El gobernante Miguel Díaz-Canel y el representante permanente de Cuba ante la ONU, Ernesto Soberón, han acusado a Estados Unidos en los últimos días de construir una narrativa dirigida a justificar acciones para un cambio de régimen en la Isla, incluida una eventual intervención militar.
En entrevistas concedidas a elDiario.es y a la cadena panárabe Al Mayadeen, ambos funcionarios insistieron en que la Administración de Donald Trump busca un pretexto político y mediático para actuar contra La Habana, mientras responsabilizaron a las sanciones y al bloqueo energético parcial de la profunda crisis que atraviesa el país.
Los tres escenarios que ve Díaz-Canel
Díaz-Canel dijo que EEUU trabaja sobre tres posibles escenarios para lograr sus objetivos en Cuba.
El primero sería provocar un estallido social mediante la asfixia económica. Según el gobernante, Washington pretende agravar las carencias energéticas, alimentarias y financieras para generar una ruptura interna que posteriormente sirva de justificación para una intervención bajo argumentos humanitarios.
"Está apostando por la asfixia para que haya una ruptura en el seno de la sociedad cubana, para que haya un estallido social y un pretexto para intervenir", sostuvo.
Un segundo escenario, según describió, consistiría en mantener un diálogo bajo presión para obtener un control progresivo de la economía cubana y propiciar posteriormente un cambio del sistema político.
Díaz-Canel aseguró que la aspiración estadounidense sería "apoderarse de la economía cubana" para terminar ocupando el país desde el punto de vista económico.
El tercer escenario sería una acción militar directa.
Aunque insistió en que su Gobierno apuesta por el diálogo, afirmó que también se prepara para todos esos supuestos mediante la doctrina de la llamada "Guerra de todo el pueblo", presentada durante décadas por el régimen como estrategia defensiva ante una eventual invasión.
El gobernante dijo que una operación militar tendría un elevado costo humano tanto para los cubanos como para cualquier fuerza invasora, aunque evitó mencionar que la población, agotada por años de crisis, prefiere cambios y no está dispuesta a ir a ninguna guerra por un régimen que lo único que hace es pedir sacrificios y resistencia para mantenerse en el poder.
La imputación a Raúl Castro y las sanciones
Las declaraciones de Díaz-Canel coinciden con las de otros altos funcionarios cubanos tras la imputación presentada en EEUU contra Raúl Castro por el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996 y las sanciones anunciadas recientemente contra miembros de la cúpula gobernante.
Desde Washington, la encargada de negocios cubana en EEUU, Lianys Torres Rivera, afirmó a la agencia Associated Press que esas medidas buscan presentar a Cuba como una amenaza para facilitar el respaldo de la opinión pública estadounidense a una eventual intervención.
La diplomática calificó la situación como una "guerra sin bombas" y aseguró que La Habana respondería a cualquier agresión.
Soberón: "Construyen una realidad diferente"
En declaraciones a Al Mayadeen, Ernesto Soberón desarrolló la misma línea argumental, aunque centró su discurso en lo que describió como una operación política y comunicacional para modificar la percepción internacional sobre Cuba.
Según el diplomático, Washington intenta construir "una realidad diferente" mediante acusaciones que presenten al régimen de la Isla como una amenaza para la seguridad nacional estadounidense.
Soberón cuestionó que un país de poco más de diez millones de habitantes pueda representar un peligro para la principal potencia militar del mundo y sostuvo que las recientes acusaciones contra Raúl Castro y Díaz-Canel forman parte de una estrategia destinada a justificar nuevas medidas de presión.
A su juicio, existe un patrón que combina sanciones económicas, campañas mediáticas y acusaciones políticas con el objetivo de debilitar la imagen internacional del régimen y generar divisiones entre el Gobierno y la población.
También denunció que las declaraciones de altos funcionarios estadounidenses sobre la posibilidad de "apoderarse de Cuba" o sobre eventuales acciones militares alimentan un clima de confrontación incompatible con los contactos diplomáticos que ambas partes mantienen.
Crisis interna y discurso de resistencia
Tanto Díaz-Canel como Soberón atribuyeron la crisis energética, económica y social que vive la Isla al endurecimiento de las sanciones estadounidenses.
El gobernante enumeró los problemas de abastecimiento, los apagones, las dificultades en el sistema sanitario, la caída del turismo y las limitaciones para importar combustible y alimentos, mientras defendió los programas oficiales para ampliar la generación solar y aumentar la producción nacional de petróleo.
Soberón defendió que el régimen trabaja para preservar el sistema político instaurado tras 1959 y construir una alternativa propia frente a las presiones de Washington, reivindicando los "logros de la revolución" como parte de la legitimidad del modelo cubano.
El diplomático habló de una "guerra económica con impacto humanitario severo" y citó cifras oficiales sobre pacientes pendientes de cirugías, dificultades hospitalarias y restricciones energéticas que no son nuevas, se trata de una situación que viene empeorando desde hace años, sobre todo tras la pandemia de Covid-19.
Pese a ello, ambos insistieron en que el régimen conserva respaldo popular suficiente para resistir las presiones externas.
Mientras Díaz-Canel apeló a la resistencia histórica de los cubanos y a la defensa de la revolución, Soberón presentó las movilizaciones organizadas por el régimen en fechas recientes como evidencia de que la población está dispuesta a respaldar al Gobierno frente a cualquier escenario de confrontación con Washington.
Al mismo tiempo, los dos funcionarios reiteraron que La Habana mantiene su disposición al diálogo con EEUU, aunque descartaron cualquier negociación que implique cambios en el sistema político cubano o condicionamientos sobre la soberanía nacional, es decir, cualquier escenario que implique pérdida del poder por parte del castrismo.
Pues ya pueden ir recogiendo los bates si ya sabe de què va la jugada. El régimen no puede garantizar nada a la población desde hace 67 años y los excluyo a ellos porque no sufren carencias de ningún tipo. Lo de la „Guerra de todo el pueblo“ es un cuento chino que se lo pueden contar a los indios yanomamis, pero no a los cubanos que están agotados y hartos de tanta „continuidad“ de miseria y hambre. Los únicos muertos los pondrá la claque de GAESA si es que de verdad se quien inmolar, porque la superioridad militar norteamericana es incuestionable. Buena suerte!