El pasado 20 de mayo fue el día de nuestra independencia. El secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, hijo de cubanos y próximo a la comunidad cubanoamericana de la Florida, dirigió un mensaje en español a la nación de sus padres. En él repasó la miseria de nuestra condición presente, la responsabilidad de la corrupción del Grupo de Administración de Empresas S.A. (GAESA) del Ejército en ello, y las halagüeñas posibilidades que se nos abrirían sin el imperio de los comunistas agrupados en torno a la familia Castro.
Para los activistas favorables a la democracia, defensores de derechos humanos y periodistas, el mensaje resume lo que nuestro desempeño común ha venido "redactando" en las prisiones, en las calles, y en nuestros ordenadores, por décadas. Es, por tanto, un reconocimiento a seis décadas y media de resistencia, y al capital inenarrable de lucidez salida desde el dolor y el sufrimiento.
Para revisar el mensaje del secretario de Estado de EEUU, la revista Temas, especializada en las ciencias sociales y con una considerable trayectoria dentro de la estructura cultural del castrismo, ha convocado a autores nacionales y foráneos. No es nada que no haya hecho antes, pero la naturaleza de los artículos incita a analizar el compromiso de los remanentes de la otrora sociedad intelectual castrista.
Enumero a estos intelectuales siguiendo el orden en el que aparecen en la plataforma de Temas. Hablamos de Hal Klepak, académico canadiense con algunos libros escritos sobre Cuba, cuyos títulos me desmotivan de conocer su enjundia: Raúl Castro: estratega de la defensa revolucionaria de Cuba y Militares cubanos 1990-2005: soldados revolucionarios en tiempos contrarrevolucionarios. Hablamos de Fernando Ravsberg, periodista uruguayo que vivió en Cuba por muchos años hasta que el castrismo, incómodo con sus intervenciones y artículos, lo expulsó del país. Tengo entendido, sin embargo, que por estos días reside nuevamente en Cuba. Ravsberg sí es un viejo conocido, su trabajo resulta un poco impredecible; aunque apegado a las ideologías de izquierda, y a sus inspiradores periféricos —sobre todo la Rusia de Putin—, puede también sorprender con críticas aceradas por su desempeño. Para que me entiendan mis lectores, Ravsberg viene a ser algo así como un Maykel González Vivero uruguayo.
Además, Frank Josué Solar Cabrales, profesor de historia de la Universidad de Oriente con el mérito de tener una página en EcuRed. Leo que también ha publicado dos libros cuyos títulos, por su extensión, me obligan a dedicarle más espacio del que merece en este escrito: Entre la carta y el asalto (Editorial Imagen Contemporánea, 2021) y Directorio Revolucionario y Movimiento 26 de Julio. Los laberintos de la unidad en la Cuba insurrecta 1956-1959 (Ediciones Unión, 2023).
Aparece también Arturo López-Levy, un académico cubano que vive y enseña en distintas universidades estadounidenses. En López-Levy es apreciable el manejo del palíndromo, pues tiene el mérito de que, leído al derecho o al revés, siempre será igual de conveniente el mensaje para que lo publiquen aquellos medios tolerados sin ser oficiales. Donde esté López-Levy se ignorará a los mártires de la democracia, a los presos políticos y a los perseguidos de cualquier signo. Su dominio de la abstracción es tan grande, que ni el ser humano sufriente cabe en ella como otra cosa que no sea una referencia sinuosa.
Carlos Alzugaray, otro de los convocados por Temas que puede presumir de tener una página en EcuRed, es un diplomático e intelectual cubano.
Fabio Fernández Batista, profesor de historia de la Universidad de La Habana, es un intelectual en despegue que goza posando de atrevido a la par que aprovecha el carisma natural que se deriva de tener algo de talento en una sociedad cultural, la castrista, que carece de él. De no terminar el castrismo, no alcanzo a ver a Fabio en Cuba en unos años, sino más bien de intelectual exiliado, solo que desconozco si escribiendo para La Joven Cuba desde CLACSO o para Hypermedia desde una universidad estadounidense.
Llama la atención de estas colaboraciones sobre la alocución de Marco Rubio que los intelectuales convocados —a excepción de Solar Cabrales, que será analizado al final de este escrito— no hacen ningún esfuerzo por ignorar las referencias al Grupo de Administración de Empresas S.A. (GAESA), de los militares castristas, responsabilizado por el secretario de Estado como causante de nuestra miseria.
