional y congénita serán beneficiados directamente" este año, dentro de un paquete de más de 30,7 millones de dólares destinado al sector sanitario cubano. El organismo no identificó los territorios ni divulgó las tasas que justificaron su selección.
El anuncio contrasta con el reconocimiento reciente de la Organización Mundial de la Salud (OMS) a Cuba por mantener la eliminación de la transmisión maternoinfantil del VIH y de la sífilis. También, con la ausencia de estadísticas nacionales sistemáticas sobre la sífilis gestacional y congénita. Pero más allá de los números de la enfermedad, están quienes la portan.
Daniela tenía 19 años y 31 semanas de embarazo cuando una complicación obstétrica la llevó a un hospital de Matanzas. Fue entonces cuando supo que tenía sífilis. La infección había pasado inadvertida durante gran parte de la gestación y el diagnóstico llegó cuando el embarazo estaba ya muy avanzado. Aunque recibió tratamiento de inmediato, una prueba realizada después del parto resultó reactiva tanto en la madre como en el recién nacido. Pese a ello, los médicos no confirmaron un diagnóstico de sífilis congénita: no pudieron determinar si el bebé había contraído la infección o si el positivo se debía únicamente a anticuerpos maternos transferidos durante la gestación.
El nombre Daniela es ficticio, pero el caso existió. Especialistas de varios centros de salud de Matanzas lo documentaron en un estudio publicado en 2020. La transmisión maternoinfantil de la sífilis, una enfermedad capaz de provocar sordera, problemas visuales y alteraciones neurológicas permanentes en los recién nacidos, dejó de ser considerada un problema de salud pública en Cuba en 2015, cuando la OMS validó su eliminación.
El umbral de un "logro de la revolución" en un país sin condones
La certificación otorgada por la OMS no implica que no existan casos de sífilis congénita en Cuba, sino que la incidencia es inferior a 0,5 casos por cada 1.000 nacidos vivos, lo que, según la natalidad en la Isla, equivale a menos de 36 casos al año.
Sin embargo, los casos de contagio en embarazadas (la sífilis gestacional) y la transmisión al bebé a través de la placenta o del canal de parto (la sífilis congénita) no forman parte de las series estadísticas nacionales disponibles públicamente, lo que dificulta verificar de forma independiente cómo se comporta el riesgo en una población vulnerable.
La ausencia de esos datos contrasta con la atención que las propias autoridades sanitarias continúan dedicando al asunto. En noviembre de 2024, el Ministerio de Salud Pública reunió en Matanzas a especialistas de todas las provincias del país en el Primer Taller Nacional para capacitar a los sanitarios en el manejo de ambos indicadores. Apenas un año y medio después, en mayo de 2026, la OMS volvió a reconocer a Cuba por mantener la eliminación de la transmisión maternoinfantil del VIH y la sífilis.
Ambos hechos apuntan en direcciones distintas. Si la transmisión madre-hijo de la sífilis no es un problema de salud en la Isla, ¿por qué la OPS, el Ministerio de Salud Pública y otros organismos consideran necesario movilizar recursos, lanzar programas específicos y describir la situación actual como una "epidemia"?
La respuesta está en las propias cifras de incidencia de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), que muestran que la sífilis atraviesa uno de sus peores momentos en décadas, en un contexto regional de reemergencia de la enfermedad. En 2023 se notificaron 8.298 casos, la cifra más alta registrada desde 1997, con una tasa de 81 por cada 100.000 habitantes y dos fallecidos. Aunque en 2024 los contagios descendieron ligeramente hasta 7.740, la incidencia se mantuvo en 78,2 por cada 100.000 habitantes, uno de los niveles más elevados de los últimos 25 años; además, ese año se registró una muerte por la enfermedad.
La magnitud del repunte es clara al compararla con el punto más bajo de la serie reciente: en 2010, Cuba registró 1.445 casos y una tasa de 12,9 por 100.000 habitantes, la cifra más baja en tres décadas. Desde entonces, los contagios aumentaron un 474% hasta 2023 y la tasa creció un 528%. El deterioro se aceleró tras la pandemia: entre 2021 y 2022 los casos casi se duplicaron, pasando de 3.793 a 7.428.
La regresión de la enfermedad coincide con años de escasez de preservativos, el único método anticonceptivo que también actúa como barrera frente a las infecciones de transmisión sexual. La encuesta nacional "Autocuidado, inclusión y ejercicio de derechos", realizada por CubaData en 2024, encontró que más de la mitad de los encuestados reportó dificultades para acceder a métodos de prevención de enfermedades de transmisión sexual. Según los resultados, el 55,7% afirmó que nunca o pocas veces logró conseguir anticonceptivos cuando los necesitó, mientras que el 52% reportó la misma situación respecto a los preservativos debido a su baja disponibilidad.
En julio de 2022, en Santiago de Cuba, la doctora Marlene Cobas Agramonte, responsable provincial del Programa de ITS/VIH/Sida, advirtió sobre el aumento de las infecciones de transmisión sexual y señaló el impacto de la falta de preservativos: "La falta de una barrera de protección repercute en la propagación de este tipo de dolencias", dijo. En Sancti Spíritus, la directora provincial de Farmacias y Ópticas, Damaris Zabalo Calero, reconoció en julio de 2023 que los preservativos no entraban a la red de farmacias desde el 17 de marzo de 2022; la provincia necesitaba casi 334.500 unidades mensuales.
En Artemisa, la prensa oficial reportó en mayo de 2023 que hacía más de dos años que no llegaban condones a las farmacias y vinculó esa carencia con el aumento de las ITS en jóvenes. En enero de 2024, Marisol Alfonso de Armas, representante auxiliar del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Cuba, reconoció las dificultades para adquirir preservativos destinados al Ministerio de Salud Pública.
