Back to top
Política

'El miedo en Cuba ya no es a que vengan los americanos, el miedo es a que no vengan'

Lo que durante décadas el régimen logró presentar como una amenaza, hoy es visto cada día por más cubanos como una posible salida al colapso nacional.

Santiago de Cuba
Venta ambulante de mangos en Santiago de Cuba.
Venta ambulante de mangos en Santiago de Cuba. Diario de Cuba

Comer o no comer es el drama diario de los cubanos, entre quienes hoy crece el convencimiento de que el fin de su calvario llegará con una intervención de Estados Unidos. La conclusión es desgarradora, pero revela el sentimiento de indefensión de una población sometida al avasallamiento y la represión constantes por parte del castrismo.

El hambre azota a un pueblo despojado de derechos y sin nadie a quien reclamar. El Gobierno culpa de todos los males al "imperialismo", pero la ciudadanía ya no tiene dudas a la hora de señalar la incompetencia de un sistema cuyo mayor "logro" ha sido la ruina total del país.

"En 67 años de Revolución he pasado más hambre que en los 14 que viví en el capitalismo, cuando nunca me acosté sin comer", dice Luisa, de 81 años, residente en el reparto Sueño, de Santiago de Cuba. "En plena cosecha de mango, un mango bizcochuelo cuesta 40 pesos, lo mismo que un pan. Eso te dice cómo andan los precios de la comida aquí y por qué hay tanta hambre", añade.

"Antes había un refrán que decía que en tiempo de mangos no había hambre. Mira la cantidad de vendedores que hay y qué pocas personas les pueden comprar. Recuerdo que cuando era niña, en casa de mis abuelos, en El Caney, nos sentábamos en el patio y nos comíamos un cubo de mangos. Con el hambre general que hay ahora, no sé con quién cuentan para una guerra. Esto tiene que acabarse ya. Da igual que se vaya el Gobierno o que vengan los americanos, pero necesitamos un cambio de sistema", considera Luisa.

La amenaza de una posible intervención de Estados Unidos, utilizada durante años por los gobernantes cubanos para atemorizar a la población, produce hoy el efecto contrario. De tanto invocarla, el régimen ha conseguido que los cubanos le pierdan el miedo y, más bien, vean en ella la única esperanza plausible de salir del castrismo.

"A mí me gustó lo que hicieron en Venezuela: la población no sufrió, el ataque fue contra el Ejército; aquí podría ser igual", dice Eduardo, quien vende mangos que transporta en una carretilla. "Los cubanos de a pie no tenemos nada que perder con una intervención de los americanos porque no tenemos nada. Estamos en cero. Nada cuesta probar su sistema, que seguro es mejor que este", agrega.

Los llamados gubernamentales al patriotismo revolucionario, la retórica de la inmolación masiva y las advertencias sobre baños de sangre en caso de un ataque de Estados Unidos no hacen ya mella en una población saturada, cansada de la propaganda.

"El miedo ya no es a que vengan los americanos; el miedo es a que no vengan", dice un cuentapropista en el callejón del Carmen. "Aquí estamos viviendo como en la comunidad primitiva. La gente está demasiado flaca y los niños, desnutridos; en Cuba el hambre es ya un problema crónico. Y el Gobierno no predica con el ejemplo: ellos tienen todo lo que nos falta. (El primer ministro Manuel) Marrero no ha bajado ni un kilo de peso. ¿Cómo puedes creer en quienes piden al pueblo un sacrificio que ellos mismos no hacen? ¿Con qué moral hablan de un baño de sangre popular? Sería mejor que hablaran de un baño de sangre gubernamental, porque deberían ponerse al frente", cuestiona.

Sentado en un parque mientras espera para cobrar su jubilación, Roberto, de 67 años, reflexiona sobre la encrucijada en la que se encuentra Cuba.

"No quiero una intervención; eso siempre trae pérdidas de vidas. Pero sí es necesario un cambio para alcanzar una verdadera democracia. Es imposible lograr desarrollo con un solo partido; todos deben ser escuchados y representados", opina. "Hay que lograr los cambios por la vía pacífica, aunque reconozco que este Gobierno solo se mueve bajo presión", sentencia.

El rechazo a una intervención, presentado como mayoritario por los medios estatales, que censuran cualquier opinión contraria al discurso oficial, es cuestionado por la mayoría de las personas consultadas para esta nota.

"Aquí la gente quiere que venga Trump; es de lo que se habla todo el tiempo", dice un vendedor ambulante de mangos. "El Gobierno sabe que perdería si hiciera una encuesta anónima. A los cubanos siempre nos gustaron más los americanos que los rusos. Digo más: si hicieran un referendo para convertir a Cuba en el estado 51, obtendríamos más votos que en Puerto Rico. ¿Sabes por qué? Porque el socialismo nos ha empujado a amar el capitalismo", sentencia.

Necesitamos tu ayuda: apoya a DIARIO DE CUBA

Más información

Sin comentarios

Necesita crear una cuenta de usuario o iniciar sesión para comentar.