GAESA ha sido esencial para el beneficio de los militares cubanos, que han llegado a amasar, según han comentado numerosos analistas cubanos y afirma Marco Rubio en su discurso, 19.000 millones de dólares: por ello se sacrificó lo que quedaba del capital político castrista, se empujó a la nación de la miseria a la indigencia y, a partir del 11 de julio del 2021, se consagró la violencia como método de gestión de los asuntos nacionales.
Klepak, Fernández y Alzugaray reclaman de la entidad mayor o alguna transparencia, pero son Ravsberg y López-Levy los que, a partir del discurso de Rubio, denuncian sin rodeos la falta de control estatal sobre GAESA, su nula rendición de cuentas y su poco verosímil utilidad pública.
Para Ravsberg, que parece dispuesto en estos momentos turbulentos a recuperar el fogaje previo a su expulsión de Cuba, "elegir a GAESA como enemigo principal es un golpe brillante, ya no hay que enfrentarse a la Revolución ni al Gobierno, sino a un misterioso grupo empresarial 'un Estado dentro de otro Estado' que esconde su dinero mientras el pueblo pasa necesidades. Dijo Rubio que tienen 18.000 millones de dólares y podría haber dicho 100.000 millones y sería igual de creíble, porque de GAESA nadie sabe nada y no hay donde acudir para obtener información. El pueblo cubano ni siquiera sabe bien por qué hay tantas empresas en manos de las FAR, ni qué se hace con el dinero recaudado".
No menos sorprendente es López Levy al afirmar: "Criticas contemporáneas al sistema cubano aparte, muy legítimas, por cierto; resulta históricamente insostenible negar que la Revolución de 1959 constituyó un proceso de movilización social masiva con elevados niveles de legitimad durante décadas. Reducir toda la experiencia revolucionaria cubana a una simple estructura criminal o mafiosa permite justificar discursivamente una política de 'refundación' nacional promovida desde el exterior. A la luz de la experiencia del secuestro de Nicolás Maduro en Caracas, no es difícil percibir analogías en el trato a GAESA con el previamente dado al supuesto Cartel de los Soles. Aquí hay entonces, críticas legítimas, pero muy envueltas en humo contrarrevolucionario".
Encontrar en el discurso de Marco Rubio críticas "muy legítimas", y que todo en lo que estén envueltas sea en "humo contrarrevolucionario", sería impensable que saliera en ninguna publicación amparada por el funcionariado castrista. En otros tiempos, semejante tratamiento al discurso del secretario de Estado habría merecido la calificación de traidor.
Sobre la interpretación de López-Levy, acerca de que Marco Rubio pretende "reducir toda la experiencia revolucionaria cubana a una simple estructura criminal o mafiosa", resulta inexacta, toda vez que el secretario de Estado claramente marca como tal al presente del castrismo, y en ningún momento pretende realizar la identificación intelectual que le imputa López-Levy. El marco temporal del castrismo como grupo criminal lo define claramente Marco Rubio al afirmar: "Hoy Cuba no está controlada por ninguna Revolución, Cuba está controlada por GAESA".
Fabio Fernández Batista emula a sus colegas y analiza las razones por las que el secretario de Estado encuentra un auditorio entusiasta dentro de Cuba. Quizás es en este aspecto la idea más clara que escribe: "Rubio ha repetido el viejo mantra imperial, pero ahora tiene gente —más de la cuenta— que lo escucha desde las calles cubanas". Las razones que enumera son la falta de transparencia de GAESA, el abandono presupuestario del gasto social en favor de la construcción de hoteles y el turismo, las desastrosas políticas económicas, el aumento de la miseria, la represión castrista, la corrupción de los dirigentes y sus medidas contra la libertad de expresión y prensa.
Me atrevo a no citar el párrafo porque es difícil de entender entre tantas murumacas retóricas. Les evito de esa manera la lectura de oraciones como esta: "A modo de esbozo, pueden identificarse algunas cuestiones de la realidad interna que aúpan la modelación de la narrativa desde la cual se trabaja en la conciencia de los cubanos para blanquear el accionar estadounidense".
En su favor hay que decir que sabe que no es extranjero, como Ravsberg, ni académico en EEUU, como López-Levy; pero ese culto al autocuidado debería llevarlo a ser más respetuoso de los que, sabiéndolo también, no tienen sus precauciones para ser más claros y frontales.