El riesgo maternoinfantil y otras poblaciones vulnerables
En las mujeres, la sífilis pasó de 559 casos en 2010 a 3.816 en 2023 y 3.859 en 2024, según datos de la ONEI. La tasa femenina subió de 10 a 77 por cada 100.000 mujeres entre 2010 y 2024. Es decir, aunque el total nacional bajó ligeramente en el último año, los casos en mujeres siguieron aumentando hasta septuplicarse.
Este dato es clave para el riesgo maternoinfantil. La sífilis en mujeres en edad reproductiva es la antesala de la sífilis gestacional y, si no se detecta y trata a tiempo, puede derivar en sífilis congénita. Además, la presencia de esta enfermedad en recién nacidos refleja tanto la circulación de la infección como la eficacia de los programas de control prenatal.
Por ello, el aumento sostenido de contagios en mujeres ejerce presión sobre el sistema de pesquisa, diagnóstico y tratamiento en un contexto de crisis sanitaria marcado por dificultades para detectar y tratar la enfermedad.
En marzo de 2024, Elvira Madrid Romero, fundadora de la organización mexicana Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer "Elisa Martínez", reveló que 35 mujeres cubanas dieron positivo a la sífilis durante los controles realizados a personas vinculadas al trabajo sexual en Tapachula, en la frontera entre México y Guatemala.
"Lo más preocupante es que muchas de estas cubanas ya sabían que tenían la enfermedad" antes de salir de la Isla, "pero no pudieron recibir el tratamiento porque en Cuba no tenían las medicinas", declaró entonces Madrid Romero.
La denuncia coincidió con un período de severas carencias en el sistema farmacéutico nacional, con faltantes de hasta el 40% del cuadro básico de medicamentos, según BioCubaFarma. Aunque la empresa no especificó el impacto en los tratamientos de las infecciones de transmisión sexual, el testimonio de pacientes diagnosticadas fuera del país plantea interrogantes sobre la capacidad del sistema para garantizar el acceso oportuno a terapias esenciales.
A esas dificultades se suma la pérdida acelerada de personal sanitario. Entre 2021 y 2024, Cuba perdió más de 77.000 trabajadores del sector, según datos oficiales de la ONEI. La reducción afectó a médicos, enfermeros, técnicos y otros profesionales responsables de sostener la atención primaria, los servicios de laboratorio y los programas de vigilancia epidemiológica.
Las señales de alerta también aparecen en grupos especialmente vulnerables. Una investigación realizada entre 2022 y 2023 por la ONEI, el Ministerio de Salud Pública y el Fondo Mundial encontró una prevalencia de sífilis del 20,4% entre mujeres trans residentes en La Habana, con una tasa de sífilis activa del 16,2%. Entre hombres que tienen sexo con hombres estudiados en la capital, Cienfuegos y Bayamo, la sífilis activa osciló entre el 2% y el 3,4%.
Los investigadores consideraron estos resultados evidencia de la circulación persistente de la enfermedad en grupos de mayor riesgo. A ello se suman dificultades para la detección temprana: un estudio publicado en 2024 en la Revista Cubana de Higiene y Epidemiología halló que solo el 46,3% de los pacientes con lesiones compatibles con sífilis acudió a consulta durante las tres primeras semanas de evolución. Los autores concluyeron que la enfermedad constituye un problema de salud en Cuba y recomendaron reforzar las estrategias nacionales de prevención y control.
Una preocupación que se mide en recursos
La magnitud de la preocupación también puede medirse en términos de recursos. Entre las prioridades para el uso de los más de 30,7 millones de dólares que la OPS movilizó este junio de 2026 para sostener la respuesta del sector sanitario cubano a la crisis energética, el deterioro de los servicios y el riesgo de brotes epidémicos, figura precisamente "abordar la epidemia silenciosa de la sífilis y las infecciones de transmisión sexual en adolescentes, mujeres embarazadas y recién nacidos".
La iniciativa forma parte de un paquete de cooperación internacional que involucra a la OPS, el UNFPA, UNICEF y el PNUD. El programa está dirigido a una población estimada de dos millones de personas y prioriza a las mujeres en edad reproductiva, a los adolescentes en situación de vulnerabilidad y a los neonatos.
La respuesta incluye el fortalecimiento de la vigilancia epidemiológica, la distribución de insumos médicos y el apoyo a los laboratorios. Solo el UNFPA reportó la distribución de más de 20.000 preservativos, además de kits especializados para la atención reproductiva y obstétrica.
La movilización de estos recursos revela una realidad difícil de conciliar con la imagen de una enfermedad bajo control. Once años después de que Cuba fuera certificada como el primer país del mundo en eliminar la transmisión maternoinfantil del VIH y la sífilis, organismos internacionales continúan destinando millones de dólares a programas específicos para contener su avance.
Las estadísticas explican por qué, mientras la sífilis congénita permanece oficialmente por debajo del umbral exigido por la OMS, los contagios en mujeres se han multiplicado desde 2010. La paradoja es evidente: mientras Cuba continúa siendo presentada internacionalmente como un referente en la eliminación de la transmisión maternoinfantil de la sífilis, los datos necesarios para evaluar de manera independiente la sostenibilidad de ese logro permanecen fuera del escrutinio público.
En un contexto de aumento sostenido de la enfermedad, especialmente entre las mujeres, la ausencia de información resulta reveladora y constituye en sí misma una señal de alerta para la salud en Cuba.