Los discursos analizados resultan incómodos y, si han aparecido en una publicación como Temas, se debe a que el castrismo tiene la guardia baja en estos días con la andanada desesperante que está recibiendo, y a que la propia revista Temas merece en el presente, entre tantas publicaciones de excelencia llevadas adelante por la sociedad-nación cubana, mucha menos cautela de los guardianes ideológicos comunistas.
Con claridad, Carlos Alzugaray viene a ser un sumario de las opiniones expuestas por sus colegas. Abarca más áreas de análisis, incluye en la debilidad castrista actual la pérdida de sus apoyos regionales y el abandono de los amagos reformistas de Raúl Castro —que tilda de "fracaso mayor"—, prometidos en los Lineamientos, un documento que por décadas ocupó titulares y mereció un grupo de implementación que pasó al olvido sin penas ni glorias.
Del "mensaje" de Rubio reconoce que "toca dos temas sumamente candentes de la realidad cubana, en el marco general de que el Gobierno cubano no ha sido capaz de producir cambios necesarios para que la economía funcione eficazmente y ofrezca condiciones mínimas de bienestar. Estos dos temas son la opacidad del sistema y los déficits democráticos del mismo".
A sus casi 83 años, Alzugaray es el barómetro de la condición desesperada del castrismo que ya no puede apelar siquiera a sus leales de siempre. Su escrito exuda el resentimiento de intelectuales que han aspirado por décadas a tener una relevancia mayor en el aparato funcional del castrismo y lo que han visto es que, pasados sus años mozos con la escasa atención de Fidel Castro, fueron sacrificados durante su lealtad madura por el recelo de Raúl, para quien cada razonamiento intelectual es la constatación de su escasa materia cognitiva.
Expresa también el derrumbamiento del poco aprecio intelectual por el castrismo, que, bajo el fuego lento pero constante de la Administración estadounidense, despega los últimos lazos de fidelidad y servidumbre que el contrato social castrista podía sostener.
No he hecho referencia a Fran Josué Soler Cabrales, que es el único de los convocados que evade olímpicamente mencionar el discurso del 20 de mayo. Su teque homenajea las monsergas que otrora coreaban los intelectuales convocados en situaciones similares. Su característica más encomiable puede tomarse de la ingeniería automotriz: es un texto "todoterreno", lo mismo puede servir de canción para Annie Garcés, que leerlo Silvio Rodríguez en el acto de otorgamiento del AKM que solicitó para enfrentar a los estadounidenses con los boletos de su gira por España comprados.
A excepción de Soler Cabrales y el autor canadiense, los autores convocados por la revista Temas para comentar el discurso de Marco Rubio manifiestan un hartazgo notable por la falta de medidas dirigidas a revertir el cuadro de miseria y violencia desplegado por el castrismo, así como la corrupción y el secuestro funcional de los militares agrupados por GAESA.
Parecen más atentos por el papel que prevén realizar tras el fin del castrismo que a defender lo que queda de su imperio. Al dossier armado por la revista Temas le vendría bien aquel refrán: "Con semejantes amigos, quién necesita enemigos".
En resumen, ninguno de los mencionados aporta nada.
¿Qué se iba a esperar de Temas y de su director? No otra cosa que ningunear lo dicho por Rubio, a partir de artículos de académicos que llevan años sirviendo los intereses del régimen cubano trabajando o cooperando con la Inteligencia del MININT, como el canadiense Klepak, quien hizo todo lo que pudo por cerrar y/o cambiar el Programa sobre Cuba donde yo trabajaba porque se criticaba y denunciaba al régimen. Solo han hecho alguna que otra crítica por aquí o por allá de lo que es más que obvio, pero sin entrar en honduras, como los intríngulis de GAESA, el muy horadado "bloqueo" de EEUU que les permite a los cubanos que reciben remesas desde USA principalmente comprar pollos o huevos, mucho menos de las decenas de cubanos presos, y la represión constante contra la oposición.
En su evolución por sobrevivir como poder encima de todo y mantener la „continuidad“, el castrismo creó GAESA para retener el control total y absoluto de la economía y los recursos del país y concentrarlo en manos de una mafia de a,iguetes, familias y parentela afines con el sistema. Eso ya existe en Rusia, Bielorrusia y Corea del Norte se gobiernan a través del mismo procedimiento . No entiendo las dudas de Lopez Levy sobre la existencia de este ente del poder cuando él mismo cultiva sus relaciones con él.
No solo cultiva, López-Calleja Levy es pariente cercano del fundador de GAESA Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, y ha estado sembrado desde hace años en USA..